Los rankings educativos con fines de lucro: un camino sin retorno

Crédito: Estelí Meza

Si se piensa que las organizaciones a cargo de los rankings universitarios globales multianuales tienen como única función producir dichas listas, es necesario reconsiderar esa idea. En la actualidad, los rankings globales de educación superior generan ganancias económicas considerables. Los llamados tres grandes: el QS, el Times Higher Education (THE) y el Academic Ranking of World Universities (el de Shanghái), entre otros, son negocios exitosos para sus dueños. Los rankings son sólo parte de la empresa y quizás “el gancho” que mantiene ese negocio. En este artículo exponemos la manera cómo operan.

Estos rankings se han convertido en un excelente negocio y han pasado de enfocarse exclusivamente en clasificar a las instituciones de educación superior más relevantes del mundo, a ofrecer servicios de consultoría, cobrando por desarrollar estrategias para universidades y —más recientemente— ofreciendo programas de entrenamiento para salir bien librados en sus listados. Han desarrollado una manera de atraer clientes para sus centros con fines de lucro. Las instituciones de educación superior que comparten sus datos institucionales a “los imperios” de las clasificaciones deberían entender cómo funciona este negocio.

Un poco de historia

Los rankings globales universitarios surgieron en un momento muy significativo en el que la globalización se aceleró, las universidades se masificaron y la educación superior y la ciencia global se internacionalizaron. Desde 2003, estos acontecimientos habían logrado exitosamente una fuerte publicidad al mostrar y comparar las posiciones de las universidades; el momento no podía ser más oportuno porque la producción de conocimiento y la capacidad para atraer talento se volvieron la moneda de cambio clave durante esa coyuntura internacional. De hecho, los rankings ayudaron a definir a la educación superior global y al sistema científico; la evidencia proveniente de los datos comparados fue determinante. Y —por supuesto— en una era donde más de 6 millones de estudiantes salían de sus países de origen para adquirir educación, los rankings fueron usados para tomar una decisión sobre la conveniencia de instituciones y países.

La geopolitización de la educación superior y de la ciencia se aceleró en las décadas siguientes. Muchos países lanzaron su “Guerra de las Galaxias académica”, también conocidas como iniciativas de excelencia, cuyo objetivo explícito era mejorar la posición de las universidades considerando las posiciones de cada país. A pesar de múltiples cuestionamientos, los rankings mundiales de universidades son ampliamente usados. La obsesión por los rankings continúa alrededor del mundo, aun cuando la brecha entre posición y ambición puede ser irreconciliable, salvo en los casos que siempre se mantienen en los primeros lugares.

Como se mencionó, la situación geopolítica de la educación superior y la ciencia se ha acelerado, pero no a todos les va de igual manera. Los gobiernos y las universidades en el sur global son especialmente vulnerables. Ellos son cortejados por rankings a modo, dependiendo su país o región. En su turno, los rankings juegan con sus ansiedades y su deseo de alcanzar mayores audiencias; su anhelo de construir universidades de “clase mundial” y atraer estudiantes internacionales y posibles inversionistas o socios. 

Uso estratégico de los datos

Los antecedentes sobre el uso de información para medir y comparar se remontan a la fundación de los Estados modernos, a finales del siglo XIX. El entonces Buró de Educación, en Estados Unidos, comenzó a elaborar reportes sobre instituciones académicas individuales en la década de los 1870. La primera agencia de acreditación, en dicho país, se estableció en 1900. La

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) comenzó a compilar su información estadística en 1961 y el Instituto para Estadística de la Unesco se estableció en 1999. Otros espacios de información relevantes que se crearon por esas fechas son el Science Citation Index (1961), uno de los índices de citas científicas más usados en la actualidad, y el Social Sciences Citation Index, índice de citas de ciencias sociales, creado en 1966.

La estrategia de uso de información es cada vez más vital, en tanto que los gobiernos y las universidades aceptan el enfoque de la toma de decisiones a partir de la evidencia. Sin ese tipo de información, no es posible gobernar, dirigir, desarrollar, comparar y dar seguimiento a los sistemas o a las instituciones de educación superior para lograr sus objetivos y metas. Existen sistemas nacionales de educación superior, pero no existe un sistema internacional comparable y con datos confiables. De esta forma, es difícil comparar o promocionar universidades. Como resultado, los rankings internacionales se han convertido en una salida fácil para hacer esas comparaciones: son usados de esa forma y con algunos otros propósitos.

