
La adolescencia es una etapa de la vida de alta vulnerabilidad para desarrollar enfermedades mentales como: ansiedad, depresión, psicosis, trastornos de la alimentación, trastornos de la personalidad y trastornos relacionados con el consumo de sustancias. La proporción de individuos con inicio de cualquier trastorno mental antes de los 25 años es de 62.5 %, con una edad máxima de aparición de 14 años. La depresión, ansiedad y las tendencias suicidas han aumentado drásticamente en los adolescentes durante la última década en el mundo. Esto se agudizó con la reciente pandemia y las medidas de distanciamiento social implementadas para el control de propagación del virus afectando a la niñez y juventud en su salud mental debido al cierre de escuelas, exposición a uso de sustancias, violencia doméstica y dificultades financieras en las familias. Esto incrementó la posibilidad de padecer psicopatologías como las ya mencionadas.
La depresión, ansiedad y tendencia suicida han aumentado drásticamente en los últimos años entre los adolescentes en todo el mundo. En México, no contamos con datos epidemiológicos precisos sobre salud mental en adolescentes, en un estudio reciente que hicimos para analizar las tendencias de mortalidad en edades entre 1-19 años, observamos que el suicidio aumentó 90 % pasando de una tasa de 3.13 suicidios por cien mil habitantes de 1-19 años a 5.96 entre el año 2000 y 2020, haciendo eco de las tendencias observadas en otros lugares. En Estados Unidos, el aumento del suicidio y de las conductas suicidas está vinculado a una crisis de salud mental, caracterizada por el aumento de la ansiedad y la depresión en la población joven en los últimos años. Además —tanto en México como en Estados Unidos— la primera causa de muerte en adolescentes es la violencia interpersonal que podría ser parte de una mala salud mental.
Los científicos han propuesto varias hipótesis para explicar estas tendencias sobre salud mental y violencia en adolescentes. Mientras que algunos creen que las tendencias de problemas de salud mental se deben en parte a que los jóvenes están cada vez más dispuestos a hablar abiertamente de sus psicopatologías, otros investigadores apuntan al creciente uso de los medios digitales, en particular al uso de redes sociales —y sus efectos como la reducción de horas para dormir—. También señalan factores de estrés más amplios como: las crisis financieras; el aumento de la desigualdad de ingresos; la falta de oportunidades; el racismo; la violencia armada; y el cambio climático.
Podemos observar una relación entre el consumo de internet de la población y el aumento de problemas de salud mental. El uso de redes sociales se ha generalizado mundialmente, siendo la población joven la mayor consumidora. En México, según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares, aproximadamente 70 % de niños entre 7-11 años utilizan redes sociales, mientras que 93 % de adolescentes entre 10-19 años. Además, se ha observado un aumento de uso de redes sociales de 10 % entre menores de edad entre 2018 y 2022 con un comienzo a una edad más temprana.
Sin embargo, las investigaciones han observado que las redes sociales pueden tener beneficios para algunos niños, niñas y adolescentes, pues los ayudan a sentirse más aceptados. En particular, a los que son parte de la diversidad sexual y que a través de estos medios encuentran una mejor interacción en pares, soporte social y desarrollo de su identidad. Además, hay estudios que reportan que intervenciones digitales y de redes sociales podrían ser útiles en el primer contacto de atención en salud tanto física como mental.
Por otro lado, existen amplios indicadores de que las redes sociales también pueden tener un profundo riesgo de daño a la salud mental y bienestar de niños, niñas y adolescentes. Se ha observado que los jóvenes que pasan más de 3 horas en redes sociales doblan su riesgo de padecer síntomas de depresión y ansiedad. Un estudio en universitarios en Estados Unidos ha calculado que la introducción en las redes sociales ha contribuido con alrededor de 300,000 nuevos casos de depresión. Los estudios más recientes han puesto el foco en los efectos negativos de las redes sociales, particularmente en aquellos jóvenes que ya tienen un problema de salud mental ya que se ha asociado a depresión, riesgo de cyberbullying, mala imagen corporal, desórdenes de la alimentación y mala calidad del sueño.
La evidencia hasta hoy plantea que el impacto que causan las redes sociales en la salud y bienestar podría dividirse en riesgo de daño por el tipo de contenido de las plataformas y por uso problemático y excesivo de éstas. Las plataformas sociales están diseñadas para enganchar a los usuarios lo cual puede llevar a pasar tiempo en exceso y tener conductas no reguladas. Algunos investigadores piensan que la exposición a redes sociales podría estimular los centros cerebrales de recompensa y desencadenar vías parecidas a las de la adicción. Estudios de imagen cerebral han mostrado que sujetos con uso problemático de redes sociales tienen cambios estructurales similares a las personas que padecen adicciones.
