
La eliminación del popularmente conocido “examen Comipems” y la puesta en marcha del programa “Bachillerato nacional para todas y todos: mi derecho, mi lugar” ha levantado muchas interrogantes. A lo largo de los 28 años que estuvo en operación, el concurso de asignación de la Comipems fue un modelo de coordinación entre diferentes subsistemas de bachillerato muy estable, así como un mecanismo de ingreso y transición educativa transparente. Hace falta realizar un balance robusto sobre sus efectos, pero es razonable esperar que a lo largo de todos estos años el concurso Comipems haya facilitado el acceso al nivel medio superior a las familias más vulnerables y menos familiarizadas con el complejo arreglo institucional del sistema educativo mexicano dados los relativamente bajos costos y procesos sencillos que implicaba.
Por ello se esperaría que el nuevo mecanismo sustituto —cuyo portal informativo fue abierto apenas este mes— tuviera cuando menos estos mismos atributos. Pero hasta ahora, no ha habido claridad sobre las atribuciones y alcances del Espacio de Coordinación de la Educación Media Superior, Ecoems, órgano a cargo del programa toda vez que el programa contempla la participación no sólo de algunos subsistemas de bachillerato públicos, sino también de escuelas secundarias para la entrega de los antecedentes escolares de los estudiantes. Además, no es claro de qué forma se decidirá la distribución de los estudiantes que soliciten ingresar al plantel de bachillerato más cercano a su domicilio, ya que el programa no cuenta con un diagnóstico de la demanda de ingreso al nivel medio superior en función del número de planteles, del número de egresados de secundaria y de la población en condiciones de ingresar a la media superior, por municipio. Por estas y otras razones, se antoja que, en su primer año, la ejecución del programa “Mi derecho, mi lugar” se preste a la confusión y a la desorganización.
Sin embargo, el principal cuestionamiento realizado hasta ahora a este nuevo programa de ingreso tiene que ver con la ausencia de una acción que atienda el problema de la segmentación educativa regional. No se trata de una observación nueva: desde hace años académicos y especialistas han advertido que la oferta educativa de bachillerato de la zona metropolitana de la capital mexicana se caracteriza por la distribución desigual del prestigio y la autoridad académica entre instituciones. Es decir, hay instituciones con mucho prestigio y buena imagen entre jóvenes y familias, y otras que padecen de mala reputación y de una imagen muy negativa entre la población. Este problema se vislumbra claramente año tras año en las preferencias educativas de los jóvenes.
Como ocurría antes de Comipems y como sucedió durante todo el tiempo que funcionó este mecanismo, los adolescentes de la zona metropolitana tienen puestas sus aspiraciones en dos instituciones: la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Tan sólo en las últimas ediciones de la Comipems, alrededor de seis de cada diez participantes solicitaban como primera opción alguno de los catorce planteles de bachillerato de la UNAM (nueve de la Escuela Nacional Preparatoria y cinco del Colegio de Ciencias y Humanidades). El resto de las opciones de bachillerato público de la región suelen ser segundas opciones o alternativas de refugio. Y, como ya se ha señalado en este mismo espacio, hasta ahora no hay indicios de que alguna de las iniciativas en media superior echadas a andar por la administración de Claudia Sheinbaum en los últimos meses —incluido el programa “Mi derecho, mi lugar”— considere remediar este desbalance.
El desprestigio o la mala imagen de la gran mayoría de las instituciones públicas de bachillerato de la zona metropolitana de Ciudad de México no es un asunto menor, puesto que tiene un impacto importante en las trayectorias y experiencias educativas de los adolescentes y jóvenes que estudian en sus aulas, al mismo tiempo que influye negativamente sobre la forma en cómo estos se perciben a sí mismos y a su futuro.
Testimonios de la mala fama
Cabría poca duda de que, en el contexto mexicano, la UNAM es la institución educativa de mayor prestigio académico. La monumentalidad del campus principal, Ciudad Universitaria, las noticias sobre sus aportaciones científicas, su aparición en películas nacionales populares (por ejemplo, Viva la juventud, de 1956), su equipo de fútbol de primera división, su vasta infraestructura museística, entre muchas otras cosas más, alimentan recurrentemente su reputación e imagen entre toda la población mexicana. Su mote como “la máxima casa de estudios” es elocuente de su valor social y de su peso en el campo educativo del país. Sin embargo, el resto de las instituciones públicas mexicanas no gozan del mismo privilegio simbólico.
