Las emociones y la escuela: estar bien para aprender

La falta de atención socioemocional le está cortando los caminos a las niñas, niños y adolescentes (NNA) de México. Se trata de una seria negligencia por parte de gobiernos, tutores(as) y toda la sociedad mexicana que tiene años sin ser atendida y que, a raíz de la pandemia, se ha complicado. Esta grave omisión tiene una amplia gama de consecuencias, desde perder aprendizajes fundamentales, hasta perder la vida. Los trastornos socioemocionales son el caldo de cultivo de todo aquello que no quieres que le pase a ningún niño o niña: bajo desempeño escolar, desarrollo de adicciones y sufrir o ejercer acoso escolar o bullying. En esta entrega de la serie Las emociones y la escuela presentamos algunas conclusiones de la publicación Aprender a estar bien, estar bien para aprender, que presentamos el 25 de abril. Lo que queremos compartir ahora es que atender el bienestar socioemocional de NNA en la escuela nunca fue tan importante como lo es hoy.

Si para las adultas y los adultos la gestión de las emociones es un ejercicio complicado y delicado debido a que involucra la estima propia y una amplia capacidad autocrítica, para las niñas y los niños, quienes a menudo no han desarrollado estas habilidades, la tarea es titánica. Para muchas NNA es difícil compartir las emociones porque les da pena mostrar debilidad, especialmente si han escuchado a las personas adultas hablar una y otra vez sobre la “generación de cristal”, sobre que el mundo de ellos fue “rudo” pero que ellos y ellas están bien y sobre que después de liarse a puños las personas se vuelven amigas. Si nadie les explica que esas son tonterías y no encuentran forma de comunicar lo que están viviendo, esas emociones sin resolver acompañarán a esas niñas y niños al salir a la calle, al socializar o al querer aprender a multiplicar.

Pese a que en los últimos años se ha reducido considerablemente el estigma alrededor de la ansiedad y la depresión, las alteraciones socioemocionales más comunes, el miedo y la pena siguen siendo factores que impiden que cientos de miles de mexicanos y mexicanas busquen ayuda profesional o —por lo menos— apoyo de familiares y amigos. Si esta es la realidad de las adultas y los adultos, en edades y contextos escolares visitar la oficina de una psicóloga o psicólogo puede ser una fuente de ansiedad en sí misma. Es por ello que, como lo mostramos en nuestra investigación, es imprescindible evaluar la integridad emocional de NNA de forma proactiva.

Ilustración: Estelí Meza
Ilustración: Estelí Meza

Aprender a estar bien, estar bien para aprender

La evidencia muestra que la dimensión socioemocional media la relación entre la presencia en la escuela y los resultados en pruebas de lectura y matemáticas. Específicamente, hallamos que hay dos emociones que transmiten esta energía desde la presencialidad hacia las calificaciones: sentirse feo(a) y estar triste.

Diez preguntas del cuestionario que NNA de 10 a 15 años nos apoyaron para responder provienen de un instrumento llamado Inventario de depresión en niños (CDI por sus siglas en inglés), que fue desarrollado por la psicóloga estadunidense Maria Kovacs. Una de las preguntas mide autoimagen con tres opciones, de las cuales, el niño, niña o adolescente sólo marca una:

Me gusta cómo me veo
Hay algunas cosas de mi aspecto que no me gustan
Soy feo (fea)

Otra de las preguntas tiene como objetivo medir la tristeza de los NNA con estas tres opciones:

Estoy triste de vez en cuando
Estoy triste muchas veces
Estoy triste siempre

Pues bien: en promedio, los niños, niñas y adolescentes que marcaron “soy feo(a)” obtuvieron 16 puntos porcentuales menos en lectura en comparación con sus compañeros y compañeras que marcaron “hay algunas cosas de mi aspecto que no me gustan”, mientras que en matemáticas esta diferencia fue de 19 puntos. Según nuestro análisis, las puntuaciones d de Cohen —una medida para determinar cuánto afecta un factor a una variable— fueron de 0.74 y 0.80, respectivamente, lo que representa un tamaño de efecto grande. Lo que esto significa es que sentirse feo o fea, algo que ya es enormemente nocivo para un niño o niña, también puede ser la diferencia entre aprobar o reprobar materias relacionadas con los aprendizajes fundamentales.

En el caso de la tristeza, los NNA que marcaron “estoy triste siempre” obtuvieron un puntaje en lectura de 56.94, mientras los que marcaron “estoy triste de vez en cuando” tuvieron un promedio de 77.88, es decir, casi 21 puntos menos. Esto significa que los niños, niñas y adolescentes tristes entienden menos de lo que leen. Habrá que imaginarse el efecto acumulado que ello tiene en sus vidas.

Cabe señalar que el regreso a clases no mejoró por sí solo las puntuaciones en lenguaje y matemáticas de los niños y adolescentes que respondieron nuestro cuestionario de Equidad y regreso. Las puntuaciones mejoraron, sí —y especialmente entre los NNA que regresaron pronto a la modalidad presencial—, pero la explicación se encuentra más en el efecto que el reencuentro presencial con amigos y maestros produjo en las y los estudiantes que en un cambio de prácticas de sus maestros. Es posible que los cambios producidos en la percepción de su autoimagen hayan motivado a los estudiantes a prestar más atención o estar más receptivos a las clases de sus maestros. En todo caso, seguiremos indagando sobre esta hipótesis en futuras investigaciones.

