La formación sociocrítica en la Nueva escuela mexicana: errores y omisiones

Este artículo es un llamado de urgencia por un cambio sustancial en la manera en que preparamos la formación inicial y continua a los profesores de México. La formación docente —un pilar fundamental en la construcción de futuras generaciones críticas y reflexivas— enfrenta un momento de incertidumbre, ensombrecido por la omisión de prácticas pedagógicas esenciales por parte de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Por ello, buscamos desentrañar las capas de esta problemática, centrándonos en la necesidad de incorporar metodologías sociocríticas en el núcleo de la formación docente para que, en el ser, esté el hacer.

Ilustración: Gonzalo Tassier

A pesar de los esfuerzos por modernizar y enriquecer el panorama educativo, nos encontramos en un punto de inflexión donde la simplificación excesiva y la falta de profundidad en la preparación metodológica amenazan con estancar el potencial transformador de la educación. La adopción de enfoques sociocríticos, que promueven una comprensión profunda de las dinámicas sociales y culturales que influyen en los procesos de aprendizaje, se presenta no sólo como una opción, sino como una necesidad imperante.

La SEP —a pesar de sus declaraciones de intención— ha mostrado una tendencia a minimizar la complejidad de estos enfoques, reduciéndolos a mera verborrea dentro del amplio espectro de la pedagogía. Esta simplificación no únicamente desmerece la riqueza y el potencial de las metodologías sociocríticas, sino que también priva a los y las docentes de herramientas fundamentales para enfrentar y responder a los desafíos contemporáneos de la educación.

Este texto arroja luz sobre las implicaciones de una formación docente que se ha quedado corta en su misión de empoderar a los educadores con las capacidades necesarias para implementar prácticas educativas que sean verdaderamente transformadoras y críticas. A través de explorar, se busca no sólo criticar las omisiones actuales, sino también proponer un camino hacia una formación docente que abrace plenamente la complejidad, la reflexión y la crítica social como pilares de una educación capaz de moldear el futuro de México.

En el tejido de la educación contemporánea, las metodologías sociocríticas emergen como ejes rectores hacia una práctica pedagógica más empática, inclusiva y transformadora, así se reconoce en los fundamentos y argumentaciones que llenan párrafos completos en los documentos oficiales que difunde la SEP. De manera específica, en el documento Sugerencias metodológicas para el desarrollo de los proyectos educativos del Ciclo Escolar 2022-2023, se sugiere impulsar metodologías didácticas innovadoras, entre las que se incluyen el Aprendizaje Basado en Proyectos Comunitarios, Aprendizaje Basado en Indagación, Aprendizaje Basado en Problemas (ABP), y Aprendizaje-Servicio (AS), todas ellas con un potencial sociocrítico significativo; la mención de estrategias y enfoques metodológicos sociocríticos sugiere una invitación al magisterio a incorporar estos métodos en sus aulas, pero no se acompaña de directrices claras o ejemplos concretos que guíen a los docentes en este proceso de implementación. Este vacío pone en relieve la discrepancia entre la ambición pedagógica de la SEP y la realidad operativa dentro del aula, marcando una brecha entre la teoría y la práctica.

Estas metodologías, arraigadas en la crítica social y cultural, buscan trascender el mero acto de transmitir conocimientos, para convertirse en catalizadores de cambio y reflexión profunda en las aulas. La esencia de estas prácticas reside en su capacidad para desentrañar y cuestionar las estructuras de poder, las desigualdades y los prejuicios que subyacen en los procesos educativos y en el contenido mismo que se enseña.

La importancia de las metodologías sociocríticas en el ámbito educativo actual no puede ser subestimada. En una era marcada por rápidos cambios sociales, económicos y tecnológicos, el papel de la educación se expande más allá de la mera adquisición de conocimientos. Se trata de formar ciudadanos críticos, conscientes de su entorno y capaces de interactuar con él de manera constructiva. Las metodologías en comento, por tanto, ofrecen un marco para que estudiantes y docentes analicen críticamente su realidad, reconociendo las múltiples perspectivas y las historias no contadas que configuran nuestra sociedad.

