
“Gracias por ponerle nombre a lo que tantas personas vivimos”, escribió Nikte al final de un mensaje que me mandó por X en el que me compartió sus impresiones sobre mi artículo publicado de forma reciente en acceso abierto en Pedagogy, Culture & Society. Mi interés por documentar y dejar de normalizar las prácticas violentas que ocurren al interior de las instituciones de educación superior tiene sus orígenes, sobre todo, en mi propia experiencia (por ejemplo, cuando una historiadora actuó para que no me admitieran en un programa de doctorado) y en la experiencia de mis compañeras de maestría y doctorado (que entre otras cosas recibieron comentarios denostativos a su desempeño).
La publicación de “Violence in doctoral education: uncaring/uncareful practices of supervisors, co-supervisors, professors, and institutional authorities” es una reivindicación para las personas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que compartieron conmigo sus dolorosos testimonios de maltrato durante su formación, pero también para mí y para mis compañeras. Y supongo que también lo es para las miles de personas que me han escuchado hablar de él, que me han escrito (recibí mensajes de Australia, Eslovenia, Austria, Estados Unidos, además de México), lo han leído y compartido: al 4 de julio de 2025, un mes después de estar en acceso abierto, tiene 15 263 vistas. Al constatar el gran impacto de mi artículo —y recordar la insistencia de difundir mis hallazgos en español por parte de quien considero mi mentor dentro de la academia— me pareció que es momento de sacar el tema de una publicación académica y colocarlo en el debate público. Así, presento las prácticas de descuido y descuidadas que fueron referidas por ocho estudiantes de doctorado de la UNAM, cuatro mujeres y cuatro hombres, con quienes conversé en dos ocasiones en 2022 y 2023 sobre sus experiencias dentro de sus programas de doctorado.
Las prácticas de descuido y descuidadas
Hablar de cuidados en la educación superior puede parecer pueril para muchas personas. Al tener un canon cartesiano y patriarcal, la academia se ha construido como un espacio puro para la producción de conocimientos, privilegiando la razón y dejando de lado las emociones y todos aquellos pensamientos, acciones y prácticas que sostienen la vida dentro de las instituciones. A esto se suma que desde hace más de cuatro décadas prevalece un modelo económico y político que impulsa las medidas del mercado en todos los aspectos de la vida: el neoliberalismo. La racionalidad neoliberal fomenta el individualismo, la competencia y la hiperproductividad. Esto tiene consecuencias dentro de la academia porque lo relacional y lo colectivo se deja de lado, para dar paso al logro y al éxito personal. Así, en mi trabajo busco develar cómo se entreteje el canon cartesiano-patriarcal con la racionalidad neoliberal en la configuración de las prácticas académicas.
Ahora bien, las y los estudiantes de doctorado con quienes conversé percibieron, a través de prácticas de descuido y descuidadas, violencia por parte de sus tutoras y tutores principales, de integrantes de su comité tutor, de docentes de seminarios y de autoridades institucionales. Sostengo que las prácticas de descuido se producen cuando las personas son poco amables e indiferentes, o actúan de forma irreflexiva e irresponsable; en tanto, las prácticas descuidadas implican que las personas no intervienen para evitar un daño potencial, o peor aún, producen un daño. Así, el descuido implicó un trato deshumanizado y el obstaculizar la investigación. Lo descuidado estuvo compuesto por el desamparo y por el extractivismo. A continuación, presento brevemente a qué refieren estas categorías y sus prácticas.
Trato deshumanizado
El trato deshumanizado se dio a partir del reforzamiento de jerarquías, de agresiones y del menosprecio. El reforzamiento de jerarquías fue a través de tres acciones. Una, la relación entre tutor o tutora-estudiante se mantuvo vertical porque los y las estudiantes tuvieron que dirigirse a su tutor o tutora como doctor o doctora y hablarle de “usted”. Una segunda acción fue la imposibilidad de expresar la molestia por el trato recibido porque sabían que el quejarse podría impedir la obtención del grado. La tercera acción fue el establecimiento de relaciones de trámite: para el estudiantado no hubo un interés real de sus tutores y tutoras por contribuir a su formación.
Las y los estudiantes refirieron haber sido agredidas o agredidos a través de cuatro prácticas. Una, la rudeza, que hace referencia a las formas bruscas de retroalimentación. Dos, la arbitrariedad en la toma de decisiones. Tres, hubo un caso de violencia física y emocional explícita cuando una estudiante fue acorralada y humillada por su ex-tutora. Ella relató que también enfrentó la negligencia institucional, la cuarta forma de agresión, ya que escribió un relato de todo lo sucedido para el Comité de Ética de su programa, quienes invalidaron sus emociones y descartaron las afectaciones a su salud.