A lo largo de mi labor como investigador he tenido la oportunidad de conversar con jóvenes que cursaron su educación media superior en bachilleratos públicos. No han sido pocos los que han referido que el paso por instituciones como el Colegio de Bachilleres (Colbach), el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep) o los Centros de Estudios Tecnológicos Industrial y de Servicios (Cetis) implica muy a menudo enfrentar burlas de familiares y amistades. “Te quedaste en el vasiquieres”, suelen escuchar con resquemor los jóvenes que ingresan al Colbach, mientras que las adolescentes que van al Conalep frecuentemente suelen ser advertidas “vas a salir embarazada de ahí”. No pocas veces, estos comentarios van cargados de alusiones más despectivas o discriminatorias: “me dijeron que iba en el Nopalep”, “en el Nacolep hay puro chavo desmadroso”.
Esta misma problemática ha estado presente en numerosas investigaciones acerca de las trayectorias y experiencias educativas de jóvenes de la capital mexicana provenientes de estas mismas escuelas. Que en estas escuelas no enseñan bien, que estas escuelas son para rechazados, que aquí los jóvenes sólo van a drogarse, que las universidades mexicanas no aceptan a estudiantes provenientes de estas preparatorias, que no habrá oportunidades laborales para ellos, son algunos de los temas más recurrentes entre los testimonios recabados por estos trabajos.
Muchas personas piensan que por ser estudiante del Conalep te drogas, o asaltas personas, o eres burro por quedarte en esa escuela […].
—Hombre, 17 años (Alvarado, 2022, pág. 119)
Muchos ven al Cetis y al Conalep como escuelas malas, por los [bajos] aciertos que piden. Pero, en realidad, esas escuelas no están especializadas para formar a estudiantes para el siguiente nivel [la universidad]. Los están formando para carreras técnicas, para trabajar.
—Hombre, 17 años (Mejoredu, 2024, pág. 58)
Se dice del Conalep que normalmente las chavas que vamos aquí salimos embarazadas, que no acabamos la prepa, que aquí es mucho desastre […] o sea, se habla muy mal del Conalep, principalmente por las chavas embarazadas, principalmente es el sello que tiene el Conalep.
—Mujer, 15 años (Bayón y Saraví, 2019 pág. 77)
Otros estudios enfocados en rescatar las experiencias de los jóvenes en el concurso Comipems han dado cuenta del problema que representa ser asignado a una preparatoria distinta a las de la UNAM. El tema de fondo, de nuevo, es la mala fama asociada a la gran mayoría de las instituciones de bachillerato público de la región.
Es que como que a mi mamá no le gustaba la idea, dice que luego está pesado el ambiente [Conalep] y que mejor si ya tengo lo que me dicen mis primas de la vocas, pues va a ser más fácil estudiar ahí. Luego también porque hemos escuchado, o conocemos que luego no terminan y que ya dejan la escuela, yo no quiero eso, por eso escogí las vocas, porque son de buen nivel, ya a lo más puse al final los bachilleres, pero sí, no, ningún Conalep
—Mujer (Cobos, 2023, pág. 113).
El Cetis fue mi segunda opción, la primera fue Conalep Azcapotzalco. Ingresé primero al Cetis 33, pero no me quise quedar ahí, porque se contaba mucho de que ahí no enseñaban bien, los maestros no daban lo mejor de ellos y entonces no me quise quedar ahí […]
—Hombre (Apolonio 2020 pág. 109)
Para ser sincera, cuando me enteré que me había quedado en el Cetis me sentí un poco decepcionada de mí misma. A mí me habían dicho que el Cetis no era una buena escuela, que casi no tenían oportunidades los que estudiaban un bachillerato tecnológico
—Mujer (Palacios 2007, pág. 137).
La mala imagen de estas instituciones representa un problema social más amplio; su presencia en espacios públicos, como las redes sociales o en medios de comunicación, reproduce e incluso amplifica este problema. Prueba de ello es el caso del standupero Franco Escamilla, quien, tras una solicitud del director de la institución, ofreció en 2021 una disculpa pública a los estudiantes del Conalep luego de años de usar esta institución como blanco de sus burlas. A pesar de declarar sentir estima por los estudiantes del Conalep, Escamilla no dejó de expresarse sobre la mala imagen que tenía de la escuela: “Pueden llegar a la luna y siempre se les puede reconocer que hay alumnos muy buenos en el Conalep. Pero no me puede negar que la tasa de embarazos y la tasa de delincuencia sí están del nabo”.
