El sarampión es una enfermedad viral muy contagiosa que se transmite por vía respiratoria. Comienza con la etapa catarral —fiebre alta, tos, coriza y conjuntivitis— pero puede complicarse gravemente, afectando pulmones, cerebro, ojos o intestino delgado en algunos pacientes.

Su transmisibilidad es extraordinaria: en comunidades no vacunadas, un caso puede infectar entre 12 y 18 personas, mientras que en poblaciones parcialmente vacunadas la cifra desciende a 5 a 10 personas infectadas. Lo anterior indica que se requiere al menos un 95 % de cobertura vacunal para prevenir brotes. La vacunación contra sarampión iniciada en los años 60 logró una disminución de dos millones de muertes aproximadamente a nivel mundial. Distintas organizaciones como Cruz Roja, Unicef y la Organización Mundial de la Salud tuvieron una iniciativa que logró una disminución de un 79 % en la mortalidad mundial en 2010 y se tenía el objetivo de disminuir los casos de sarampión a menos de uno por cada millón de habitantes para el 2020. En México, el esquema básico de vacunación consta de dos dosis de SRP (sarampión-rubéola-parotiditis) a los 12 meses (SRP1) y seis años (SRP2), con una tercera opcional de SR (sarampión-rubéola) a los 12 años en países en vías de eliminación de sarampión.
En los últimos 13 años, las coberturas de vacunación han caído de forma drástica. En 2013 se registró un 88 % para SRP1 y 76 % para SRP2; en 2017 bajó a 76 % y 62 %; en 2019 se estancó en 73 % para ambas; y entre 2022-2023 llegó al 80 % en SRP1 y 64 % en SRP2 (ver la Figura 1). En ella se observa que el umbral para la inmunidad de rebaño, es decir la protección suficiente en una comunidad para frenar los contagios, es de un 95 %. Se observan cuatro caídas abruptas en la cobertura vacunal correspondientes a 2013, 2017, 2019 y 2023.
Figura 1. Coberturas de vacunación contra sarampión-rubéola-paperas (SRP) en México 2011-
2023

A esto se suma la suspensión del refuerzo gratuito SR a los 12 años alrededor de 2014 —introducido en 2000 para eliminar la enfermedad— pese a la circulación global del virus. En un país sin transmisión local y sólo dos dosis, la memoria inmune decae con el tiempo —entre 3 % y 10 % anual en anticuerpos neutralizantes— dejando a la generación de alrededor de 24 años protegida de manera parcial.
Este declive local de la vacunación en México se alinea con un contexto mundial adverso: el resurgimiento global en 2019 por bajas coberturas, la disrupción de los sistemas de salud y de las campañas de vacunación por la pandemia de covid-19 en 2020-2021 y, en 2022-2023, las crisis económicas, guerras y desinterés político por vacunar en países de ingreso medio-bajo. Por si fuera poco, en 2025 Estados Unidos, nuestro vecino del norte recortó programas clave de vacunación.
México certificó la eliminación de sarampión en 1995 tras el brote devastador que ocurrió entre 1989 y 1991 (139 240 casos, 8 149 muertes). Al 6 de marzo de 2026 el brote actual suma 385 días: 12 379 casos y 33 defunciones (ver Figura 2). La línea azul representa la línea de tiempo de la circulación del virus de sarampión en el país. En la parte superior al inicio de la gráfica podemos observar que en los años sesenta se inició la vacunación con una dosis de vacuna Schwartz y en la década de los ochenta a noventa se aplicó una dosis de vacuna Edmonston. Posteriormente, observamos un pico muy alto de casos (68,782 y más de 5ooo defunciones). Esto llevó a la modificación de los esquemas de vacunación y gracias a ello y a las iniciativas internacionales se logró una disminución significativa en los casos de sarampión. En la parte superior derecha podemos observar el recuadro con los determinantes más importantes que han llevado al resurgimiento de brotes y a la presencia del brote actual en el país.
Figura 2. Historia del sarampión en México.

De hecho, La ENSANUT 2022 expone la vulnerabilidad de nuestro país ante el sarampión: en el grupo de 20-39 años sólo 64-72 % tienen anticuerpos neutralizantes (vs. 67 % en <1 año, 78 % en 40-49 y ~95 % en 6-12 años); un 18.2 % de la población es susceptible (~23.7 millones en 2022, ~24.3 millones en 2026; esto significa 3.5 veces más que los 6.7 millones esperados si tuviéramos un 95 % de cobertura vacunal).
El impacto del brote no ha dejado de lado a los niños mexicanos. Debido a la baja cobertura vacunal en 2021 y 2023, existen aproximadamente 3.1 millones de niños susceptibles de 1-3 años de edad y se estima una población vulnerable de casi un 50 % de niños en edad preescolar (aprox. cuatro millones de niños). Este panorama amenaza directamente la educación con brotes escolares lo cual se ve claramente con un reporte de 13.5% de casos en niños de 1-4 años (incidencia 19.4/100 000 habitantes).
Los siguientes tres grupos afectados son los niños de 5 a 9 años (incidencia de 13.6 casos por cada 100 000 habitantes), los de 10 a 14 años (10.7 casos por cada 100 000 habitantes) y 14 a 19 (9.4 casos por cada 100 000 habitantes). Este grupo acumula un 30% de los casos. Esto es importante ya que, de acuerdo a los datos de seroprevalencia del Instituto Nacional de Salud Pública, entre primaria y preparatoria tendríamos aproximadamente 1.5 millones de estudiantes susceptibles, lo que significa que un 7 % de los estudiantes que asisten a nuestras escuelas están en riesgo (ver Figura 3). En dicha figura se muestra que, durante el brote actual de sarampión, la población de niños en edad escolar básica y media superior suman un total de aproximadamente un 40 % del total de casos de sarampión en el país.
El grupo de 10 a 19 años acumula el 18 % de los casos de sarampión con una tasa de incidencia de 10 casos por cada 100 000 habitantes. Este grupo de edad incluye a niñas y niños en los dos últimos años de primaria, así como aquellos en secundaria y educación media superior. En este grupo tenemos más de doce millones de estudiantes en el país, de los cuales, aproximadamente el 6 % hoy son susceptibles al sarampión. El impacto del brote en este grupo de edad podría generar un incremento en el ausentismo escolar cuyo impacto negativo reforzaría los estragos educativos generados por la pandemia de covid-19.
Figura 3. Distribución de casos de sarampión por grupo de edad.

