La insoportable levedad del ser “posdoc”

No es fácil escribir este texto —quejoso— en un país en donde la población de 15 años y más asistió en promedio 9.7 años a la escuela y el salario mínimo mensual es de poco más de 8300 pesos, porque lo que quiero es narrar algunas de las problemáticas que enfrenta un grupo de personas “privilegiadas”: terminaron estudios de doctorado y reciben una beca mensual de más de tres salarios mínimos, más el estímulo del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), que otorga la recién creada Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti), en caso de pertenecer a dicha “élite”. Al saber de las condiciones educativas y económicas imperantes en el país, este ejercicio quejón y aguafiestas parece un gesto de mal agradecimiento y de ocio burgués. Pero no es así.

En México hay personas con doctorado que están realizando estancias de investigación posdoctorales con recursos públicos, ya sea dentro del programa que tiene la Secihti o en el de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) —que son los que conozco— y ven menoscabadas sus actividades por la inexistencia de derechos laborales; la falta de espacios adecuados para trabajar; el no tener derecho a sacar libros de la biblioteca institucional; la falta de financiamiento para realizar sus investigaciones; la no difusión de sus productos o eventos académicos; el no recibir una identificación o un correo institucional; el no ser incluidas en las páginas web de las instituciones. Al mismo tiempo, enfrentan una alta exigencia por producir y publicar; en ocasiones les imponen horarios laborales; tienen trabas o impedimentos para realizar actividades docentes y de acompañamiento a estudiantes, o bien, no reciben una retribución económica por dichas actividades, por mencionar algunas. Todo esto resulta en una invisibilización de estas personas, porque a pesar de sus habilidades y capacidades académicas, para algunas instituciones parecen no existir. Por ejemplo, una colega con beca del antiguo Conahcyt recibió como respuesta institucional que “las instituciones receptoras no tienen ninguna obligación para proveer recurso alguno”. Con esto, las y los “posdocs” están siendo, simple y llanamente, violentados al recibir un trato diferenciado, a pesar de haber sido aceptados como investigadores visitantes por las autoridades de los centros públicos en los que se encuentran adscritos.

Hasta hace algunos meses, yo también fui “posdoc” y por eso me animo a escribir este texto: las experiencias de mis colegas nos hablan de problemáticas que necesitan atenderse. Como señala Sara Ahmed, “algunas personas no se pueden dar el lujo de alzar la voz. Si es así, entonces, tenemos que encontrar maneras de difundir sus historias”. Mi propósito no es generalizar ni dar a entender que absolutamente todas las personas que realizan estancias posdoctorales en México viven exactamente lo mismo. Al contrario. Me gustaría que este texto sirva como una invitación para pensar qué otras situaciones podrían estar ocurriendo con quienes se encuentran en una posición tan ambigua y vulnerable como lo es ser “posdoc”: ni estudiantes, ni trabajadores, ni parte de la institución. Así, a continuación presentaré tres dificultades que he identificado como muy relevantes para quienes conozco: la falta de derechos laborales, el no contar con espacios de trabajo, y la exigencia de publicar. Con la finalidad de facilitar la lectura y proteger la identidad de quienes me han compartido sus experiencias, voy a recurrir al uso de dos personajes, Paola y Mario, para desarrollar y narrar las diversas situaciones de distintas personas. Concluyo este texto con una breve reflexión.

Crédito: Belén García Monroy

Ni estabilidad, ni antigüedad, ni salubridad

Los programas de estancias posdoctorales tienen como característica principal el ser “empleos” temporales. En el caso de la Secihti, a partir de la convocatoria de 2022 las estancias son por dos años, con la posibilidad de renovarse por otros dos. En tanto, en la UNAM la estancia es por un año, con la posibilidad de renovarse por uno más. En ambos organismos, es imprescindible presentar productos académicos para que la beca sea renovada (más adelante ahondo en esta cuestión). Esta temporalidad es un factor de estrés constante puesto que las personas no tienen la tranquilidad de saber que cuentan con la seguridad ontológica de tener un ingreso fijo más allá del tiempo que dura su estancia. Además de ello, la producción de conocimientos toma tiempo, porque necesitamos leer, reflexionar, recolectar material empírico, procesarlo, y pensar cómo podemos contribuir a lo que se está discutiendo sobre nuestras problemáticas de investigación. Si bien la aplicación de políticas neoliberales ha incrementado la aceleración del tiempo del trabajo académico, para quienes realizan una estancia posdoctoral esto se agudiza porque saben que la búsqueda de una nueva fuente de ingreso no puede parar: a la par de estar haciendo investigación, tienen que buscar trabajo. A esto se suma el clientelismo y la corrupción en las instituciones. Mario, por ejemplo, piensa que no hay posibilidad de ser contratado en el sitio al que está adscrito una vez que termine su beca; lo que ha visto es que quienes han ingresado como investigadores lo han hecho por su estrecha cercanía con quién dirige el lugar. Él, al haber realizado su doctorado en el extranjero y no contar con vínculos con las personas cercanas a la dirección, sabe que tiene algunos meses para encontrar una plaza en otro lugar, hacer otro posdoc o, en el peor de los escenarios, entrar al mundo del desempleo.