Los efectos de la mala fama
La mala fama de las escuelas no sólo se limita a un asunto de comentarios y burlas. Forman parte sustantiva de la percepción que la gente se hace de la calidad de la educación o del valor de la formación ofrecida en cada institución. Frecuentemente la mala imagen se vuelve en veredicto familiar (“mi papá no quería que estudiara ahí, me dijo que eran escuelas patito”), las ideas negativas se tornan en sensaciones y sentimientos (“me decepcioné de mí misma cuando me enteré que estudiaría ahí”, “me deprimí cuando supe que estudiaría ahí”).
Algunas autoridades escolares reconocen el desprestigio institucional como un asunto importante por atender ya que constituye una de las principales causas de desafiliación escolar y trayectorias discontinuas. Durante un trabajo de campo en dos planteles del grupo de instituciones aquí mencionadas comprendí que la mala imagen que los estudiantes tienen de la institución lleva a que muchos no completen el registro de inscripción a pesar de tener un lugar asegurado, que otros más acudan a estudiar durante un breve tiempo en espera de repetir el concurso de asignación, y que otros sencillamente dejen de estudiar a mitad de semestre porque decidieron ingresar a otro plantel más cercano a sus expectativas, muchas veces en preparatorias privadas.
Por otra parte, los investigadores Cristina Bayón y Gonzalo Saraví han encuadrado el tema de la mala fama de algunas instituciones escolares mexicanas como parte de una problemática más amplia de estigmatización de los sectores populares del país. En su estudio con estudiantes de preparatorias públicas de poco prestigio, Bayón y Saraví dan cuenta del impacto de la mala reputación de las escuelas sobre la forma en la que la gente ve a estos jóvenes y cómo los estudiantes se perciben a sí mismos. Mediada por el embrujo de la meritocracia, a menudo la mala fama institucional se percibe como atributo de sus estudiantes: los ignorantes, los que no le echan ganas a la escuela, los indisciplinados, los vagos, los rebeldes, las embarazadas.
¿Qué hacer ante la mala fama del bachillerato público mexicano?
A nivel internacional pueden encontrarse numerosas experiencias de programas orientados a mejorar la reputación de las escuelas. Muchos de estos parten de una estrategia elemental: reforzar los resultados académicos de los estudiantes mediante el aumento de tutorías y la actualización de las habilidades del personal académico. Otros tantos se enfocan en mejorar la infraestructura escolar y el aumento de actividades extracurriculares, como deportes y actividades artísticas, para promover el sentido de pertenencia entre estudiantes.
En México, un elemento que suele influir sobre las preferencias escolares de familias y estudiantes es la vinculación del plantel de bachillerato con una institución de educación superior, particularmente cuando la relación deviene en un mecanismo de acceso preferencial (lo mismo ocurre en el sector privado). Uno de los principales atractivos, sino es que el principal, de los planteles de bachillerato de la UNAM es el llamado “pase automático” que facilita la transición hacia los estudios universitarios.
Por ello resulta significativo que en las últimas semanas el Colbach haya firmado un convenio de colaboración con la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) para el establecimiento de un mecanismo de admisión preferencial. Si bien hace falta conocer más detalles de este nuevo mecanismo, hasta ahora se sabe que los principales beneficiarios serán los estudiantes del Colbach que posean un historial académico regular o que cumplan con una trayectoria ideal predefinida. Esta medida podría beneficiar la reputación del Colbach entre adolescentes y jóvenes en la medida en que traiga una mejora sustancial a su formación y a sus experiencias al interior de los planteles. Un mecanismo similar podría establecerse entre las opciones de bachillerato tecnológico de la región con los planteles del Tecnológico Nacional de México (TecNM).
