Alfabetización inicial.  Niños que inventan y descubren, maestros que cuenten con guías para apoyarles

Alfabetizar a los estudiantes de primer grado de primaria en el momento actual es aceptar que los niños participan, antes de entrar a la escuela, en una serie de situaciones en las que otras personas leen, escriben o hablan de lo escrito. Desafortunadamente esta participación no es igual para todos los niños de México y es por ello que la escuela pública cobra importancia, por el compromiso de asegurar una participación uniforme en situaciones de lectura y escritura para todos los estudiantes.

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En su camino de aprender a leer y escribir, cada niño inventa un muy personal sistema de funcionamiento de lo escrito haciendo sus interpretaciones sobre cómo funciona este mundo de representación. Emilia Ferreiro nos lo ha mostrado con sus hallazgos de investigación desde la década de 1970, misma década en la que se impulsó la propuesta para la alfabetización inicial construida por investigadores del COLMEX, que llevaba por nombre Método Global de Análisis Estructural, que sustituyó la propuesta de método de la primera generación de Libros de Texto Gratuito (LTG), denominado Método ecléctico. Lo ecléctico, según Huerta Mendoza (1982), consistió en adoptar una enseñanza simultánea de lectura y escritura, de letras de imprenta y manuscrita y de las mayúsculas y minúsculas; esta propuesta didáctica en los primeros libros de alfabetización estuvo también influida por Voguel, señala el autor, quien recomendaba asociar la imagen visual con la palabra.

Actualmente contamos para enseñar con una cuarta generación de materiales para la enseñanza de la alfabetización inicial (SEP, 2011, 1993, 1972, 1960).  Sólo las dos  primeras generaciones de LTG ofrecieron un método de alfabetización inicial y, a partir de la Reforma curricular de 1993, se optó por ofrecer recursos didácticos  para acompañar los procesos de aprendizaje inicial de la lectura y la escritura, pero se descartó la idea de ofrecer un método nacional para la alfabetización inicial. Sería interesante preguntar a las personas que ahora tienen entre 20 y 30 años en México cómo aprendieron a escribir y a leer y qué recuerdan haber hecho en la escuela.

Antonio Barbosa Held publicó en 1971 una obra titulada ¿Cómo han aprendido a leer y escribir los mexicanos? Independientemente de los nombres que cada método reciba, es vigente su planteamiento, que identifica dos tipos de análisis: sintético, que exige enseñar desde los elementos convencionales mínimos del sistema (grafías o fonemas) y analítico, que exige partir de la frase u oración que enuncian una unidad de sentido para enseñar las letras.  Los métodos de 1960 y 1972 fueron analítico-sintéticos. En ese periodo educativo mexicano se centró la discusión de la enseñanza en el método, y a partir de los aportes de Ferreiro empezamos a entender el papel activo del aprendiz como inventor de un sistema propio y descubridor del sistema convencional.

¿Por qué no ofrece la SEP un método desde 1993? Discursivamente afirma que cada docente tiene libertad para elegir y construir su propio método.  Las escuelas normales antes enseñaban métodos de alfabetización, pero en conversaciones con jóvenes estudiantes de Normal y recién egresados durante la última década  comentan  que la Normal ha dejado de enseñarlos. Generalmente los nuevos docentes evitan trabajar en primer grado y la dirección escolar asigna precisamente el primer grado a un docente como “prueba” de su capacidad docente y el novato empieza a preguntar y a buscar opciones para enseñar a leer y escribir. Aquí entra en juego otro actor: las empresas editoriales que se enriquecen con la venta millonaria de manuales que ofrecen “el” método, en variadas formas de ejercicios de método sintético o analítico, que generalmente se contraponen a los principios de la propuesta curricular vigente.

¿Podría la SEP ofrecer un método nacional nuevamente? Mi respuesta es sí. Un método entendido como una posibilidad.  Si cada docente cuenta con un procedimiento que le indique cómo realizar la tarea grupal de alfabetización, reconociendo que cada estudiante que integra ese grupo puede estar en distintos momentos de su proceso de adquisición, es decir, podrían tener un mayor peso las interpretaciones personales del maestro que las interpretaciones convencionales sobre el funcionamiento del sistema de escritura. Es viable ofrecer un método que permita emplear los mismos materiales de enseñanza con diferentes exigencias para cada aprendiz. Ello es posible cuando cada docente construye su personal apropiación sobre el equilibrio –que en materia de alfabetización idealmente debería tener– de lo que ahora sabemos sobre cómo aprenden los niños (mirada psicogenética),  lo que necesitamos para acompañar procesos de enseñanza en grupos naturalmente heterogéneos (mirada pedagógica) y lo que hemos aprendido sobre las determinantes socioculturales  de las prácticas letradas (mirada social).

