
Nunca en la historia de la educación en México un exfuncionario público había atraído tanta atención. Primero, por su obcecado y desatinado esfuerzo por inventar el hilo negro al expedir libros de texto gratuitos (LTG) que han sido objeto de críticas académicas, magisteriales y periodísticas. Después, por aferrarse al puesto. Ya se fue, pero el daño a la educación de los y las niñas y jóvenes es enorme e inmensurable.
Si alguien abanderó con estridencia el proyecto de la “Nueva Escuela Mexicana” (NEM), fue el extitular de la Dirección General de Materiales Educativos. Defendió el modelo lopezobradorista hasta el atrincheramiento en las oficinas de la Secretaría de Educación Pública (SEP), no sin antes denostar a la SEP, pero especialmente a sus titulares, incluyendo a Mario Delgado, expresidente de Morena, promotor de las reformas del obradorismo.
El exfuncionario se desempeñó en la SEP como “ministro” plenipotenciario. Durante la época de AMLO, su arrogancia frente al resto de los funcionarios públicos —incluso los de mayor jerarquía— fue imparable. ¿Cómo lo logró? Seguramente por un madrinazgo o un padrinazgo de muy alta jerarquía política, quizás la más alta del país. Pero en el camino fue cosechando el rechazo de propios y extraños, producto de sus cultivos de prepotencia, pero, sobre todo, de la ignorancia de la tarea educativa y pedagógica, la más delicada de todas las tareas de política pública del país, porque es la que involucra directamente a la niñez, que la Constitución, en el párrafo cuarto del artículo 3º, ubica como de “interés superior”.
Los inusuales adjetivos laudatorios que utilizó la presidenta Claudia Sheinbaum al referirse al exfuncionario, cuando su propio gobierno lo había despedido, son muestra de que su apadrinamiento tenía un alto pedigrí político.
Esta ilógica realidad, “te despido, pero te admiro”, le ha costado a la presidenta una cantidad importante de críticas por parte de observadores, personas expertas y periodistas que ponen en tela de juicio su contradicción. Sin embargo, tratándose de los telones de la política, uno sabe que las cosas ahí suceden bajo una moralidad maquiavélica, y que los ciudadanos de a pie sólo podemos hacer conjeturas con argumentos, discusiones y deducciones.
Los antecedentes
La NEM es el nombre de la reforma o contrarreforma educativa de AMLO. Al estilo de Enrique Peña, con su reforma educativa iniciada en 2013, en 2019 AMLO puso en marcha su visión educativa con otra reforma constitucional, pero en sentido contrario.
La Constitución es el platillo favorito de los presidentes para expresar sus gustos y disgustos, tanto en lo educativo como en lo demás. Peña quería retomar la rectoría del Estado en el ámbito educativo; encarceló a la líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), aceleró el proceso de evaluación educativa, e inició una evaluación malograda tanto para el ingreso como para la promoción magisterial. Al final de su gobierno, lanzó una reforma curricular que se concretó en un Plan de educación básica y en nuevos programas de educación preescolar, primaria y secundaria identificados como “los aprendizajes clave”. Estos programas dieron lugar a nuevos libros de texto gratuitos y a una entrada en vigor paulatina o gradual. Esto ocasionó que los niños, jóvenes y sus maestros tuvieran que convivir con dos modelos educativos simultáneos: el de la reforma integral de la educación básica de Calderón de 2011 y el de la reforma curricular de los aprendizajes clave de 2017 de Peña. En general, todo cambio en los programas de estudio y en los nuevos libros de texto despierta debates con argumentos a favor o en contra, pero nunca una reforma curricular ha generado tantas críticas, oposición y desaprobación; todo ello generado por evidentes y graves errores.
El punto neurálgico de la reforma educativa de Peña fue la evaluación magisterial y los intentos de modificar las formas de asignación de plazas magisteriales, ya sea para el ingreso o la promoción. Esto provocó encuentros interminables con sectores sindicales de la educación, sobre todo con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), lo que durante meses generó pleitos y amenazas entre el gobierno y los grupos sindicales de interés. Los encontronazos y mensajes de prensa fueron aprovechados por AMLO como bandera de su campaña política de 2018, argumentando que la reforma de Peña representaba desprecio hacia las maestras y los maestros de México. Por ello, anunció con pompa y circunstancia que lanzaría una contrarreforma educativa de la que no quedaría ni una coma con respecto a la de Peña.