La sustitución del examen único regional por el nuevo mecanismo de pase directo representa una de las principales apuestas para educación media superior del llamado “segundo piso de la cuarta transformación”. Se trata de un cambio importante en la gestión del ingreso a la educación media superior en la zona metropolitana de la capital a la luz de los nuevos arreglos institucionales y organizativos que implica. Pero sin un reconocimiento pleno de la segmentación educativa presente en la región y sin un plan de trabajo para remediar el desprestigio del bachillerato público, este programa tendrá un nulo efecto sobre la actual distribución de oportunidades educativas en la región y cualquier reivindicación al derecho pleno a la educación de jóvenes valdrá poco.
Considero necesario estudiar más a fondo cómo se construye la reputación de los establecimientos escolares en México, particularmente de los modelos educativos a distancia y enclavados en zonas rurales de los que poco se sabe, así como las repercusiones laborales y sociales de haber estudiado en una institución percibida como de poco prestigio, pero la evidencia existente hasta ahora apunta a que, con o sin Comipems, seguirán existiendo preparatorias desvalorizadas, de mala fama, y por lo tanto, la sensación de que ser uno de sus estudiantes es un castigo.
Diego Angeles
Investigador en temas de educación media superior en la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu)
Es muy cierto. Existen muchas limitantes, muchas carencias. Es un tema del que podemos pasarnos horas, dias, semanas y no terminar de analizar los fsctores que inciden en la mala reputacion.
Uno de los temas es la infraestructura. Desde hace algunos años el gobierno ha pedido wue las escuelas dejen de cobrar la inscripcion al grado de sancionar aquellas que cobren. Desafortunadamente las escuelas dependen en gran medida de esos ingresos para realizar mantenimiento y comprar insumos para las oficinas , entre otros gastos. Hasta donde se sabe, el gobierno ha dicho que es gratuita la inscripcion pero no da subsidio economico.
Por otro lado, se ha visto wue desde antes de la pandemia el nivel academico de los estudiantes ha ido en picada. Es comun oir que la gente nayor y profesores expresen que los estudiantes no salen con el mismo nivel en lectura y matematicas de la primaria, secundaria baxhillerato, etc.
Se han implementado muchas reformas y programas paea que los msestros se actualicen, pero ese fenomeno en los estudiantes sigue. Los exsmenes PISA son el reflejo de la falla.
Considero que es necesario una verdadera reforma educativa en cusnto a los programas de estudio en cada una de las expwriencias educstivas bschillerato. Se debe empezar por ahi, porque las dichosas reformas se han enfocado a la parte administrativa y laboral del sistema educativo mexicano.
Otro punto a resaltar es la fsmosa Transversalidad, considero no es mala pero para poder llevarla acabo, mos estudiantes deben poseer un bagage previo como. conocer ña matematica basica, aritmetica, fracciones y geometria elemental, asi como lo que respecta saber leer , escribir. De lo contrario es jugar a inventar el hilo negro y descubrir el agua tibia.
Acualmente en las escuelas publicas se. les ha dado mucha importancia al aspecto socioemocional, y otras, ocasionando que los tiempos para abordar contenidos academicos se vean disminuidos. La educacion comienza en casa y es un problema muy complejo porque la situacion economica ha generado que los padres dediquen mas tiempo al trabajo y descuidar a los hijos, entre ello, las actividades academicas
Es un tema muy amplio y muy complejo
los pases automáticos, dañan, se deben de eliminar, y cada institución debe de tener los requisitos que establezcan, también igualar los planes de estudio de instituciones con objetivos comunes. y mejorar el bodrio que la 4t hizo, con ellas.
Soy trabajador de un Cetís, padre de estudiantes de un Cetís y puedo afirmar que Los Cetís un tiempo funcionaron bien pero la corrupción en su interior los hecho a perder, hoy en día los directores solo les interesa el dinero, hay personal administrativo como maestros, en las especialidades de las carreras hay maestros de relleno, hay aviadores, hay ausentismo de maestros y personal administrativo, hay privilegios a unos pocos, el sindicato no ayuda al trabajador esta con la autoridad, despilfarrar los recursos que pagan los estudiantes en bardas donde ya hay bardas en lugar de equipar los laboratorios con equipos buenos de cómputo pero, es más rentable estarle dando mantenimiento a los equipos obsoletos e inservibles a cada rato, hay venta de plazas, la autoridad tiene cooptado a mucho personal tanto docente como administrativo para el control, no se respetan normas, reglamentos, leyes por parte de la autoridad, a pero si se aplican a alguien que cuestiona. La autoridad controla la asociación de padres y la forman de manera opaca y sin el conocimiento de la mayoría de la comunidad escolar y por tanto no dan informes en que gastan. Cada joven semestralmente pagan casi $1,300.00 + $200 de credencial siendo un total de casi $1,500.00 más pago de exámenes extraordinarios, más recursamiento intersemestral.
