El 5 de diciembre de 2023 se dio a conocer el informe de la aplicación de la prueba PISA en 2022 en 81 países a nivel mundial. El 12 de diciembre de 2023, la Cepal llevó a cabo el lanzamiento de los resultados correspondientes a catorce países en América Latina y el Caribe: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay. El Banco Interamericano de Desarrollo publicó interesantes gráficas de información sobre los resultados de estos últimos catorce países y la OCDE elaboró —como siempre lo hace— notas para cada uno de los países participantes.
Sabíamos que la pandemia había causado estragos en la educación en el mundo y desde luego en nuestra región. Teníamos algunos indicios de la pérdida de aprendizajes, sobre todo de los básicos, los fundacionales, los indispensables para aprender: matemáticas, lectoescritura y habilidades digitales. Tenemos información sobre el aumento del abandono escolar en algunos de nuestros países. Sabemos que la pandemia aumentó los trastornos emocionales y disminuyó los aprendizajes que son producto de la convivencia. Los grupos escolares son ahora más heterogéneos debido a las diferencias en acceso a la tecnología y en el apoyo desde casa durante los años de confinamiento. Entre los problemas más graves se encuentra la exacerbación de las desigualdades.
Por eso no sorprende que en el mundo los resultados hayan bajado, entre 2018 y 2022, 15 puntos en promedio en matemáticas y 10 puntos en promedio en lectura (20 puntos equivalen a un grado escolar). Aclaro que en lo que sigue me referiré exclusivamente a los resultados de la prueba de matemáticas, pues ésta fue el área de concentración de este ciclo de aplicación. Sorprende, sí, que en América Latina las pérdidas de aprendizaje fueron menores que en Europa, a pesar de que en promedio el cierre de escuelas fue mucho más prolongado. Sin embargo, esto se debe fundamentalmente a que la caída es menos fuerte desde una menor altura. En los países europeos hubo una caída sobre todo de los niveles más altos (4 y 5), que en los países latinoamericanos tienen un porcentaje muy bajo de estudiantes.
No por ello deja de preocupar la disminución promedio de 3.5 puntos en matemáticas en doce países de la región que tienen resultados para ambos años (2018-2022), pues interrumpe una tendencia de aumento lento pero consistente.
El informe PISA 2022 confirma que el problema de bajos aprendizajes se exacerbó y que la pandemia frenó el avance hacia una mayor equidad en la distribución de los aprendizajes.

La pandemia se añade con mucha fuerza a las causas ya conocidas de bajos aprendizajes y de la inequidad educativa. En primer lugar, a la baja inversión, pero sobre todo, a un uso ineficiente y una mala distribución de los recursos. Los más ricos reciben más, los más pobres menos. Esto es claramente cierto en los niveles previos a la educación media superior, pero se mantiene en este nivel a pesar de que la población está más decantada debido al porcentaje aún elevado de jóvenes de 15 años fuera de la escuela. En México, por ejemplo —según Mejoredu— la tasa de cobertura neta de las y los jóvenes de 15 a 17 años es de sólo 62.2 % en el ciclo escolar 2020-2021. Y son especialmente privilegiados quienes proceden de los deciles superiores de ingreso y, mayoritariamente, quienes viven en las ciudades capitales de las entidades federativas.
En segundo lugar, a la falta de atención a la formación y la actualización de docentes. En México, por ejemplo, los docentes de educación media superior, nivel en el que se encuentra la mayor parte de los estudiantes de 15 años, son egresados de carreras universitarias y sólo excepcionalmente cuentan con formación pedagógica. Las prácticas docentes reflejan este vacío, pues prevalecen las clases recitativas destinadas al grupo completo, las evaluaciones memorísticas, la fragmentación de los conocimientos en asignaturas y la falta de relación entre los docentes de un mismo grupo. Después de la pandemia, estas causas no parecen estarse combatiendo.
Los resultados de PISA para América Latina y el Caribe
Los resultados de PISA para América Latina y el Caribe que más preocupan tienen que ver con la enorme cantidad de estudiantes que se encuentran por debajo del nivel 2, considerado el nivel básico para desempeñarse en la sociedad y para continuar los estudios.
En particular, en matemáticas en el grupo 1 —por debajo del nivel básico— se encuentran en promedio el 75 % de las y los estudiantes que presentaron la prueba. En los catorce países evaluados este porcentaje siempre es mayoritario: de 56 % en Chile, pasando por 66 % en México y Perú, hasta 92 % en República Dominicana. Este es el grupo que debe preocuparnos más. El grupo 1 solamente disminuye en República Dominicana y únicamente se fortalece —aumenta su puntaje promedio— en Paraguay (ambos países se encuentran en niveles muy bajos). Permanece estable en Chile, Colombia, Guatemala, Panamá, Perú y Uruguay. Y aumenta 5 % en Brasil, 6 % en Argentina, y 11 % en México, el país en el que más aumenta este grupo.
Un dato que podría parecer alentador es que las brechas entre quienes tienen el mayor y el menor puntaje se reducen en promedio en la región, permanecen estables en Colombia, Guatemala y Uruguay y aumentan en Paraguay. En ningún país aumentan. Sin embargo, la principal razón por la que la brecha disminuye, en los países en los que lo hace, se debe a la reducción del número de estudiantes que se encontraban en los niveles más altos.