El modelo de negocios

El Academic Ranking of World Universities (ARWU), creado por la Universidad de Shanghái Jiao Tong, fue lanzado en 2003 como respuesta a una ambiciosa agenda establecida por el gobierno chino para subir sus estándares y crear “universidades de clase mundial”. Resultó un éxito de la noche a la mañana. El QS —creado por Quacquarelli Symonds— comenzó en 2004, como una colaboración con la revista británica Times Higher Education, pero se separaron en 2009. Por su parte, el THE, especializado en educación superior, fue comprado por la empresa Inflexion Private Equity Partners en 2019. Más recientemente, formó una alianza con los servicios internacionales estudiantiles: SI-UK (en 2020), con Studyportals (en 2020), y con el programa de maestría en negocios Poets & Quants (2023). Cuando esta alianza adquirió en 2022 a Inside Higher Ed —un sitio estadunidense dedicado a noticias sobre educación superior— se transformó en una empresa con carácter global. Para 2024, los tres principales rankings globales universitarios forman parte de un conglomerado de empresas con fines de lucro que ofrece un amplio rango de servicios para instituciones de educación superior alrededor del mundo.

El mismo argumento puede hacerse respecto a otros rankings. Por ejemplo, el muy influyente US News and World Report, que inició como una revista, ahora es una agencia que clasifica no sólo de universidades e instituciones de educación superior, sino servicios de salud, financieros y bancarios, viajes, automóviles, seguros y de bienes raíces, entre otros ámbitos.

La ausencia de datos comparables internacionales motivó a los rankings a establecer sus propios repositorios.Un ejemplo es el proyecto Global Institutional Profiles, creado por Clarivate (en 2009) en asociación con THE y Thompson Reuters. El involucramiento de la novedosa industria de los datos —creada para medir la productividad científica y el impacto individual de los académicos—, junto con la participación de las universidades, los sistemas nacionales y el dominio de pocas compañías con fines de lucro como Scopus o Web of Science, han agregado más mediciones para que las agencias de clasificaciones las usen. En 2014, THE estableció sus Data Points que en la actualidad incluyen 9 millones de datos de cerca de 3500 instituciones de educación superior de más de 100 países; por su parte, Shanghai Consulting ha creado lo que denomina Global Research University Profiles. De manera que la consolidación corporativa entre rankings, así como la publicación y los datos analíticos disponibles han magnificado la cantidad de información que ahora poseen las compañías que los elaboran. El acceso a estas bases de datos requiere un pago de una suscripción, aun cuando las universidades entregan su información de forma gratuita.

La recolección de datos, el depósito y los datos analíticos es un recurso y una actividad intensa. Poseer información y recursos, así como la sofisticación de las herramientas y los servicios asociados para capturar e interpretar los datos son las actividades donde yace el dinero y el verdadero poder de estas empresas. Tal y como una persona dedicada a las clasificaciones lo mencionó: “Se sabe que los rankings por sí solos no hacen dinero, nuestras empresas deben encontrar maneras de generar dinero y de financiar la hechura de los rankings. Esto no es una tarea sencilla”.

También se organizan reuniones sobre liderazgo y manejo institucional organizadas por estas compañías a lo largo del año y en diferentes regiones del mundo para, entre otras cosas, mostrar el poder y la influencia de sus consultorías. Estas reuniones incluyen talleres sobre análisis de datos y consejos para mejorar la posición de las universidades. Las instituciones de educación superior gustosamente participan en estos eventos y disfrutan del glamour que los rodea. Otro testimonio señalaba que la universidad pagaba “varios cientos de miles de euros sólo en impulsar su marca”, además de los gastos que representa el viaje para quienes participan en dichas actividades, comidas y actividades por el estilo. Y cerraba su comentario diciendo: “De hecho, para mi sorpresa, las compañías de rankings encima te cobran por el registro”.

Los servicios de consultoría de THE incluye análisis sobre el resultado de las instituciones en los rankings; resultados de sus “competidores”; revisión de las percepciones de posibles aliados; estrategias internacionales; análisis de la reputación académica global; estrategias de evaluación; revisión de la salud de su marca y estudios de sus redes de investigación. Por su parte, QS’ Consultancy Services brinda servicios similares, “datos únicos, expertise y soluciones”. Naturalmente estos arreglos son confidenciales, aunque, en el caso de THE, se anuncian los nombres de las instituciones de educación superior que usan sus servicios. QS creó el primer Sistema de ranking nacional de educación superior en la India, usando la marca: QS I-GUAGE. El ranking de Shanghái tiene un acuerdo, por su parte, con el norte de Macedonia para crear un sistema de evaluación y la misma solicitud existe para crear un sistema de QS ese tipo en la zona de las universidades de Dubái.

Hay acusaciones crecientes en el sentido de que la consultoría mejora el lugar de las instituciones de educación superior en los rankings. La pregunta que surge es: ¿se trata de “buenos consejos” o de simple conflicto de interés? También queda la duda de si el crecimiento de rankings regionales, como en el caso de la región del medio oriente y norte de África, Asia Central o de África central o en el sur del continente son simples negocios en expansión, o si esto es una estrategia para atraer a más países y universidades para usar sus servicios de consultorías bajo la promesa de mejorar en el ranking. Dudas similares aplican sobre la posible “independencia” o no de la revista/sitio de noticias Times Higher Education, que frecuentemente publica artículos sobre rankings globales.