Con todos los recursos que se juntan cada semestre bien podrían equipar un laboratorio de cómputo cada semestre y con computadoras buenas, pero es más rentable la reparación pues por ahí se fuga el dinero.
Los jóvenes no salen con las competencias necesarias por la falta de buenos maestros así que van en desventaja tanto al campo laboral como a la universidad por escasea de conocimientos.
Hoy en día muchos «maestros» exigen compra de libro y en la compra los maestros y autoridades obtienen un moche y en muchos casos ni siquiera terminan el libro. Hay otros casos de maestros que ya no preparan su clase, solo dan la clase con el libro y tampoco lo terminan (así cualquiera da clase).
Las autoridades No respetan derechos laborales ni obligaciones, y hacen lo necesario para tener controlado al sindicato y al personal, a quienes venden su voluntad les dan dadivas de tiempo (entradas tarde, salidas anticipadas, ausencia) o puestos donde no hacen casi nada.
Habiendo plazas para mantenimiento prefieren contratar empresas para sacar los recursos.
Ya casi son inoperables estos planteles (no todos) pues, si no hay agua o no hay personal los baños están muy sucios y otros cerrados porque no sirven, las bibliotecas no tienen buenos libros o los necesarios para consulta, los laboratorios de cómputo de 60 computadoras solo son operables 30 en muchas ocasiones no hay Internet, la falta de buenos maestros pues, algunos se jubilan y los que llegan les falta mucho, los directivos ya no les interesa la educación solo el negocio, muchos de los directivos están ahí por ser corruptos, autoritarios.
No se hacía donde vamos como país sin jóvenes bien preparados y lejos de aprender principios en las escuelas, estén aprendiendo como pasar la materia sin esfuerzo con dadivas. Como vamos a salir adelante como país si los jóvenes no aprenden tecnología, matemáticas, física, química, principios éticos etc..
Las autoridades educativas hablan mucho de calidad educativa, de excelencia académica, de más escuelas de reformas educativas, de honestidad, conducta y valores etc.. Y en las escuelas que ya existen no hay reglas claras no hay quien corrija el desvío qué se hace, no hay quien supervise la contratación de buenos maestros, no hay una formación de excelencia para los maestros que ya están en escuelas, no hay directores que realmente les interese la educación, no hay personal docente y administrativo que realmente se concientizen sobre su papel en la educación. De nada servirá lo que hagan si no hay un orden en los centros educativos, buenos maestros autoridades responsables respeto a los derechos laborales y respeto a sus obligaciones un sindicato real que defienda derechos no intereses personales y privilegios, supervisores responsables y éticos, auditorías para supervisar el buen manejo de recursos financieros y humanos, respeto a las Normas, Reglamentos y Leyes. RESPETO A LA VERDAD.
Gran parte de la mala educación y la mala reputación de los colegios y el sistema en general es la indolencia que la misma población promueve. Los padres no asumimos como propio y obligatorio orientar a nuestros hijos en relación al hábito de estudiar, de aprender y de lo que la educación exige de parte nuestra, y no sólo eso, tampoco hay un involucramiento en exigir a los profesores y a la escuela cubra los programas e implemente medidas pedagógicas para que cada niño o niña acceda al conocimiento; y sí desde este punto no cumplimos vamos creando desigualdades que generan frustración y abandono escolar y deserción cuando las deficiencias traen consigo la incapacidad de obtener un lugar en la
escuela deseada. Por lo antes señalado, se crea la idea de que se alcanzó un lugar en un espacio propio de «perdedores», cuando se pueden subsanar las deficiencias y llevar a otro nível el Colegio de nivel medio en que se encuentre uno y eso es posible con SINERGIA por parte de padres, maestros y autoridades. TODOS LES DEBEMOS A NUESTROS JÓVENES LA MEJORA DE LA EDUCACIÓN MEDIA PORQUE ELLOS HAN HECHO SU MEJOR ESFUERZO AÚN CON ORIENTACIÓN DEFICIENTE.