El riesgo potencial de daño por exposición al contenido se ha reportado en algunos casos trágicos de población adolescente relacionados con suicidio y autolesiones directamente relacionado con estar expuestos a retos de tomas de riesgo popularizados en redes sociales. Estos desafíos pueden ser más dañinos en población pediátrica con problemas de salud mental. Como se menciona arriba la insatisfacción corporal puede perpetuarse por las redes sociales en particular en mujeres adolescentes la comparación social por medio de las redes sociales se ha visto relacionada con desórdenes de la alimentación y síntomas depresivos.
Además, reportes recientes han mostrado cómo las plataformas de redes sociales y sus procesos algorítmicos ponen en riesgo a los jóvenes al exponerlos a contenidos cada vez más dañinos, que ahora se presentan como entretenimiento en los feeds. Como resultado, las ideologías de odio y los contenidos misóginos se están normalizando en el comportamiento de los jóvenes, tanto en líneacomo fuera de línea. Esto se ha estudiado ya desde hace varios años inclusive la máxima autoridad de salud pública de Estados Unidos, el cirujano general ha hecho recomendaciones sobre redes sociales.
El 22 de septiembre ocurrió un hecho trágico con el asesinato de un alumno en un Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM que ha hecho encender alarmas a las autoridades, maestros, padres y jóvenes sobre el fenómeno que se conoce como “manosfera” siendo un anglicismo que se ha definido como: “término genérico que se refiere al contenido, las comunidades, los foros y los sitios web que promueven la masculinidad y los derechos de los hombres y se oponen a los derechos de las mujeres y los movimientos feministas”. Y dentro de este encontramos los foros “incel” abreviatura de “celibatos involuntarios”, se refiere a una persona, normalmente un hombre, que expresa resentimiento, rabia y hostilidad hacia las mujeres por negarles relaciones y sexo. El término surgió originalmente en subculturas en línea, donde los hombres fantaseaban y compartían humor negro sobre la violencia contra las mujeres. Los reportes recientes nos muestran cómo los algoritmos de redes sociales alimentan los perfiles de los jóvenes con estos contenidos, ¿qué hacen los jóvenes para encontrarlos? Pues en general nada fuera de lo común, quizá buscar contenido sobre cómo conseguir novia, o compartir sentimientos de soledad y tristeza y después de unos días de esta búsqueda en redes sociales los algoritmos amplifican hasta cuatro veces el nivel de contenido misógino. Aunado a otro fenómeno conocido como “cámara de eco digital” en donde se consume la opinión propia en las plataformas se normaliza la retórica misógina.
Como parte del cambio cultural que esta generación ha tenido en sus interacciones sociales, una encuesta representativa realizada en Reino Unido con 3,716 personas de 16 años o más con el objetivo de explorar cómo jóvenes y adultos perciben la masculinidad, la igualdad de género, el feminismo y términos como “masculinidad tóxica”, reportó diferencias de opinión entre hombres y mujeres que son mayores entre los más jóvenes (16-29 años) que entre generaciones mayores. Las mujeres jóvenes tienden a tener opiniones más progresistas hacia la igualdad de género y el feminismo que los hombres jóvenes. Los hombres más jóvenes sienten desafíos particulares (roles de género, expectativas sociales) que podrían dejar espacio para que influenciadores o discursos extremos llenen esos vacíos. Por lo que sería importante escuchar y entender qué perciben como problemático los varones adolescentes, sin descuidar las aspiraciones de igualdad que tienen las mujeres.
La pregunta qué hacer con los adolescentes de hoy en día conocidos como nativos sociales crecidos en gran medida en el mundo de la web social y participativa— y difieren significativamente de los nativos digitales (de 25 a 34 años) que tuvieron su infancia y adolescencia en la era de la información, pero antes del auge de las redes sociales. Considero que una aproximación de salud pública sería una buena estrategia haciendo una analogía con la alimentación. Hoy en día sabemos que las bebidas azucaradas y los alimentos ultraprocesados dañan nuestra salud y es mejor consumirlos en pequeñas cantidades y basar nuestra nutrición en frutas, verduras y cereales. Los medios digitales son parte de la vida de nuestros jóvenes por lo que es importante alfabetizar digitalmente a la población padres, maestros, adolescentes e infancias reconociendo que hay cosas buenas que pueden ser la base de nuestra “dieta digital” y cosas que pueden causar enfermedad y tratar de evitarlas o consumirlas poco. Sin embargo, hoy en día se necesitan más estudios a largo plazo sobre la seguridad y el impacto de las redes sociales en la salud de niños, niñas y adolescentes ya que la mayoría de la evidencia científica hasta el momento es poca, por lo que es importante hacer más investigaciones para saber el impacto de las redes sociales en la salud de los y las jóvenes e infantes. Existe una amplia preocupación entre la comunidad científica de la falta de acceso a los datos y de transparencia por parte de las empresas de tecnología ya que han sido barreras para comprender el alcance y la escala del impacto de las redes sociales en la salud mental y el bienestar de niños, niñas y adolescentes.
Nadia González
Médica e investigadora en neurociencias en el Hospital Infantil de México.