Después del primer año queda claro que el gobierno de Bolsonaro tiene muy poca capacidad de aprobar sus políticas en el congreso. La aprobación del gobierno se ha reducido a casi 30 %, y lo más probable es que, en los próximos años, las preocupaciones económicas y electorales sigan en el primer plano y la educación siga más o menos como está hasta el momento: sin rumbo.