El daño
AMLO cumplió su amenaza. Pero este afán de revancha política obligó a la nueva administración a lanzar, sin pies ni cabeza, un nuevo proyecto educativo: la Nueva Escuela Mexicana. La contrarreforma educativa de AMLO desapareció las pocas buenas cosas que se habían logrado con la llegada de la democracia y la alternancia en México, siendo la más importante de todas la evaluación educativa autónoma. Por fin, México había logrado, después de años de discusiones y críticas, crear instituciones autónomas que medirían y evaluarían los aprendizajes de los educandos con una sólida base científica. Además, la autonomía le daba credibilidad a la evaluación. Los integrantes de la junta de gobierno del nuevo instituto autónomo fueron seleccionados entre personas cuyas credenciales eran académicas sin corte político.
A la par, AMLO también disminuyó el presupuesto para la educación y continuó con la tendencia histórica de los últimos veinte años, en los que el rubro de la educación perdía participación tanto en el presupuesto total programable del gobierno federal como en el porcentaje del gasto social total programable destinado a la educación. La famosa revalorización del magisterio no se reflejó en el presupuesto público, aunque sí en los salarios magisteriales, que continuaron su tendencia al alza hasta llegar, en el primer quinquenio de los años veinte, a niveles comparables con los mejores salarios del mundo para docentes, especialmente para directores y supervisores.
AMLO también se deshizo de todos los programas de estudio y de los libros de texto de la reforma de Peña e impuso nuevos programas y libros de texto —por completo y de tajo— fuera de toda lógica pedagógica y de las mejores prácticas educativas y curriculares internacionales. Aprovechando su popularidad clientelista logró, mediante una retórica de un humanismo mexicano inexistente, subordinar a los equipos técnicos curriculares y de libros de texto de la SEP, formados durante años de servicio, para reemplazarlos por un equipo liderado por un par de jefes sin formación pedagógica alguna pero dispuestos a producir manifiestos políticos. Bajo el amparo de una regulación centralizada, se elaboraron y distribuyeron nuevos LTG sin respetar ni los procesos técnico-pedagógicos ni los legales. Una prueba de ello es que, de forma completamente atípica e ilegal, se elaboraron los LTG antes de la publicación de los programas de estudio. Y por si fuera poco además de todo lo dicho y en contradicción con lo que la misma SEP había publicado con antelación, de que la reforma curricular entraría en vigor de manera paulatina, se ordenó una entrada en vigor drástica para todos los grados y niveles de la educación básica. Algo inaudito en el mundo y en México.
Para el exfuncionario responsable de las tareas de los LTG, no bastaron las señales de alerta provenientes de todos los sectores involucrados en la educación, de expertos y de periodistas de investigación. No bastaron las contradicciones y los errores evidenciados en los nuevos LTG, así como los expuestos en artículos académicos y periodísticos. No bastaron los amparos contra la reforma y los LTG. No bastaron los intentos de llevar a la mesa del diálogo a los diseñadores de las NEM y sus productos. La postura dictada desde Palacio Nacional fue: la reforma va porque va, los LTG van porque van, la imposición drástica para todos los grados y niveles básicos va porque va. Los únicos que defendieron la reforma fueron las mismas huestes gubernamentales y algunos pocos académicos contratados para codiseñarla, implementarla y legitimarla.
Algo que uno podría justificar de la reforma de AMLO es que había que hacer cambios. Pero los cambios que se hicieron eran precisamente los que no debían hacerse.
