Libros de texto gratuitos: una experiencia desde el diálogo y la coordinación

Quienes han trabajado en la elaboración de libros de textos gratuitos (LTG) saben que se trata de un proceso complejo, que demanda una cuidada y atenta labor de planificación, coordinación y articulación entre cada una de sus etapas. Por ello resultan preocupantes las noticias que recientemente se han dado a conocer sobre el rediseño de algunos de los LTG de primaria en relación con el corto periodo de tiempo, prácticamente una semana, en el que un grupo de 1882 personas de diferente formación y experiencia profesional elaboraron los contenidos de dieciocho libros de texto. De acuerdo con la convocatoria lanzada por la SEP en febrero de 2021, este proceso fue antecedido por una capacitación virtual de cinco días que culminó con la selección de quienes elaborarían materiales como secuencias didácticas, proyectos y otras modalidades de trabajo no definidas. De la lectura de las convocatorias para el diseño de contenidos, para las ilustraciones y para los evaluadores, así como del boletín No. 66 de la SEP, se desprenden los siguientes pasos del proceso:

1. Revisión de los materiales didácticos generados para seleccionar los 234 de mayor calidad a cargo de un grupo de evaluadores seleccionados por convocatoria, quienes debieron presentar un dictamen argumentado entre el 5 y el 11 de abril.

2. Edición [sic] de los materiales con resultado de evaluación favorable por grupos de especialistas de las direcciones generales de educación indígena, intercultural y bilingüe, diseño curricular y materiales educativos, junto con la participación de escuelas normales, tecnológicas y la UPN para establecer rutas de ajuste a las observaciones. Aparentemente —no se especifica— este grupo genera un borrador final [sic] de los materiales, incluyendo los ajustes, entre el 12 y el 18 de abril.

3. Incorporación de ilustraciones de los creadores visuales en los materiales didácticos que se les entregarán después de esta revisión.

4. Maquetación de los LTG. No se especifican plazos.

Tuve la oportunidad de coordinar el diseño y elaboración de los LTG para la telesecundaria (TS) a raíz de la Reforma de la educación secundaria (RES) de 2006. Era la primera vez que se renovaban los textos para esta modalidad —altamente dependiente de los materiales educativos en el aula— en un periodo de más de diez años. No sólo se trata de materiales fundamentales para la planeación y organización de la enseñanza en sus aulas precedidas por un solo maestro; en muchos casos, por tratarse de la modalidad que da servicio sobre todo a pequeñas comunidades rurales e indígenas con alto grado de marginación, son los únicos libros presentes en los hogares de los estudiantes.

Ilustración: Estelí Meza

Además de tomar como punto de partida los lineamientos y el enfoque del nuevo plan y programas de estudios de ese momento, el equipo de trabajo que se constituyó con tal fin se dio a la tarea de investigar la situación de la modalidad educativa a través de observaciones en sus aulas, con el propósito de obtener evidencias de primera mano sobre las implicaciones pedagógicas para los nuevos materiales. Este análisis nos permitió identificar las distintas dimensiones que requerían nuestra atención, como la promoción de la interacción en el aula; la necesidad de que los nuevos materiales retomaran algunos aspectos de los existentes, y el aprovechamiento de algunas características favorables de la modalidad como la existencia de grupos pequeños y la cercanía con la comunidad.

Se integraron grupos de trabajo multidisciplinarios con expertos en las didácticas de las diferentes disciplinas, docentes y pedagogos, muchos de ellos con experiencia previa en la autoría de materiales educativos. Dio inicio una intensa tarea de colaboración y diálogo entre los grupos para definir los elementos que darían coherencia, identidad y unidad a los textos para los alumnos y para el maestro de todas las asignaturas académicas de los tres grados de secundaria (veintiocho libros). Se prepararon documentos de fundamentación para las áreas disciplinares que definían, a partir del plan de estudios y de los resultados de la investigación en aulas, la concepción de aprendizaje y de enseñanza de los materiales, la propuesta de actividades en el aula, la organización didáctica, la propuesta de evaluación y su concreción en los diferentes materiales educativos (impresos, audiovisuales y digitales). Tras una serie de largas jornadas se concluyó que los nuevos textos debían ser:

a) Comprehensivos, es decir, que incluyeran actividades con cobertura curricular completa y sugerencias didácticas para docentes.

b) Autocontenidos de tal forma que, si no se disponía de infraestructura, los alumnos pudieran realizar todas las actividades con sus libros de texto.

c) Articulados con otros materiales educativos, de forma pertinente a los propósitos y relevantes para el aprendizaje atendiendo a las diferentes condiciones de infraestructura física y tecnológica de las aulas.

En conjunto, se tomaron decisiones importantes que atravesaban la organización de la actividad en el aula como la ampliación en la duración de las secuencias de aprendizaje para propiciar la reflexión sobre los temas y la conversación didáctica; la creación de tiempos curriculares transversales para la lectura; la definición de secciones comunes a todos los textos dirigidas tanto a los alumnos como a los docentes para facilitar su labor cotidiana, entre otras decisiones.

