El paro nacional de educadores comunitarios del CONAFE

Crédito de la imagen: David Peón

Históricamente, los educadores comunitarios del Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) han desempeñado sus labores educativas bajo condiciones precarias, en todos los sentidos. Estas abarcan desde la deficiente —y, en algunos casos, inexistente— infraestructura escolar; la falta de materiales educativos básicos; la escasez de servicios como agua y luz, e incluso la carencia de sanitarios. A ello se añade el limitado apoyo económico que reciben mensualmente por sus servicios educativos, prestados en decenas de miles de comunidades rurales o indígenas dispersas en todo el país.

Desde sus inicios, en 1971, las figuras educativas del Consejo no habían exigido de manera masiva atención a este escenario adverso al que se enfrentan día tras día. No fue sino hasta enero de 2026 cuando decidieron salir a las calles a exigir mejores condiciones —sobre todo a nivel económico—, lo cual convierte a este movimiento en un hecho histórico que ha tenido eco en todo el territorio nacional. En redes sociales se compartieron publicaciones desde estados donde el CONAFE tiene una importante presencia, como Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí, Oaxaca, Querétaro, Guerrero y Chiapas, entre otros. Incluso, circuló un pliego petitorio dirigido a la presidenta de la República. La demanda principal es la mejora de los apoyos económicos y la dignificación de su labor docente.

En una entrevista que conduje en febrero de 2025 a la coordinadora territorial del CONAFE en Oaxaca, la Mtra. Alejandra Brito Rodríguez, ya se anticipaba que el apoyo económico que reciben las y los educadores comunitarios del CONAFE es injusto, tomando en cuenta la labor que desempeñan a favor de la educación de las infancias y juventudes rurales e indígenas, siendo en miles de comunidades la única alternativa para acceder a la escuela. Cabe señalar que los apoyos que reciben parten de los 2 340 pesos mensuales en el nivel de educación inicial; aunque la mayoría de ellos —adscritos a los niveles de educación básica— recibe 5 240, lo cual resulta injusto e insuficiente si se considera que el salario mínimo en México, para 2026, es de 9 582 pesos, casi el doble de lo que perciben los educadores comunitarios, quienes se dedican de tiempo completo al desarrollo de sus actividades escolares.

Recordemos que la beca de Jóvenes Construyendo el Futuro, dirigida a jóvenes que al momento de solicitarla no estudian ni trabajan, equivale también a un salario mínimo. Los educadores comunitarios han señalado estas disparidades frente a otros apoyos. No se está tomando en cuenta que el tiempo que les demandan sus actividades, en muchas ocasiones, supera lo propio del programa federal antes citado. Si se analiza esta situación, encontramos perfiles similares entre jóvenes adscritos a Jóvenes Construyendo el Futuro y educadores comunitarios; en ambos casos, generalmente, se cuenta con estudios de bachillerato. Dada la oferta económica que ofrece dicho programa, resulta mucho más redituable inscribirse en él que ingresar como educador comunitario, lo cual podría agravar la problemática de la deserción de educadores comunitarios, misma que alcanza 26 % a nivel nacional.

La importancia de atender las demandas de las y los jóvenes educadores comunitarios del CONAFE radica, entre otras razones, en el papel fundamental que desempeñan a nivel nacional, teniendo presencia en todos los estados de la República, incluso en la Ciudad de México. En el ciclo escolar 2023–2024 atendieron a 510,402 niñas, niños y jóvenes provenientes de contextos rurales, indígenas, migrantes y circenses, a través de la participación de más de 55,000 jóvenes educadores ubicados en más de 36,000 localidades rurales y/o indígenas, la mayoría de difícil acceso y en condiciones de alta marginación.

En mi experiencia como exfigura educativa del CONAFE en los estados de Puebla, Querétaro y Guanajuato, así como en mi labor como investigador en escuelas comunitarias en el estado de Oaxaca, puedo aseverar que la responsabilidad y el compromiso de los educadores hacia la educación de las infancias mexicanas es innegable, lo cual se refleja en el respaldo que les otorgan los padres de familia, quienes incluso suelen preferir los servicios educativos del CONAFE por encima de los que brinda la Secretaría de Educación Pública.

Los apoyos que actualmente brinda el Consejo resultan insuficientes para que las y los educadores puedan solventar sus gastos básicos, situación que se incrementa en el caso de las educadoras que son madres de familia. Este hecho se constata en un estudio reciente en el que participé, en el marco de una consultoría solicitada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), orientada a la identificación de brechas educativas que viven niñas, niños y jóvenes indígenas en el estado de Oaxaca. Durante el trabajo de campo en comunidades zapotecas de la Sierra Sur, los padres de familia comentaron que, para apoyar a sus educadoras comunitarias, tenían que cubrir los costos de los traslados desde el lugar de origen de las tres educadoras hasta la comunidad, lo cual ascendía a trescientos pesos semanales.