El giro
¿Qué le puso un alto al exdirector de materiales educativos y quizá a los LTG de la NEM? El tiempo. El tiempo se hizo cargo de resaltar los errores. El tiempo se encargará de resaltar los errores de la NEM. Con el tiempo llegaron nuevos funcionarios a la SEP. El tiempo permitió que los nuevos funcionarios escucharan las voces de funcionarios de menor nivel, pero con mayor experiencia en temas educativos y curriculares, o mejor asesorados. El tiempo hizo que a la SEP llegaran nuevas figuras educativas que enfrentarían la soberbia de quien defendió a ultranza lo indefendible. Pero alto. Desde la cúpula política del país, se ha defendido la NEM como el proyecto de la 4T. No se debe ni puede atacar porque sería reconocer un error monumental. El error monumental podría interpretarse como un fracaso. El fracaso como debilitamiento del modelo y el debilitamiento como costo político. De ahí que, a pesar de la abrumadora evidencia del fracaso de este brazo de la NEM, se la defienda al igual que a sus libros de texto como si nada hubiera pasado y como si sólo se tratara de un simple cambio de funcionarios y de alguna que otra modificación. Es obvio que eso no es así.
¿Qué hacer para reparar el daño?
No tenemos datos sólidos para determinar si la NEM y su programa educativo curricular han sido algo bueno o algo malo para el aprendizaje de niños y jóvenes. De manera astuta, la propia NEM se protegió al eliminar la evaluación educativa. Quizá fue porque sus creadores sabían que el nuevo modelo derrumbaría los aprendizajes, por lo que eliminaron toda evidencia al respecto. Es muy astuto, pero, sobre todo, dañino operar así. ¿A qué le tienen miedo los diseñadores de la reforma al desaparecer los mecanismos de evaluación autónoma? Obviamente, a la evaluación. Sabían de antemano que sus resultados serían negativos en cuanto al aprendizaje. Pero fueron muy sagaces al tergiversar los hallazgos de la academia mundial, que sostiene que la evaluación que mejora los aprendizajes es la evaluación formativa. Sí, claro, pero la evaluación formativa nunca elimina las otras evaluaciones, como la diagnóstica o la sumativa, que permanecen inamovibles en todo el mundo. ¿Cómo saber qué hacer si no sabemos de qué padece el paciente?
Los defensores de la NEM, con tal de ser leales a su exjefe, aprobaron lo que no debían: echar marcha atrás años y décadas de avance en la política educativa y en la transparencia de dicha política. Ahora, la presidenta de México y el secretario de Educación Pública tienen que hacer malabarismos para tratar de convencer de que los LTG no están mal cuando sí lo están.
Sin la evaluación, la NEM perdió la oportunidad de mostrar resultados. Es irónico que tres estados gobernados por partidos de oposición, Jalisco con RECREA, Guanajuato con RIMA y Nuevo León con APRENDE, hayan iniciado o mantenido, por iniciativa propia, esquemas de evaluación educativa. Los resultados de las evaluaciones educativas en los tres estados muestran mejoras en los aprendizajes de los estudiantes en lectura o lenguaje y en matemáticas, incluso después de la pandemia de Covid y de la implementación de la reforma curricular de la NEM. Responder a la pregunta de por qué los resultados son positivos es materia de otro artículo, pero una hipótesis plausible es que seguramente estos estados están realizando otras acciones con apoyos de capacitación y materiales educativos adicionales. Otra hipótesis podría ser errores metodológicos. En cualquier caso, aun con los aumentos anunciados, las evaluaciones muestran que los niveles de aprendizaje de los estudiantes de primaria y secundaria en México son muy bajos.
La evaluación ayuda a formular recomendaciones de intervención y es preciso que la SEP y la primera presidenta de México, con la cualidad adicional de haber sido científica, recapaciten; pero, más importante que la evaluación, es la pedagogía: es decir, lo que hacen los docentes en el aula, la calidad de los materiales educativos y la buena didáctica, todo ello apoyado por la mejor ciencia disponible. ¿Resolverá todo ello el problema educativo en México? No. Faltan otras cosas fuera de la esfera de la política educativa, como resolver los problemas estructurales, la pobreza, la inequidad, la inseguridad, la corrupción y la crianza. Pero una política educativa acertada asegura que una de las hojas de la tijera esté bien afilada.
Eduardo Andere M.
Investigador visitante del Boston College en Estados Unidos