Finalmente, el menosprecio se caracterizó por la desvalorización de su trabajo, lo que puso en duda su capacidad. El menosprecio también fue percibido cuando algunos o algunas tutoras se enfocaron en enfatizar los puntos débiles de la investigación.
Obstaculizar la investigación
Algunas y algunos estudiantes refirieron dos prácticas que obstaculizaron el desarrollo de sus trabajos: las imposiciones y los empujones. Las imposiciones fueron muy comunes a partir de tres prácticas. La primera fue someter a la visión del o la tutora y el o la co-autora. La segunda fue forzar a las y los estudiantes a componer su comité tutor con personas elegidas por los y las tutoras principales. La tercera práctica fue obligar a cambiar a el o la tutora principal, que también es una práctica de arbitrariedad.
Los empujones incluyeron dos prácticas. Una, la presión que los y las tutoras, así como las autoridades institucionales, ejercieron sobre los y las estudiantes para que terminaran “en tiempo y forma”, sin considerar las condiciones estructurales, materiales y personales que pudieran afectarles. La segunda práctica fue condicionar a los y las estudiantes a que hicieran las cosas que los y las tutoras les pedían, o de lo contrario no les firmarían los documentos para solicitar la continuidad de sus becas.
Desamparo
El desamparo implicó tres características: no tener soporte para la carrera académica, experimentar una intermitencia o falta de seguimiento, y no recibir retroalimentación a sus avances. La falta de soporte incluyó tres cuestiones: el presentarse al posgrado sin un apoyo académico, la falta de motivación para la producción académica, y el abandono. La intermitencia o falta de seguimiento se caracterizó por la revisión de los avances una vez al semestre, dedicar muy poco tiempo a las mentorías, y dejar a los y las estudiantes plantadas. Finalmente, la falta de retroalimentación fue percibida con dos características: proporcionar un acompañamiento inadecuado y no dar recomendaciones.
Extractivismo
Finalmente, el extractivismo fue a partir de la explotación, la apropiación y el abuso de confianza. La explotación ocurrió a través de tres prácticas. Una, el involucrar a los y las estudiantes en actividades no relacionadas con sus investigaciones sin pagarles ni otorgarles una constancia/agradecimiento público por dichas actividades. La segunda fue instrumentalizar, es decir, usar a las y los estudiantes para lograr un fin. La tercera fue cuando los y las tutoras dispusieron del tiempo de sus estudiantes. Respecto a la apropiación, únicamente hubo un caso en el que un estudiante me habló de robo intelectual. El abuso de confianza ocurrió nuevamente en un caso, al percibir un estudiante que su tutora lo usaba para desahogarse de situaciones no académicas.
Comentarios finales
La persistencia de prácticas de descuido y descuidadas es supremamente perjudicial para el bienestar de quienes habitamos las IES. El trato deshumanizado genera relaciones hostiles y conflictivas, en donde no existe cercanía ni confianza. Las imposiciones y los empujones obstaculizan el avance en las investigaciones porque son un factor de presión que puede generar estrés, depresión y ansiedad. El desamparo deja a las personas en una posición de vulnerabilidad y soledad. Con las prácticas extractivistas, quienes las ejercen se benefician a costa de quienes son explotados y explotadas. Las prácticas de descuido y descuidadas son formas de violencia porque dañan a las personas por intención o por omisión. Espero que este artículo nos lleve a cuestionar nuestras prácticas y a dejar de normalizar violencias cotidianas que frecuentemente son desestimadas dentro de la academia neoliberal. Para ello, será necesario poner la vida en el centro y retomar al cuidado como una postura ética y política fundamental.
Isaura Castelao-Huerta
Investigadora del Departamento de Investigaciones Educativas (DIE) del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav).
Si eso se vive a nivel posgrado, imaginen a nivel licenciatura.
Cuando estaba eligiendo mi tema de tesis en la universidad, varios de los profesores mostraban interes en mi tema, pero nadie asumia un papel responsable para continuar con el desarrollo del mismo, muchas veces la academia actua de una manera irresponsable frente al alumnado y solo nos queda insistir hasta que alguien nos volte a ver.
Recuerdo que una maestra quien se suponia dirigiria mi tesis, en varias ocasiones me dejo planteado sin importar los motivos, cuando trate de exigirle un poco de seriedad, me dijo que tenia diarrea y que no me podia atender. Afortunadamente encontre despues de mucha busqueda a un asesor de tesis que aplico todo lo humano que me negaron los otros asesores, sin embargo creo que la academia no deberia exponer al alumnado a ese trato, ya que ello hace que muchas mentes brillantes, desistan de sus propositos.