Además de la falta de estabilidad laboral, tampoco existen derechos como generar antigüedad o tener acceso a servicios de salud dignos. Al ser una beca y no un trabajo, la estancia posdoctoral implica que, si algún día las personas “posdoc” encuentran una plaza o cualquier otro empleo (precario), el tiempo que pasaron siendo becarias no será considerado para su jubilación, y por supuesto que tampoco están incrementado sus fondos para vivienda ni pensión. En el caso de la UNAM, ni siquiera se ofrece acceso a los servicios del ISSSTE, sino que anualmente se contrata un servicio de seguro de gastos médicos mayores, que es totalmente impráctico para cuestiones básicas de salud, como una revisión médica o una consulta sobre un padecimiento “no grave”. Todo lo anterior coloca a personas con un alto perfil académico en una posición de gran vulnerabilidad laboral, económica y mental.

Sin un espacio propio

La impresión general de las y los colegas que me han compartido sus vivencias es que a las instituciones realmente no les importan: si bien en algunos casos sí hay una vigilancia sobre su presencia física en los lugares, otras identifican que podrían ausentarse durante meses y a nadie le importaría. Y aquí emerge un tema muy importante: muchos “posdoc” tienen que encontrar por sus propios medios en donde trabajar, puesto que las instituciones no les asignan un espacio para que puedan desarrollar sus investigaciones. Mario me comentó que cuando inició su posdoc también ingresó otra colega. A esa colega le dijeron cuál era su lugar de trabajo desde el primer día; pero a él no le asignaron un sitio y le dijeron que debía preguntarle a su “asesor” cuándo podía usar su oficina para cumplir las veinte horas presenciales que le estaban exigiendo. Si bien al cabo de unos meses le proporcionaron un espacio compartido para trabajar, Mario recuerda la situación como sumamente estresante y molesta por el trato diferenciado que recibió, y porque además tuvo que “deambular” por distintos lugares para trabajar, lo que entorpeció el avance de su investigación.

El caso de Paola es más dramático. Cuando llegó a la institución, le dijeron que podía trabajar en la biblioteca, pero que cada vez que entrara debía registrarse y dejar una identificación. Si bien la biblioteca es grande y cuenta con cubículos individuales, algunas personas de la comunidad tienen como costumbre tener reuniones presenciales o virtuales, escuchar música, comer, y hasta cantar dentro de los cubículos. Paola refiere que en varias ocasiones tuvo que pedir un cambio de cubículo porque el ruido era insoportable. Hace unos meses, la institución cambió las políticas de la biblioteca, y ahora para ingresar y tener acceso al cubículo individual es necesario dejar en la entrada la credencial de la propia institución. Esto quiere decir que si Paola quiere hacer uso del comedor, por ejemplo, tiene que sacar todas sus cosas del cubículo (porque, por supuesto, no le dieron una computadora para trabajar y tiene que llevar la suya), registrar su salida y luego volver a registrar todo una vez más para volver a ingresar después del almuerzo. Esto no es superfluo ni refiere a caprichos de personas que quieren trabajar en condiciones preferenciales: a la institución no le importa en lo más mínimo facilitar los procesos de investigación de las personas con las que se comprometió a brindarles, al menos, un espacio digno para trabajar. Pareciera que la institución asume que le está haciendo un favor a Paola, cuando ella está publicando artículos en revistas de prestigio internacional en las que el propio personal de base de la institución no suele hacerlo. Ante esta situación, Paola escribió un correo al director del centro con copia a la secretaria académica de la institución para hacerles notar la falta de un espacio adecuado de trabajo. Como pasaron varios días y no recibió ninguna respuesta, se acercó con la secretaria personal del director del centro para preguntarle si habían podido ver su solicitud y pedir una cita. Paola me comentó que la secretaria primero discutió con ella el contenido del correo, y que después le señaló que:

