¿Democracia o autoritarismo? Historia de dos países

Cuando en 2004 y 2006 visité Singapur en mi primera ronda de estudio sobre escuelas y sistemas educativos en 19 países, me sorprendió que mis entrevistados —expertos académicos— me pidieran contestar mis preguntas off the record, es decir, de manera anónima. En esas fechas Singapur todavía no participaba en PISA de la OCDE, pero decidí incluir a esa pequeña ciudad-país en mi análisis comparado porque, habiendo estado ahí a principios de los noventa, mi percepción era que si algún día Singapur participara en PISA estaría en la cima. Singapur ingresó a PISA en 2009 y desde entonces ha estado en la cúspide, inclusive dejando atrás a otros tigres asiáticos como Hong Kong, Japón, Corea del Sur y Taiwán.

La razón por la cual mis entrevistados querían un intercambio anónimo o extraoficial era su cautela frente al rígido control del gobierno de Singapur para conservar su estabilidad y preeminencia política. Mis entrevistados me comentaron que su sistema político se parecía al del PRI de México. En fin, como lo documenté en mi libro ¿Cómo es la mejor educación en el mundo?, mi visita a este exitoso país me dejó la “sensación de que se vive ‘atrapado’ dentro de una caja de cristal muy fina”. Ahora traigo a Singapur a colación porque, sin ser un país con una auténtica o completa democracia, ha logrado un impresionante desarrollo económico y humano; en el índice de democracias en el mundo está muy lejos de los países con democracia completa, pero significativamente mejor que México.

Ahora que México acaba de dar un gigantesco brinco hacia atrás al cuajar dos autocracias en seis días, a saber, la sobrerrepresentación en las curules de las Cámaras y la imposición de una reforma inconstitucional que aniquila el equilibrio de Poderes, vale la pena considerar si el rumbo de la cuarta transformación nos llevará por el camino tan deseado de un mundo feliz, más educado y con riqueza e igualdad para todos, o de plano, nos acercará al precipicio de una catástrofe.

Ilustración: Víctor Solís

Democracias y mercados

Veamos. La democracia es a la política como el mercado a la economía: sólo funcionan en condiciones de información (suficientemente) perfecta . Si los consumidores políticos o económicos son engañados con propaganda tramposa, dádivas, envolturas demagógicas y pan y circo, ni la democracia ni el mercado funcionan. Además, en la democracia se requiere que los consumidores tengan la capacidad de leer tras bambalinas, es decir, que tengan pensamiento crítico, porque los gobiernos, siempre monopólicos —y con una fuerza presupuestaria ilimitada en la asignación de recursos— pueden fácilmente engañar al votante sin pensamiento crítico. Los políticos de México y el mundo son expertos tergiversadores, pero mayor es su influencia si su público cautivo tiene menor capacidad de análisis profundo, es decir, menor calidad educativa.

En esas condiciones, pregonar la existencia de democracia cuando los gobernantes usan la fuerza monopólica del Estado a través de recursos económicos o de comunicación para manipular la voluntad de un consumidor cautivo, es falso. Pero, en fin, así son las cosas y “aquí nos tocó vivir”.

Ahora, ¿es necesaria la democracia para el desarrollo económico de un país? No. China y Singapur son ejemplos de economías crecientes con gobiernos autoritarios. Ambos han gozado por décadas de un fuerte crecimiento económico. A principios de los sesenta, la economía de China (medida por el Ingreso Nacional Bruto per cápita) era cinco veces más pequeña que la de México; hoy los chinos están un 30 % por encima de los mexicanos. En las mismas fechas la economía de Singapur era apenas 40 % superior a la de México; hoy los singapurenses son casi siete veces más ricos que los mexicanos. Ante este impresionante crecimiento económico, los singapurenses quizá no estén tan preocupados por un prurito democrático.

Singapur es una de las economías más abiertas del mundo, por tanto, sus mercados son estables. México no está ubicado entre las economías más abiertas del mundo, pero ha logrado una relativa estabilidad de sus mercados, quizá gracias al TMEC, a las crecientes remesas internacionales y al distanciamiento en las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China que lo colocan, relativamente, como un mercado atractivo de inversión para el nearshoring, es decir, cerca de sus mercados.