En el grupo de 20 a 24 años, tiene una tasa de incidencia de casi 11 casos por 100 mil habitantes, y hasta el momento han acumulado el 10 % de los casos de sarampión. Si consideramos que hay aproximadamente 5.5 millones de estudiantes en la educación superior y que cerca del 8 % son susceptibles al sarampión, más de 400 mil alumnos estarían en riesgo. La educación superior en nuestro país de por sí presenta un retraso ya que sólo un 23 % de los jóvenes logran completar este nivel, versus un 49% del promedio reportado en la OCDE. Por lo que el impacto del brote de sarampión podría reducir más este porcentaje impactando en el desarrollo económico y social de nuestro país.
¿Qué otro riesgo tiene hoy la educación en México?, el magisterio. En nuestro país hay un poco más de dos millones de profesores que educan a más de 34 millones de niños. Hay que tener en consideración que entre el 25 % y el 30 % del magisterio tiene entre 20 y 40 años, y este grupo ya acumula 39 % de los casos de sarampión (ver Figura 3). De manera preocupante, un 30 % de las personas en este grupo de edad, es decir unos 17.5 millones de mexicanos son susceptibles al sarampión. En resumen, entre maestros y alumnos, la mayoría de las personas que asisten a las escuelas son menores de 40 años siendo este grupo el más afectado con un 91% de los casos de sarampión. Esto, claramente, se traduce en un riesgo muy grande para la educación en México que tiene el potencial de verse afectada por la presencia de brotes escolares. Por lo tanto, aquí resumimos los cinco pasos más elementales para convertir a una escuela segura de sarampión.
- Asegurar, desde la escuela, que alumnos, profesores, administrativos y demás trabajadores de la educación cuenten con su cartilla de vacunación completa para la edad.
- Actualización de las vacunas faltantes a todo el personal (catch-up).
- Aplicación de la vacuna de SR a personas de 12 hasta 49 años que no tengan evidencia de dicha vacuna.
- Evitar que el virus ingrese al colegio, esto se logra no permitiendo la entrada a personas con un cuadro gripal, particularmente si viene acompañado de fiebre o tos o exantema o conjuntivitis, y cabe señalar que de nada sirven los filtros de tapetes sanitarios y que es muy importante concientizar a los padres de familia sobre la importancia de no enviar a la escuela a sus hijos si tiene alguno de los síntomas mencionados.
- En caso de que a la escuela se le reporte un caso sospechoso, todas las personas que hayan tenido contacto directo con el paciente sospechoso durante la etapa gripal no podrán ingresar al colegio hasta saber si el caso es confirmado o descartado. Si ocurre que se confirma el caso, los contactos no deberían entrar por 21 días a las instalaciones. En este punto, la corresponsabilidad social es crucial, ya que la sociedad y los médicos deben de reportar (y no esconder) a todos los casos y mantener el aislamiento. Cuando una persona está en aislamiento por haber sido un contacto directo con sarampión debe de tomarse la temperatura dos veces al día, y reportar inmediatamente al médico (y a la escuela) si se presenta una temperatura >38oC o exantema o tos o conjuntivitis. De manera adicional, deben mantenerse lugares ventilados, limpios, con agua potable para el lavado de manos y evitar el hacinamiento.
Sin duda, la educación en un país es uno de los indicadores más importantes de desarrollo económico y social. Según datos reportado por la Unicef, la pandemia por covid-19 generó un retraso de 2 años en el aprendizaje y que incrementó la brecha digital y educativa en nuestra población. El impacto que está teniendo actualmente el brote por sarampión en el país ya ha llevado al cierre parcial de escuelas en algunos estados y a la defunción de 33 personas por una enfermedad que es prevenible por vacunación. Las medidas que el gobierno ha tomado para aumentar la cobertura vacunal tienen el potencial de ayudar a superar este brote.
Sin embargo, la población debe ser consciente de la importancia de vacunar a todos los integrantes de la familia en quienes está indicado, así como informar a las autoridades médicas los casos sospechosos y mantener el aislamiento por todo el periodo indicado.
Sofía Bernal Silva
Departamento de Microbiología, Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de San Luis Potosí
Andreu Comas García
Escuela de Medicina, Universidad Cuauhtémoc San Luis Potosí