[…] para hacer ese tipo de solicitudes “hay jerarquías y niveles que no deben pasarse por alto”. Supongo que el comentario se debió a que en el correo marqué copia a la Secretaría Académica sin primero acercarme con el director. Pareciera que las autoridades no dan la cara. Que se aprovechan de la ambigüedad de nuestra posición laboral, y prefieren utilizar al personal administrativo para no dar detalle de situación alguna. Más allá de la falta de espacios para trabajar, este tipo de experiencias desmoralizan, generan frustración y afectan la autoestima debido a la constante desvalorización de nuestro trabajo.

Lo último que Paola me comentó fue que la secretaria académica de la institución le dijo que como “posdoc” ni siquiera tiene derecho a usar los cubículos individuales de la biblioteca, que si quería podía usar los espacios comunes. Entonces, ¿para qué hacer una estancia posdoctoral en esa institución, si lo que le ofrece es lo mismo que cualquier biblioteca pública del país? Esta desvalorización de Paola y la trivialización de su trabajo son preocupantes porque la beca que recibe procede de nuestros impuestos, al igual que el financiamiento de la institución que está incumpliendo con su compromiso de proporcionar un espacio laboral adecuado a quienes aceptó recibir como investigadoras e investigadores posdoctorales.

Publica o no hay renovación, pero de cualquier forma perece

Los temas de la inseguridad ontológica en el ingreso económico, en la atención a la salud y la falta de espacios adecuados para trabajar son fundamentales porque lo que se exige de quienes realizan una estancia posdoctoral es que produzcan y publiquen, principalmente artículos en revistas indexadas. Cualquier persona investigadora profesional, ética y comprometida de este país sabe que publicar en revistas de alto prestigio internacional no es fácil. Y aquí no voy a entrar a la discusión de la bibliomemetría porque no es el tiempo ni el lugar, pero publicar conlleva tiempo, esfuerzo y dedicación.

Cuando Mario entró al posdoc, pensó que al menos tendría un año para desarrollar su investigación y mandar dos artículos a revisión. Sin embargo, al poco tiempo le dijeron que no: tenía únicamente nueve meses para presentar al menos uno de los productos, si es que quería solicitar la renovación. Si bien esto no hizo que Mario aminorara el nivel de su trabajo, sí le produjo muchísimo estrés porque ahora tendría que trabajar más aceleradamente para tener el producto en el tiempo necesario para solicitar la renovación. Mario también reconoce que el hecho de terminar los productos a tiempo tampoco garantiza que haya una renovación de la beca: él constató como para dos colegas no hubo continuidad en su estancia.

Paola no tiene ninguna intención de renovar la beca, principalmente por la desvalorización que ha vivido en la institución, aunque sí reconoce que le preocupa no encontrar ninguna otra opción laboral. Así, también le estresa pensar que en caso de que tuviera que renovar, las personas que evalúen su expediente consideren que no ha hecho lo suficiente para merecer la renovación. De este modo, aunque Paola y Mario pueden aspirar a la renovación, les angustia pensar que, así hayan publicado más artículos en un año que muchos investigadores de planta de la institución, su futuro es sombrío. Pareciera que, en México, encontrar una plaza académica es más un tema de contactos políticos que de méritos académicos.

A modo de cierre

Espero que a lo largo de este texto aguafiestas no se me haya malinterpretado: las becas posdoctorales son un alivio para quienes terminan un doctorado y no cuentan con redes académico-políticas para que les “abran” una plaza en alguna institución. Permiten seguir haciendo investigación, así sea en condiciones de precarización y desvalorización. Sin embargo, el que las autoridades institucionales no faciliten ni apoyen los procesos de generación de conocimiento es indignante: ¿cuál es el sentido de “admitir” a alguien como “posdoc”, si no se le van a brindar las condiciones materiales mínimas necesarias para que desarrolle su trabajo? Al tener tanta presión por encontrar un empleo, las y los “posdoc” publican y publican y publican colocando como lugar de adscripción una institución que ni siquiera les proporciona una mesa para trabajar. Básicamente, estamos ante el auge de instituciones sumamente descuidadas y extractivistas en donde las personas no importan. Y por ello, quiero terminar este ejercicio quejoso invitando a quienes tienen bajo su responsabilidad a personas “posdoc” a que piensen cuáles son las contribuciones que están haciendo a sus instituciones, en términos de publicaciones y docencia, en tanto quizás ustedes no les están proporcionando las condiciones mínimas necesarias para trabajar y desarrollar todo su potencial.