Palabras finales

Existen beneficios mutuos entre gobiernos o universidades y las compañías de rankings. Las instituciones de educación superior están supeditadas a la mejora rápida de sus posiciones, mientras que las empresas dependen de garantizar esa mejora; el escaparate que muestre su valía puede significar la garantía para cerrar contratos. El uso estratégico de los datos llegó para quedarse, aunque sin resolver temas como la propiedad de la información, el gobierno y la regulación a nivel multilateral, los problemas de transparencia, rendición de cuentas y los estándares éticos.

Ellen Hazelkorn

Profesora emérita del Technological University Dublin en Irlanda.

Philip G. Altbach

Profesor emérito e integrante distinguido del Boston College Center for International Higher Education, en Estados Unidos.


2 comentarios en “Los rankings educativos con fines de lucro: un camino sin retorno

  1. Qué se evalúa, cómo se evalúa, y sobre todo quien evalúa, son todas decisiones políticas que sólo se vuelven técnicas una vez que se han definido. Por ejemplo, hay serias dudas sobre cómo se evalúa la productividad de los trabajadores en diferentes países; al parecer los trabajadores del primer mundo no son más productivos que los del tercero, pero suponer que esto es así permite mantener salarios bajos en el tercer mundo.

    Las evaluaciones tienen efectos que distorsionan el fenómeno que miden, sobre todo si el resultado conlleva premios o castigos. En el caso de las escuelas, terminan adaptándose para pasar la evaluación y no para realmente mejorar.

    Las evaluaciones no llegaron desde el sector de la investigación sino desde los gobiernos de Thatcher y Reagan quienes impusieron evaluar la producción científica y la educación como si fueran fábricas de salchichas. Se inventaron métricas para medir cuantos alumnos graduados o artículos publicados se producían, sin importar su calidad, con el pretexto de medir el retorno de la inversión.

    A las escuelas se les obligó a si entran 10 alumnos, deben salir 10 alumnos. es imposible asegurar eso. Se puede permitir el ingreso a todos, pero no puede asegurarse que todos lograrán los criterios de calidad. Esta regla ha obligado a las escuelas a disminuir los niveles educativos para facilitar a los alumnos terminar los cursos, engañándolos al decirles que están preparados, cuando no lo están. Como resultado los alumnos ven a la escuela como un obstáculo o un requisito incómodo que deben cumplir para ingresar al mercado laboral. Además los alumnos se molestan cuando un profesor les exige y se desquitan en las evaluaciones de la labor docente, calificándolos mal para que los corran.

    no estoy diciendo que deba reprobar todo el grupo con tal de mantener el nivel de calidad. Estoy de acuerdo en que mejorando las prácticas pedagógicas puede llevarse a más alumnos a un buen nivel; y que en el caso de alumnos que trabajan o son madres solteras o tengan rezagos educativos, se les debe dar facilidades, múltiples oportunidades y relajar la disciplina para darles a oportunidad de ponerse al corriente. Pero no puede disminuirse el nivel de exigencia, o los estamos engañando, pues una vez en el marcado laboral los empleadores dirán que vienen de escuelas patito y tendrán menos oportunidades.

    «publicar o perecer2 ha arruinado la práctica científica y no ha mejorado la innovación. los artículos más citados no son los que más amplían el campo del conocimiento, sino los que describen técnicas de laboratorio. Peter Higgs y otros ganadores de premios nobel han declarado que no habrían podido sobrevivir con las practicas científicas actuales. Además, los gobiernos han disminuido los presupuestos de investigación, obligando a los investigadores a recurrir al sector privado.

    Nos e ha mejorado la calidad de la ciencia, pero si se ha trasformado a los investigadores en empresarios y creadores de startups para poder allegarse de recursos. Esta situación tiene sus costos, Goldman Sachs sacó un reporte advirtiendo a las empresas de biotecnología que no es negocio curar a las personas, sino tratar padecimientos crónicos. El mes pasado se anunció la creación de un nuevo antibiótico, después de 30 años de que no se había descubierto ninguno nuevo porque son baratos y curan a la gente, lo que no da ganancias a las farmaceúticas. Los investigadores de la universidad de oxford pretendieron imitar al creador de la vacuna de la polio y donar su vacuna, pero Bill Gates los convenció de no hacerlo.

    Las empresas ya no quieren invertir en investigación básica y aplicada porque es muy riesgoso y quieren que los gobiernos lo hagan, o que subsidien las investigaciones.

    El tema de los antibióticos es grave porque las bacterias están desarrollando resistencia a los mismos, y las muertes por enfermedades que antes se curaban fácilmente han aumentado. Es necesario desarrollar nuevos antibióticos o recurrir a los virus bacteriófagos que han investigado en rusia.

  2. Recuerdo el caso de un profesor en una prestigiosa universidad que impartió clases a alumnos del primer semestre de la carrera de ingeniería en sistemas. Les impartía la clase de programación, Al terminar el curso, los alumnos lo reprobaron en la evaluación docente; la queja principal era «quiere que programemos como profesionales».

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