La aplicación de estas metodologías en el aula permite fomentar un ambiente de aprendizaje donde el cuestionamiento y el debate se convierten en herramientas esenciales para el desarrollo intelectual y moral de los estudiantes. A través de su enfoque en la justicia social, la equidad y la inclusión, estas prácticas pedagógicas promueven la valoración de la diversidad y el respeto por las diferencias, preparando a los estudiantes para participar activamente en una sociedad democrática.

Además, estas formas de trabajo contribuyen a una educación más reflexiva y transformadora al incentivar al alumnado a conectar el conocimiento académico con sus propias vidas y las realidades sociales que los rodean. Este enfoque no sólo enriquece la experiencia educativa, sino que también empodera a los estudiantes para que se conviertan en agentes de cambio en sus comunidades, capaces de abordar y solucionar problemas sociales complejos con empatía, ética y creatividad.

Sin embargo, en el panorama educativo mexicano, pese a la prédica que a veces se torna doctrinaria, la formación docente, tanto inicial como continua, se encuentra en una encrucijada donde la tradición y la innovación pugnan por definir el futuro de nuestras prácticas pedagógicas. La SEP, el ente gubernamental encargado de esbozar y ejecutar las políticas educativas del país, ha lanzado —de manera errática— por vía de diversas dependencias (entre ellas, la Dirección General de Desarrollo Curricular, la Dirección General de Formación Continua o la Dirección General de Materiales Educativos) diversos programas y políticas a través de una mermada y a veces ausente capacitación y actualización docente con una preocupante tendencia hacia la omisión y la simplificación excesiva de enfoques pedagógicos críticos, en particular, las metodologías sociocríticas de las que se dicen impulsores.

Actualmente, la formación docente en México carece de una profundidad crítica necesaria para enfrentar los desafíos sociales y culturales contemporáneos a través de la educación; la omisión más significativa en este contexto es la falta de un enfoque estructurado para incorporar metodologías sociocríticas en la formación docente al tiempo que se les pide que en sus prácticas educativas las apliquen en las aulas. Los planes y programas de estudio para la Educación Normal 2022 enfatizan la recuperación de disciplinas como la filosofía, la historia y la sociología; y aunque promueven la lectura, escritura, matemáticas, vida saludable, igualdad de género, ciencia, y educación artística y física, no se especifica directamente el desarrollo de una perspectiva crítica que permita a los docentes cuestionar y transformar la realidad social de manera activa. Esta falta de enfoque específico en metodologías sociocríticas implica una oportunidad perdida para equipar a los futuros educadores con las herramientas necesarias para fomentar un pensamiento crítico y transformador en sus estudiantes.

Estas metodologías, que fomentan una comprensión profunda de las dinámicas de poder, la justicia social, y la equidad en el aula, son esenciales para preparar a los estudiantes para participar activamente en una sociedad democrática y globalizada. Pero la capacitación actual tiende a tratar estos temas de manera superficial, si es que se abordan, dejando a los docentes mal preparados para integrar críticamente estos enfoques en su práctica cotidiana.

Este enfoque reduccionista no solamente limita la capacidad de los docentes para fomentar el pensamiento crítico y la conciencia social en sus estudiantes, sino que también desaprovecha la oportunidad de utilizar la educación como un medio para el cambio social. La simplificación de la formación docente, especialmente en lo que respecta a metodologías que requieren un análisis complejo y reflexivo de la sociedad, perpetúa una visión de la educación como apropiación de contenidos disciplinares en lugar de como un proceso de transformación personal y social.

La SEP tiene, por tanto, un papel determinante que desempeñar en la redefinición de las prioridades de la formación docente. Es imperativo que las políticas y programas futuros se diseñen con una comprensión clara de la importancia de las metodologías sociocríticas, no sólo como herramientas pedagógicas, sino como fundamentos esenciales para una sociedad más justa y equitativa. La formación docente debe ir más allá del mero dominio de contenidos, procesos de desarrollo de aprendizaje, trabajo por proyectos o progresiones de aprendizaje, para abrazar una visión más amplia, una que forme a los educadores para liderar, mediante el modelaje y el ejemplo, en la construcción de un futuro donde el aprendizaje crítico y la acción social informada sean la norma, no la excepción.