Entonces, si ni México, ni Singapur son democráticos, ¿por qué han mostrado estabilidad? Claro, que la estabilidad de Singapur ha sido mucho mayor y ha durado más tiempo. Pero, bueno, por lo pronto, amable lector, sígame en la línea del argumento.

Una respuesta es que a los mercados en realidad no les importa la democracia sino la certidumbre, el Estado de derecho, un Poder Judicial independiente del gobierno, y cosas así. México estaba ganando una reputación estable, primero con el Tratado de Libre Comercio y el acceso a la OCDE en 1994; luego con la alternancia democrática en el año 2000, y un Poder Judicial independiente, aunque bajo una fuerte percepción de corrupción de todo el Estado. Pero las cosas estaban mejorando poco a poco.

Pero las cosas también cambiaron de manera radical en los últimos meses y, sobre todo, en los últimos quince días. Entonces, si los mercados, como la bolsa de valores y el tipo de cambio, son muy nerviosos y conservadores y se escandalizan cuando las cosas no andan bien, ¿por qué no se han puesto tan nerviosos o entrado en pánico ante los recientes cambios políticos y legislativos en México?

Una hipótesis de este comportamiento es que los mercados están esperando una señal definitiva del nuevo gobierno de Sheinbaum. Por ende, el mercado no está angustiado porque prevé que Sheinbaum será cuidadosa al tomar decisiones; dejará de ser política y se erigirá como gobernante responsable, aun sin democracia. Si los mercados se equivocan en esta percepción las cosas cambiarán radicalmente. Pero antes, un poco más de historia sobre la situación sui generis de Singapur.

El ingrediente esencial de Singapur: la educación

Como vimos, Singapur sin democracia ha demostrado un impresionante crecimiento económico y social. ¿Podrá México, ahora sí, con la cuarta transformación, lograr un país libre del neoliberalismo (lo cual es una aberrante contradicción), rico y con desarrollo social, como lo es Singapur?

Bueno, México no es Singapur. Singapur es un lunar en el sudeste asiático. Hace más de treinta años, cuando Singapur empezaba a figurar como una potencia comercial mundial, lo visité por primera vez. Ahí me reuní con el director general adjunto del consejo nacional de productividad de aquel entonces. El funcionario me dijo que Singapur, sin tener recursos naturales y con una altísima densidad poblacional, sólo tenía un camino para salir adelante: la educación, de todos, para todo. Así, como parte de su proyecto educativo y de gobierno, los singapurenses se han preocupado desde su inicio, en 1964 como nación independiente, por formar a las personas y cultivar a las más educadas para el servicio público.

Por su parte, México no ha tenido esa preocupación ni de lejos. Por tanto, no tenemos el calibre de funcionarios públicos de Singapur que, mediante un esquema meticuloso de selección de personas con potencial de desarrollo cognitivo y emocional, los cuida, nutre, cultiva y educa desde que son niñas o niños, para ocupar después puestos públicos de primer nivel y altamente remunerados. Quizá por ello Singapur, a pesar de no tener una democracia completa, tiene uno de los regímenes menos corruptos del mundo. Los singapurenses están muy satisfechos con la efectividad de su gobierno.

Aun con ello, vale la pena comparar a ambos países en índices internacionales de competitividad, buen gobierno y desarrollo económico para constatar que México está jugando con fuego si pretende, sin democracia y sin educación, alcanzar los niveles de desarrollo económico y social de las mejores marcas mundiales.