¿Qué está pasando fuera de las escuelas?

Pese a que se produjo una reducción de las alteraciones socioemocionales debido al regreso a las aulas, no se puede ignorar que muchos estudiantes siguen experimentando cuadros prolongados de las mismas. Otro hallazgo importante de nuestro estudio es que una fuente importante de ansiedad en NNA yace en el miedo a que algo le pase a un miembro de la familia.

Esta emoción es comprensible en un contexto en el que los datos sobre los problemas asociados con la delincuencia, la violencia, las adicciones, el abuso, el machismo y las prácticas discriminatorias muestran que no se trata de fenómenos aislados. En conjunto, estructuran entornos sociales y comunitarios que atrapan a las familias y a toda la comunidad educativa en prisiones de estrés en las que el conflicto y las alteraciones del bienestar emocional son lo que ocupa la mayor parte de la atención de NNA, no su proceso de aprendizaje.

La implementación de la educación socioemocional en las escuelas es todavía muy reciente. Aunque hay programas escolares destinados a la atención de la violencia en las escuelas desde hace 15 años, y pese a que los maestros ya abordan el tema a través de contenidos de las asignaturas como Formación cívica, fue hasta 2017 que la autoridad educativa federal decidió incorporarlo en los planes y programas de estudio de educación básica, y en 2018 a la educación inicial. Desafortunadamente, la pandemia interrumpió muchos de estos procesos —incipientes, pero existentes— lo que, aunado al acceso desigual e incompleto a Aprende en casa, dejó a cientos de miles de estudiantes sin acceso a cualquier estrategia de aprendizaje o bienestar socioemocional.

Por su parte, los docentes no han contado con la formación ni el tiempo suficiente a fin de lograr el dominio de las habilidades socioemocionales (HSE), además de que los cambios recientes en el plan de estudios de preescolar, primaria y secundaria no ofrecen un modelo que lo facilite. Paralelamente a estos cambios, la SEP decidió reducir las asignaturas destinadas a la enseñanza de las HSE en las escuelas normales de dos que tenía el plan de estudios de 2018 a sólo una en los planes de 2022.

De tal modo, no existe una estrategia explícita e integral para promover, cuidar y recuperar el bienestar de las y los docentes y para fortalecer sus HSE. La Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (MejorEdu) planteó la importancia de considerarlas dentro de los programas de formación docentes y directiva de los próximos cinco años. Sin embargo, su enfoque se reduce a mejorar las interacciones con los estudiantes y la resolución de conflictos entre ellos.

Conclusión

Para que los estudiantes estén bien y logren aprender durante toda su trayectoria escolar consideramos importante que el gobierno federal avance en las siguientes cuatro líneas de política.

En primer lugar, expandir los servicios de atención al bienestar familiar a nivel local: atención primaria, de primer piso, de forma clínica y no clínica. Desde hace más de una década ha sido un objetivo del sector salud, pero es imprescindible ampliarlo mediante la articulación de todas las estrategias federales y locales para lograr la prevención, tratamiento y recuperación del bienestar emocional de las familias. Se trata de sanear el contexto.

En segundo lugar, formular estrategias de bienestar escolar. Es necesario constituir en cada entidad federativa políticas para el bienestar escolar que contemplen, como mínimo: identificar y diagnosticar la condición actual de los estudiantes; fortalecer los centros de atención, apoyo y asesoría psicológica y especializada para niñas, niños y adolescentes y; acompañar y apoyar el cambio de prácticas escolares para crear comunidades para el bienestar y el aprendizaje.

En tercer lugar, se deben alinear las políticas educativas para fortalecer la implementación de la educación socioemocional. Las más relevantes son: consolidar las prácticas de crianza afectiva y cariñosa para niñas y niños menores de tres años; extender las experiencias socioemocionales y de autoconocimiento en las políticas formación inicial y continua, asesoría y acompañamiento docente, y avanzar para que la oferta de contenidos sea pertinente con los modelos de aprendizaje socioemocional.

Finalmente, aunque no menos importante, es necesario implementar modelos de bienestar docente.

La ruta para recuperar el bienestar socioemocional y garantizar el derecho a aprender sin mella es complicada. No obstante, seguiremos insistiendo en que muchas de las causas tienen solución, o si no la tienen, al menos pueden ser administradas. Ello requiere de la colaboración de toda la comunidad educativa con la conducción de las autoridades educativas federales.

 

Antonio Villalpando
Investigador en Mexicanos Primero

Fernando Ruiz
Director de Investigación en Mexicanos Primero

Esta es la tercera y última entrega de la serie “Las emociones y la escuela”, que se basa en la investigación Equidad y Regreso elaborada por Mexicanos Primero. Aquí se puede leer la presentación de la serie y el primer artículo publicado en este mismo espacio.

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Publicado en: Educación básica