Quienes se encuentran por debajo del nivel básico son también los más pobres en la escala socioeconómica mundial (perteneciendo en su mayoría al primer quintil) en Colombia, Guatemala, México, Panamá, Paraguay y Perú. Únicamente en Chile, Jamaica y República Dominicana pertenece la mayor parte al tercer quintil, lo que refleja en algunos casos un mayor nivel de bienestar del país, pero en otros, una escasa cobertura del sistema educativo.
La brecha en puntajes promedio entre el 25 % más rico y el 25 % más pobre solamente disminuye en Chile, Perú y Uruguay. En el resto de los países permanece estable. El que en ningún país aumente es también una buena noticia, pues era de esperarse un aumento de las brechas como consecuencia de la pandemia Pero lo que es cierto es que no logramos disminuirlas. La diferencia en puntos entre el primero y el cuarto cuartil es de mínimo dos grados escolares, en República Dominicana y llega hasta cuatro años y medio en Uruguay (en México es de tres grados).
Además, las y los estudiantes que PISA define como “resilientes” —los que siendo pobres logran estar en el cuartil más alto de su país en rendimiento— en sólo un caso representan el 15 %, y en el resto están entre el 8 y el 13 %. Esto significa que para la inmensa mayoría de los estudiantes de nuestra región, su origen socioeconómico resulta determinante de su logro académico.
La explicación de los bajos resultados en la región no parece ser un asunto solamente del volumen de recursos que se invierte en educación. El indicador que utiliza la OCDE es la inversión acumulada por estudiante entre 2014 y 2020, que en América Latina y el Caribe varía entre 18 700 dólares por estudiante en Paraguay y 60 600 dólares en Chile. Para República Dominicana, que tiene resultados muy bajos, es de 46 500 dólares, casi lo mismo que Uruguay, que se ocupa el segundo lugar de la región. Más importante que la cantidad de recursos invertidos es, según estos datos, la manera como se gasta y cómo se distribuye.
Muchos países aumentaron la cobertura de los estudiantes de 15 años desde la última aplicación de PISA en 2018. Esto explica la disminución de los promedios de aprendizaje y probablemente el número de estudiantes en el nivel 1 debido a que quienes recién ingresan al nivel proceden en su inmensa mayoría de los deciles de menores ingresos. Es loable que estos países, habiendo aumentando la cobertura, no hayan experimentado una disminución en los aprendizajes. Sin embargo, lo contrario también es cierto. Hay un país, México, en el que disminuye la cobertura en 100 000 estudiantes y también los aprendizajes. En México, el promedio en la prueba de matemáticas es de 14 puntos menos que en 2018 e igual que el de 2003, lo que significa un retroceso de dos décadas durante las cuales el país había logrado aumentos consistentes.
Podemos concluir que no se ha atendido adecuadamente a la base de la pirámide en nuestros países en los ciclos que anteceden a los grados en los que se encuentran inscritas las y los estudiantes de 15 años. Esto se debe a que las políticas públicas en educación no han privilegiado la equidad en los aprendizajes.
¿Qué hacer ante esta realidad?
Ya el informe de Global Education Evidence Advisory Panel (GEEAP), emitido en 2022, y orientado a la pospandemia fundamentó en estudios diversos la necesidad de atender los efectos:
- Reforzar el apoyo a las y los docentes, ofreciéndoles formación, acompañamiento y materiales adecuados.
- Evaluar los aprendizajes de las y los estudiantes y agruparlos por niveles para orientar la enseñanza al nivel en que cada grupo lo requiere. La metodología TaRL (Teaching at the Right Level), diseñada en la India y probada como efectiva en varios países del mundo, es un ejemplo de cómo atender la heterogeneidad de aprendizajes
- Privilegiar el desarrollo de habilidades fundacionales: lectoescritura, matemáticas, habilidades digitales.
- Recurrir a medidas de aceleración de los aprendizajes: grupos especiales u horas adicionales, por ejemplo.
- Hacer un uso inteligente de la tecnología disponible: no invertir en aparatos si no se puede asegurar el soporte adecuado y focalizar en la pedagogía adecuada, la que se ve facilitada por la tecnología, no la que es reemplazada por ella.
Hay tres maneras de subir los promedios: que todas y todos los estudiantes mejoren, que mejoren los de arriba y que mejoren los de abajo. La primera opción es la deseable, pero la más difícil de lograr con grupos heterogéneos. La segunda es la opción fácil y a la que suele recurrirse, consiste en atender a quienes se encuentran por encima de la media de nivel socioeconómico y de niveles de aprendizaje. Pero puesto que la educación es el mecanismo igualador social por excelencia, la última estrategia es sin duda la más indicada. Si se sube el piso, mejoran todos. En el piso están la mayor parte de nuestros estudiantes, por lo cual se trataría de dar mayor atención a los sectores más marginados con acciones como destinar mayores recursos de todo tipo, adecuar la enseñanza a las necesidades de las diversas poblaciones y brindarles mayor apoyo a las y los docentes que los atienden. Esto implica orientar las políticas públicas a la equidad en los aprendizajes en todos los niveles del sistema educativo.
Sylvia Schmelkes
Investigadora independiente
Texto presentado en el evento de Lanzamiento de PISA 2022 para América Latina y el Caribe, Cepal, llevado a cabo en Santiago de Chile, el 12 de diciembre de 2023.