México en el mapa mundial del desarrollo y educación

En otra publicación elaboré un índice estandarizado de desarrollo integral que agrupa a catorce índices realizados por organizaciones internacionales que incluyen temas como competitividad, transparencia, libertad económica, criminalidad, democracia, brecha de género, progreso social, desarrollo humano, felicidad, capital humano, conocimiento e innovación. Para una muestra de 26 países (con datos que oscilan entre 2019 y 2023 ), dentro de los cuales se encuentran los socios y competidores de México, la distancia entre México y Singapur es enorme. México obtiene un resultado de 3.15 contra 10.65 de Singapur y 4.7 de China, de un máximo de 14 puntos posibles. Los mejores resultados los obtienen países con quiniela ganadora, democracia auténtica o completa más estado de bienestar: los cinco nórdicos más Suiza, Nueva Zelanda, Alemania y Canadá.

Para regar sobre mojado, existe otro índice elaborado por el Banco Mundial, de 2021, que mide muchas variables de buen (mal) gobierno, como son estabilidad política y violencia, voz y responsabilidad, efectividad gubernamental, calidad regulatoria, Estado de derecho y corrupción. Aquí el máximo resultado promedio posible es 100. Bueno, la historia se corrobora: México obtiene 31.9, Singapur 83.7 y China 44.1. Los ganadores son exactamente los mismos países que los mencionados arriba.

Y en educación, ni lo detallo. Según PISA 2022, México obtuvo en Matemáticas 395 puntos contra 575 de Singapur, en Lectura 415 contra 543 de Singapur y en Ciencia 410 contra 561 de Singapur, lo que significa varios años en rezago académico de nuestros estudiantes.

El porvenir

Quizá, la hipótesis de que los mercados en México están esperando a Claudia Sheinbaum no sea descabellada. Si las medidas draconianas hubiesen sido implementadas en los primeros días de gobierno de Sheinbaum los mercados se habrían apanicado. Quizá, los mercados esperan que la razón impere y que se repita la historia de Miguel de la Madrid en 1982 contra la estatización económica de López Portillo. Quién no recuerda, de aquel entonces, que el mismo Miguel de la Madrid aplaudía, en la sala del Congreso, aquel último informe de gobierno, del primero de septiembre, con las decisiones radicales de López Portillo que hundieron la economía, la inversión y los mercados por varios años. El mismo aplaudidor, a partir del primero de diciembre de 1982, con cautela y sigilo, empezó de desbaratar el galimatías que le había heredado su antecesor: la lealtad política tuvo un límite.

Por el contrario, si las medidas drásticas actuales son presagio de un populismo y autoritarismo a ultranza y Sheinbaum —y Morena— se suben al mismo caballo del cierre del gobierno de AMLO y vuelven a coquetear con la autonomía de Banxico y otras medidas, entonces sí, sálvese quien pueda. Los mercados reaccionarán fuertemente y Sheinbaum tendrá dos opciones, no más: corregir el camino o seguir el rumbo de Venezuela, es decir, ignorar los mercados e insistir en un populismo extremo, centralizar los tres Poderes de la Unión bajo una figura Ejecutiva omnipotente, con fuerte militarización y mayores pérdidas en todos los índices de desarrollo económico, democrático, educativo, social y de justicia. En el último índice de democracia del 2023 del Economist Intelligence Unit, Venezuela, Nicaragua y Rusia se colocan en las últimas posiciones mundiales como regímenes autoritarios. México continúa mostrando su caída en democracia, y eso que todavía no se han incluido la inequidad electoral, la sobrerrepresentación, ni la reforma al Poder Judicial. Eso vendrá en el próximo índice de democracia de 2024. En este escenario, vamos, hasta el TMEC peligraría, y los márgenes cómodos de maniobra con los que contó AMLO rápidamente se eliminarían.

México tiene una ventana de oportunidad muy pequeña; si Sheinbaum la desperdicia, no existirá retórica, ni mañanera, ni poder absoluto que detenga el declive, y verá con tristeza a México derretirse entre sus manos. He leído una y otra vez las defensas superficiales que Claudia hace de las reformas bajo el argumento de que el pueblo decidió la reforma judicial y la sobrerrepresentación. Si el pueblo ya decidió, ¿para qué necesitamos gobierno? ¿Qué hay que hacer? Esperar unos días. Por lo pronto, voy con la hipótesis de los mercados; confío en que Claudia corrija el rumbo y busque acercarse a la quiniela ganadora: democracia auténtica y Estado de bienestar.