Una formación docente inadecuada conlleva a una educación que se queda corta en promover el pensamiento crítico y la conciencia social entre los estudiantes. Sin la habilidad de cuestionar críticamente su entorno, los estudiantes están menos preparados para enfrentarse a los desafíos sociales, económicos y políticos de nuestro tiempo. Esta carencia no sólo limita su desarrollo personal y profesional, sino que también los priva de convertirse en ciudadanos activos y comprometidos, capaces de contribuir a una mejor sociedad.

La necesidad de reformar la formación docente para incluir enfoques sociocríticos no sólo es es, por tanto, una cuestión pedagógica, sino también una urgencia social. Es imperativo que la SEP tome medidas decisivas para integrar estas metodologías en los programas de formación docente. Únicamente así podremos aspirar a una educación que forme no sólo buenos estudiantes, sino también ciudadanos críticos, éticos y comprometidos con el bienestar de su comunidad y el mundo.

Para revitalizar la formación docente en México con una perspectiva sociocrítica, es esencial adoptar un enfoque holístico que abarque desde la política educativa hasta las prácticas pedagógicas en el aula. Estas recomendaciones buscan no sólo mejorar la calidad de la educación, sino también preparar a los estudiantes para ser ciudadanos críticos, éticos y comprometidos.

Una nueva visión en la formación inicial y continua de los docentes en México debe construirse desde tres perspectivas: la política educativa, los programas de formación y la práctica docente.

Con respecto a la política educativa, debe haber una revisión curricular para darle congruencia al plan y programas de estudio en todos sus componentes, porque hay enfoques contradictorios entre lo que se busca mediante los rasgos del perfil de egreso y lo que se puede lograr con la estructura de los contenidos. Debe replantearse igualmente la formación inicial y continua de docentes, enfatizando en la comprensión profunda de los enfoques sociocríticos; de lo contrario, seguiremos perdidos en prácticas meramente instrumentalistas y por consecuencia intrascendentes.

En lo relativo a los programas de formación docente es necesario asumir el cambio de paradigma que representa desarrollar primero en los propios educadores el enfoque sociocrítico. Posteriormente, hay que llevarlo al plano de su propio desempeño en el diseño de situaciones de aprendizaje: que lo promuevan en sus alumnos mediante el uso de metodologías de enseñanza activas y participativas que les permitan explorar y cuestionar críticamente su entorno. Esto incluye el aprendizaje basado en proyectos, el aprendizaje-servicio, el aprendizaje basado en la indagación, el aprendizaje basado en problemas, entre otros.

Por otra parte, los programas de formación docente deben replantear el énfasis en prácticas inclusivas que reconozcan y valoren la diversidad en el aula, desde diferencias culturales hasta las diversas barreras para el aprendizaje y la participación que enfrentan muchos estudiantes.

Por su parte, la práctica docente, al ser la concreción en el aula de toda la política educativa, debe enfatizar en la creación de ambientes de aprendizaje que fomenten la reflexión crítica y el cuestionamiento, donde los estudiantes puedan desarrollar su pensamiento crítico y su capacidad para analizar y solucionar problemas complejos. En otro sentido, debe dejar de asumirse que las prácticas docentes son aisladas; debe fomentarse la colaboración entre docentes, instituciones y comunidades para desarrollar proyectos educativos que respondan a necesidades sociales concretas, integrando la teoría y la práctica en contextos reales. Finalmente, debe enfatizarse la integración de formas de evaluación que vayan más allá de la simple medición de conocimientos y habilidades técnicas, valorando también el desarrollo del pensamiento crítico, la empatía y la conciencia social.

Estamos, pues, en el umbral de un nuevo paradigma educativo; por ello este artículo destaca la necesidad urgente de integrar una perspectiva sociocrítica en la formación docente en México. La responsabilidad de liderar este cambio recae indudablemente en la SEP. Como ente rector del sistema educativo, debe asumir un rol protagónico en la promoción e implementación de políticas que fomenten una formación docente acorde con las demandas del siglo XXI. Esto implica no sólo un compromiso con la mejora continua de la educación, sino también con el desarrollo de una conciencia crítica en la población, capaz de transformar su entorno social.