Por su parte, una de las educadoras comunitarias de acompañamiento señaló que del 100 % del apoyo que recibe gasta aproximadamente 40 % en transporte, debido a que su labor consiste en visitar diversas escuelas dentro de la zona. Algunas de estas se ubican en localidades que no cuentan con servicio de transporte público, por lo que es necesario pagar viajes especiales o caminar varias horas, situación que muchas veces resulta incómoda, pues las educadoras no se sienten seguras o han experimentado algún tipo de acoso durante estos trayectos.

Aunado al gasto en transporte, otros gastos recurrentes que señalan las educadoras comunitarias —y que a mí mismo me tocó experimentar en mi trayectoria como asesor pedagógico— tienen que ver con la compra de materiales didácticos. Si bien se suelen repartir algunos materiales, estos resultan insuficientes y los educadores se ven obligados a complementarlos con recursos propios. Esta situación ocurre con frecuencia en contextos indígenas, donde los educadores adaptan los materiales a las lenguas que hablan sus alumnos, lo cual implica no sólo gastos económicos, sino también tiempo y esfuerzo.

En las comunidades es usual que se realicen distintas festividades, como el Día del Niño, el Día de las Madres o las clausuras de fin de ciclo, entre otras. Estos eventos también implican gastos extras para los educadores comunitarios. Si bien existe una relación cercana con el comité de padres de familia —quienes suministran algunos recursos para estas celebraciones—, los educadores también realizan gastos, ya sea comprando productos faltantes, viajando a alguna comunidad más grande para realizar las compras o brindando algún obsequio a los niños. En temporadas de clausura de fin de ciclo, es común que las madres y los padres de familia pidan al educador que sea padrino o madrina de algún niño que egresa, situación que conlleva un gasto adicional. En algunas comunidades se acostumbra que el padrino o madrina compre el atavío del egresado y otorgue un obsequio.

Las diversas publicaciones en redes sociales a propósito del paro nacional enfatizan que el apoyo que reciben los educadores comunitarios no alcanza. Pero, más allá de esto, es necesario revisar a profundidad el tema de la dignificación del trabajo docente, asunto que ha estado presente incluso dentro del magisterio mexicano. Lo que nos ha enseñado la Sección XXII es, precisamente, la lucha por los derechos laborales y salariales; lucha que no siempre tiene eco en la sociedad ni es escuchada, y que suele derivar en la estigmatización de los maestros como flojos o revoltosos, cuando en realidad sólo exigen lo justo.

Los educadores comunitarios del CONAFE no son trabajadores del Estado; ni siquiera son reconocidos como trabajadores: son jóvenes que prestan un servicio, sin derechos ni garantías laborales. No cuentan con un sindicato que los represente. En la jornada de protestas no se vieron enormes contingentes tomando las grandes ciudades, sino que, de manera regional, se organizaron para hacer escuchar sus voces. Hubo poca cobertura mediática; únicamente algunos medios locales se acercaron a ellos. Los educadores comunitarios del CONAFE están tan desdibujados dentro del ámbito educativo en México que muchos ni siquiera conocen su existencia.

Desde la investigación educativa se ha documentado la labor de estos educadores y el importante papel que desempeñan en la educación pública mexicana, así como los retos que enfrentan cotidianamente en las aulas frente a los limitados recursos tecnológicos, la escasa formación pedagógica, el agotamiento emocional y otras dificultades. Se ha analizado también el proceso formativo que les permite convertirse en educadores, desarrollando capacidades como la autonomía, la responsabilidad y la adaptación a contextos diversos. Asimismo, se han estudiado las experiencias de exfiguras educativas, adelantando reflexiones vigentes sobre la precariedad de los apoyos económicos y la pertinencia del modelo educativo comunitario.

A partir de lo expuesto en este texto, el paro nacional de los educadores comunitarios del CONAFE es una lucha justa. El aumento a los apoyos económicos no es un capricho ni algo extraordinario; se trata de una necesidad imperante, toda vez que la calidad de la educación —como quiera que se entienda este concepto— está ligada al derecho a contar con ingresos justos.

Edgar Pérez Ríos

Facultad de Idiomas, UABJO

Exfigura educativa del CONAFE

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Publicado en: Reforma Educativa

2 comentarios en “El paro nacional de educadores comunitarios del CONAFE

  1. Un colaborador de CONAFE merece un ingreso mejor tabulado hace la labor de un maestro y su sueldo está por debajo, sin mencionar tod@s aquellos que tienen que asistir a comunidades lejanas y tienen que quedarse en esa comunidad

  2. Es importante señalar también que: las comunidades absorben la mayo parte del costo del servicio escolar que les «presta» el estado y la federación.
    Ceden un espacio dentro de la comunidad para construir el aula donde trabajará el educador en un grupo multinivel; que pedagógicamente no es cualquier cosa-, construyen, llevan los pocos materiales escolares, la comunidad se hace cargo de la alimentación y la vivienda del chico o la chica; además de proporcionar protección. Sobre todo en regiones donde la violencia está a la orden del día. NO hay transporte público, y el que hay es carísimo. Los pocos momentos de solidaridad y apoyo que sienten los educadores y las educadoras es, cuando los visitan los Coordinadores de territorio y cuando asisten a las capacitaciones. ¿Es mucho pedir apoyo, solidaridad y reconocimiento?.

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