¿Qué les faltó a Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, Peña y AMLO? Una verdadera reforma centrada en la calidad. Salinas y Zedillo intentaron una modernización educativa que no cuajó en calidad; Fox hizo obligatoria la educación preescolar sin que hasta la fecha se haya logrado e inició una política de Estado en evaluación educativa que fue suspendida por AMLO; Calderón hizo obligatoria la educación media superior sin que tampoco se haya logrado, empezó la evaluación universal de maestros y aumentó el poder del SNTE en la conducción de la política educativa; Peña crispó las relaciones tanto con el SNTE como con la CNTE, promulgó una reforma constitucional, endureció la evaluación de maestros, fortaleció al INEE y modificó los planes y programas de estudio consolidando el enfoque de competencias iniciado Fox y Calderón. AMLO destruyó todo lo anterior y lo sustituyó por una dirección neófita de educación, ciencia y tecnología.

Quitando un salto importante del gasto educativo entre el sexenio de Zedillo y el primer año, ningún presidente aumentó el gasto de manera relevante y, peor aún, lo asignó, de modo efectivo. Cierto, es más importante cómo se gasta que cuánto se gasta, pero se requiere, a fuerza, un nivel mínimo de gasto. México, además de ser el país que menos gasta por estudiante entre los países de la OCDE —3349 dólares internacionales reales contra el promedio de 12 818—, lo ha disminuido 3 % en promedio por año, en términos reales, entre 2015 y el 2021, mientras que la OCDE lo ha aumentado en 2 %.

Con un gasto tan pequeño, y además mal asignado, no se puede realmente trabajar en la calidad educativa. Si no se trabaja en calidad se daña el pensamiento crítico y otro tipo de habilidades de los estudiantes para construir una ciudadanía responsable. Si se daña en la esencia del aprendizaje el consumidor político nunca será capaz de ver entre bambalinas lo que los líderes de todos los lados —públicos o privados, de izquierda o derecha— les digan sobre su situación real. Este escenario es música a los oídos de líderes demagógicos porque su habilidad más socorrida de tergiversar la realidad florece.

Por ejemplo, ¿quién en sus cinco sentidos negaría lo que el gobierno pregona como logro educativo “muchas más becas”? La verdad es que más becas universales daña precisamente a quienes más lo necesitan, porque se entregan miles de millones de pesos a los que menos los necesitan ¿Quién en sus cinco sentidos negaría lo que el gobierno pregona como gran logro “la escuela es nuestra”? Que entrega recursos directos a los padres de familia para las necesidades de infraestructura, equipamiento, extensión de jornada y alimentación de las escuelas a pesar de que se han presentado cientos de denuncias por mal uso de recursos según Animal Político.

En suma, Sheinbaum y Delgado tienen un paquete enorme. Además de corregir los desatinos de la alta política (distribución del poder), deben reorientar los de la baja política (la pedagogía), de otra manera veremos no sólo estancamiento en la calidad educativa sino una fuerte depreciación. Aunque no mucho, algo se había logrado con la evaluación educativa, con los currículos de competencias, con la apertura al diálogo, con administraciones educativas que escuchaban a las voces críticas y académicas y con iniciativas de mayor transparencia en la asignación de recursos. Con un gasto educativo pírrico y una administración educativa orientada por interés político en lugar de pedagógico, el panorama para los niños y jóvenes es desolador.

 

Eduardo Andere M.
Investigador visitante del Boston College, Estados Unidos


3 comentarios en “¿Democracia o autoritarismo? Historia de dos países

  1. Esta realidad escrita sólo llega a algunas tantas personas, y puedo creer que son las que no brincan ni aplauden, lo que los corruptos gobernantes han dejado a este país. Los jóvenes no necesitan becas, necesitan maestros que entreguen enseñanza, compromiso, ética. Se necesita un gobernante que le de prioridad a la educación, pero eso está muy lejos de la realidad de nuestros gobiernos.

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