Isaura Castelao-Huerta

Investigadora del Departamento de Investigaciones Educativas (DIE) del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav).

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Educación superior

3 comentarios en “La insoportable levedad del ser “posdoc”

  1. Viví una situación muy parecida cuando inicié mi carrera en la ciencia como recién egresado de una licenciatura. Todo era carencias en medio de la crisis de los 90s. Pero nunca aprendí tanto y los recuerdos son muy gratos. Me conocí mejor y supe en qué país vivía. Sin que nadie nos lo pidiera y sin beca, trabajábamos más de 10 horas al día incluidos los fines de semana. Era una época dura, pero éramos jóvenes y fuertes con unas ganas enormes de probarnos en la ciencia a la vez que agradecidos con un sistema cruel pero que nos permitía entrar a sus laboratorios.
    Años después, ya como el posdoc, viví otra situación de carencias y dificultades económicas. Nunca fui más productivo y publiqué varios artículos. Recuerdo haber trabajado la mayoría de los fines de semana. Nunca me preocupé por lo que vendría después, tener un trabajo seguro, seguridad social etc. Me bastaba el espacio que me prestaban para poder probar mi capacidad como investigador y que me reconocieran como colega. Conocí mejor el sistema científico nacional. Es lo que es. Hay lo que hay. Es limitado, jodido, cruel, incipiente, lento, conservador, feudal. Nos hemos dado el sistema científico que hemos podido, a nuestra imagen y taras históricas. Y sin embargo los recuerdos de ese momento son igualmente gratos y muchos los aprendizajes.
    Después el asunto no fue mejor, no hay donde trabajar, los institutos y las universidades son feudos y las carencias son tremendas. La burocracia es infame. Las frustraciones poner a prueba al más pintado. Hacer investigación es muy difícil y muchos terminan haciendo una especie de outsourcing de las líneas de sus antiguos directores. Ser independiente y publicar es un reto enorme. Si bien el sistema anterior no era perfecto, con el gobierno destructor de la autodenominada 4T no hubo una sola convocatoria de ciencia básica. Se redujo el presupuesto, se generó -deliberadamente- encono. La reconstrucción del sistema científico nacional tomará años
    Isaura, que triste que hasta ahora que estas de posdoc comiences a conocer el país en el que vives. Y que quieras ser parte del sistema científico en esta época de gobierno populista (que sistemáticamente a renegado del conocimiento y ha atacado a los científicos). El ánimo y ambiente que se vive en el sistema científico actual lo ha creado este gobierno anticientífico, los investigadores desde sus torres de marfil (los injubilables) y las nuevas generaciones, que solo saben gimotear y quejarse.
    Suerte

  2. Lo más grave es que casi no hay plazas de investigación en un país que necesita multiplicar por 10 el personal dedicado a la ciencia y la tecnología. Las posiciones postdoctorales están bien, pero el país debería invertir en crear posiciones permanentes por las que pudieran concursar quienes cuenten con experiencia posdoctoral.
    Por supuesto que el trato a postdocs en las instituciones debería ser el mismo que al personal de investigación. Mismos derechos y obligaciones.

  3. Mis felicitaciones por la honestidad y la valentía para contar tu experiencia y ser portavoz de otras. De vergüenza que el DIE esté involucrado en esto, particularmente porque se ha jactado de pensar en la educación y construcción de conocimiento y demeritan líneas de investigación, personas, investigaciones, etc… por no estar de moda.

    Un abrazo para ti, ‘Paola y Mario’ … esperando que encuentren el trabajo ideal para ustedes, y que así como a veces duele desromantizar las relaciones de pareja, también hay que deconstruir y desromantizar el ser investigador. No sé si sea su aspiración, pero cuando alguien hace algo con pasión, encuentra la forma de innovar para continuar haciendo lo que ama y ñoñear como se debe. Gracias de nueva cuenta ✨✨

Comentarios cerrados