Sin embargo, la tarea de construir una visión sociocrítica no puede recaer únicamente en las autoridades educativas; requiere de la colaboración activa de todos los actores del sistema educativo: docentes, estudiantes, padres de familia, comunidades académicas y organizaciones civiles. Juntos, debemos trabajar para crear entornos de aprendizaje que valoren la diversidad, fomenten el diálogo crítico y promuevan la justicia social.

Este llamado a la acción no sólo busca una renovación pedagógica, sino también una reinvención de la educación en México. La formación docente con una perspectiva sociocrítica es el cimiento sobre el cual se pueden erigir las bases de una sociedad que valore el conocimiento, la crítica y la transformación social como herramientas de emancipación y progreso.

Las omisiones mencionadas dejan abierta la sospecha hacia dos posibles causas, ambas de gravedad. La primera es que la propuesta de la SEP sea sólo el cumplimiento de un protocolo superficial, con fuerte carga doctrinaria que sólo pretende existir en el discurso ante la incapacidad de implementar una estrategia nacional de apropiación-implementación. La segunda, el temor de las autoridades, bien fundado por cierto, de formar una niñez y adolescencia con tal claridad de pensamiento, que cuestione las acciones, decisiones y omisiones de la actual clase gobernante y reaccione en consecuencia buscando mejorar una situación social que a todas luces va empeorando.

El camino hacia una educación más inclusiva, reflexiva y transformadora es complejo y desafiante, pero esencialmente posible y necesario. La integración de metodologías sociocríticas en la formación docente es un gran paso en este trayecto, un avance sustancial hacia la creación de un futuro en el que la educación sea verdaderamente un motor de cambio social. La hora de actuar es ahora; es tiempo de que todos los involucrados en el proceso educativo unamos fuerzas para hacer de este ideal una realidad palpable.

 

José de Jesús Velásquez Navarro
Director General de Docencia Digital

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Publicado en: Reforma Educativa

3 comentarios en “La formación sociocrítica en la Nueva escuela mexicana: errores y omisiones

  1. Excelente reflexión sobre el pensamiento crítico en la nueva escuela mexicana, soy docente de nivel primarias federales y efectivamente la información que brinda el programa 2022, así como los libros sin recetas para cada fase se vuelven solo una teoría sobre lo que se pretende, pero no especifican, ni dan orientación (directrices) sobre como hacerlo. Ojala y los motivos sean la ignorancia y no que interfieran en la construcción de alumnos críticos y conscientes de su realidad. Puesto que ahora ya no se analiza la historia humana universal, ni las culturas antiguas, tambien se omiten los procedimientos matemáticos básicos. Las formas y pedagogias tradicionales han brindado por generaciones bases solidas de enseñanza aprendizaje de las cuales deberíamos de rescatar lo que ha funcionado por muchos años.

    1. Gracias por tu comentario Ricardo, al final son los docentes quienes resuelven las omisiones

  2. Gracias por su crítica, en especial me quedo con su penúltomo párrafo, las dos posibles causas son una realidad. El Estado por regla general, es por naturaleza inficiente, decadente, corrupto y ahora, se está utilizando el presupuesto público para adoctrinar, no importan más los contenidos concretos, los ejercicios que estimulan el pensamiento crítico, no es conveniente. Este Plan y Programa de Estudios no tiene un orden metológico, está «relleno» de las palabras mágicas que encantan a las generaciones actuales, INCLUSIÓN, EQUIDAD, GÊNERO, IGUALDAD, INTERCULTURALIDAD, HUMANÍSTICO, JUSTICIA «con esto basta». dice la SEP. Soy docente del sector público y lo digo sin tapujos.

    Acertadamente ya lo decía Milton Friedman «Los grandes avances de la civilización, ya sean en arquitectura o pintura, en ciencia o literatura, jamás han venido de un gobierno central»
    Lo felicito, por expresar la verdad, le comparo una última frase que dijo George Owell, y va mas o menos así… «En êpoca de mentiras universales, decir la verdad es un acto revolucionario.

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