Todo este proceso fue previo a la elaboración de las secuencias didácticas, duró cuatro meses efectivos y resultó clave para establecer una ruta común en las tareas por delante. De acuerdo con la información revelada por la SEP, resulta difícil imaginar que un grupo de 1882 autores, trabajando a distancia y en aislamiento de sus colegas, pueda establecer acuerdos similares a los reseñados para elaborar actividades de aprendizaje y secciones de contenido y de evaluación que guarden un mínimo de concordancia con aquellas que les anteceden y que les suceden. Aun cuando se mantuviera la estructura de los actuales LTG, se requiere de un trabajo colegiado que llegue a acuerdos ejecutivos para construir lineamientos generales y darles seguimiento; también para vincular los distintos elementos de las lecciones, asegurar la coherencia entre ellas,  construir su progresión, y articular todos los elementos a lo largo de los diferentes libros de la serie. 

Volviendo al proyecto de TS, una vez establecidos los acuerdos generales, los grupos autorales se centraron en el estudio de los contenidos curriculares; los dosificaron y elaboraron las secuencias de aprendizaje para el libro del alumno. En paralelo, un grupo asignado a la definición de los apoyos didácticos que habrían de incorporarse en el libro para el maestro desarrollaba los contenidos correspondientes. Es importante hacer notar que, antes de iniciar con la elaboración del material, las secuencias iniciales —o prototipo— fueron probadas en aulas de telesecundaria. Este breve ensayo didáctico —como llamamos a tal actividad— nos proporcionó la oportunidad de abrir un espacio de interlocución con profesores, estudiantes y escuelas para retomar y ajustar lo necesario en la actualización de los materiales. Se diseñaron instrumentos y herramientas para dar cuenta de manera organizada de los ensayos con el fin de proporcionar información relevante para las diferentes áreas académicas y favorecer los procesos de aprendizaje centrados en el estudiante. Solamente esta actividad nos tomó un mes.

Las visitas a las aulas y el ensayo de materiales se antoja aún más sugerente cuando el rediseño, como el planteado actualmente por la SEP, no está convocado por la renovación de un plan de estudios. Surgen preguntas como ¿qué es lo que tiene que cambiar en los LTG?, ¿cuáles son las evidencias que se aportan en relación con la conveniencia de los cambios propuestos? En este sentido, la opacidad y falta de información alrededor de las razones es un desliz grave por parte de la SEP como autoridad educativa.

En el caso del proyecto de TS, las secuencias de aprendizaje, conforme avanzaba el proceso, fueron revisadas por evaluadores externos independientes, así como por la Dirección General de Materiales y de Desarrollo Curricular de la SEP. Esto permitió retroalimentar el trabajo y realizar las revisiones necesarias para asegurar la calidad de las obras.

Desde el inicio de las conversaciones entre grupos académicos se convocó a expertos en diseño editorial que presentaron propuestas para la ilustración y el diseño de la iconografía. Se seleccionó, en conjunto con la SEP, a quienes resolvían todos y cada uno de los requerimientos didáctico-pedagógicos. El trabajo en la ilustración adquirió una particular relevancia por estar ausente en los libros anteriores; por ello, se decidió trabajar en colaboración continua con los autores de los textos y retomar algunas sugerencias específicas de los mismos, de acuerdo con el nivel y desarrollo de estudiantes de esa modalidad educativa. Así, las revisiones de contenido y de estilo se realizaban en dos etapas, sin y con diseño editorial e iconográfico.

En contraste, la fragmentación de tareas propuesta por los encargados del actual rediseño de los LTG obliga a los evaluadores a trabajar sólo con contenidos, pues los materiales se ajustan antes de incorporar la propuesta visual. Tal situación es grave dado que la ilustración forma parte integral del contenido educativo y va de la mano con las actividades de aprendizaje. Es difícil entrever cómo se resolverán los temas de pertinencia y relevancia para los aprendizajes ante tal propuesta de trabajo.

En este sentido, en la elaboración de los libros de TS se aseguraba la cohesión y la transversalidad del diseño a través del diálogo permanente entre los grupos de trabajo, incluyendo a los evaluadores y diseñadores editoriales externos al equipo. El diseño y la elaboración de los libros para primer grado inició un año antes de la entrada en vigor de la RES en las aulas. El escalonamiento en la puesta en marcha de la reforma nos permitió contar con ocho meses para la elaboración de los materiales destinados a los siguientes dos grados. Si bien los tiempos pueden ser sujetos de optimización, no cabe duda de la diferencia abismal entre los procesos, tanto en cómo se tomaron decisiones, cómo se articularon las etapas y cómo se llevó a cabo cada una de ellas.

Más allá de los claroscuros que representa la historia del LTG en la política educativa, no cabe duda de que han contribuido a la ampliación de las oportunidades de aprendizaje de amplios sectores de nuestro país, especialmente los más vulnerables. Sin embargo, la falta de procesos de evaluación del papel de los LTG en las aulas es un pendiente que la autoridad educativa arrastra reforma tras reforma. El proceso de elaboración de materiales educativos no se agota en que sea plural y participativo, también debe atender a criterios derivados de la investigación educativa, sustentada en la evidencia de su papel en la interacción en el aula y, por supuesto, transita por una adecuada planeación, ejecución y evaluación que no pueden estar sujetas a los vaivenes de la retórica política del momento.

 

Enna Carvajal
Presidenta del Laboratorio LITE de Innovación en Tecnología Educativa, S.C.

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Publicado en: Educación básica