Como profesora de un posgrado profesionalizante en una universidad pública estatal me he encontrado en estos últimos diez años con jóvenes docentes desorientados sobre la mejor forma de proceder en la tarea de atender al reto de alfabetizar en el primer grado de primaria. He hablado con maestras frente a grupo que no fueron formados en métodos de alfabetización inicial y que cuentan cómo preguntaban e incorporaban “ideas sueltas” a su trabajo docente. He escuchado a docentes jóvenes que evitan a toda costa que les asignen el primer grado para enseñar, pero también he conocido a profes que están entusiasmados de ser titulares del primer grado cuando cuentan con recursos teóricos y metodológicos para realizar su trabajo.

En el momento actual se revisa esta cuarta generación de libros de texto gratuitos, ¿no sería posible contar con un método de alfabetización inicial como una guía para ofrecer procedimientos y recursos didácticos, así como criterios de valoración del aprendizaje infantil que apoyen la labor docente en el primer grado de educación primaria? ¿Polémico un único método? Seguramente, pero es mejor, sigo pensando, contar con una propuesta de alfabetización inicial como guía que reconozca que los niños inventan posibilidades interpretativas y reconocen convenciones, y sus docentes inventan posibilidades didácticas apoyándose en un programa integral que idealmente contemple explícitamente una fundamentación metodológica en guías didácticas  y materiales para docentes y  recursos variados para que cada estudiante participe regularmente en eventos escolares de lectura y escritura.

Alma Carrasco Altamirano es profesora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y presidenta fundadora del Consejo Puebla de Lectura AC.


Referencias

Barbosa Held, Antonio (1983). ¿Cómo han aprendido a leer y escribir los mexicanos? México: Editorial Pax-México (1ª edición, 1971).

Ferreiro, Emilia (2013).  El ingreso a la escritura y a las culturas de lo escrito. Textos de investigación, México: Siglo XXI.

Huerta Mendoza, G (1982). Los libros de Lengua Nacional y los Programas de 1957 y 1960. En: González Pedrero, E. Los libros de texto gratuitos. México: CONALITEG, pp. 99-114


10 comentarios en “Alfabetización inicial.  Niños que inventan y descubren, maestros que cuenten con guías para apoyarles

  1. Tengo 25 años y respondiendo a la pregunta de cómo aprendí a leer, recuerdo que fue hasta segundo de primaria porque los años anteriores sólo me enseñaron canciones. «Aprendí» con base en repeticiones exhaustivas y poca paciencia de la maestra. Ahora que lo pienso, fue traumática mi experiencia de alfabetización. Fue hasta la universidad que me di cuenta que no aprendí bien.
    Por otra parte, es contundente la denuncia que hace la profesora Alma y eso se agradece. Hacen falta personas -y académicos- que evidencien este tipo de situaciones que se han normalizado. Bien lo señala «la escuela pública cobra importancia, por el compromiso de asegurar una participación uniforme» en algo tan importante como la alfabetización inicial. ¡Enhorabuena!

  2. ¡Otra vez los métodos! Estoy seguro que la D. Ferreiro, en caso de que leyera el artículo de arriba, sonreiría sardónica, escéptica y tristemente exclamaría ¡Además me citan…!
    Pues qué clase de fijación pedagógica tienen algunos con “el método”. Que los maestros conocidos de esta especialista sigan sin saber cómo enseñar la lengua escrita y evadan tomar un primer año, no es problema de la falta o desconocimiento de un método, sino de la ausencia de estudio y comprensión del proceso por medio del cual se alfabetizan los sujetos, más aún, de cómo se aprenden en general los objetos culturales del curriculum. Y esto en parte es responsabilidad de ellos, pero sobre todo, culpa del sistema que los formó (ahora como licenciados), de sus escuelas normales y sus profesores.
    Hace más de una treintena de años, gracias a las investigaciones de E. Ferreiro y a la cobertura del servicio de la educación especial de aquel tiempo, enseñé a algunas generaciones de niños de primer año denominados como de «lento aprendizaje» en los llamados «grupos integrados», con simples actividades de acción y análisis sobre la lengua escrita. Unos años después, tematizando e ilustrándome acerca del asunto me quedó claro que la enseñanza de la lengua no es cuestión de métodos, y menos aún de los llamados métodos analítico, sintético, ecléctico, etc., como suficientemente se ha argumentado a partir de la investigación educativa y la experiencia pedagógica.
    Durante más de dos décadas se ha tratado de construir no un método, sino una propuesta de acceso que implique enfrentar a los aprendices de manera sagaz, sistemática, diversificada, robusta y contextuada con materiales escritos de la vida real. Se ha demostrado que, en un ambiente alfabetizador y de acción didáctica inteligente y guiada sobre lo que se lee y escribe en el mundo real, los niños pueden aprender a leer y a escribir, incluso desde los cuatro o cinco años. No se necesita un método desprofesionalizador, se requiere, como cuando aprendimos a hablar, contacto y acción sobre el objeto de conocimiento, que alguien, evidentemente el o la docente, pero también los miembros del grupo, los padres y los hermanos, nos ayuden a interactuar analíticamente con la lengua escrita.
    Recientemente, en una tertulia con otros colegas maestros, capacitadores y algún funcionario, nos lamentábamos de no haber sido capaces, en estos casi 30 años, de haber impulsado una mejora masiva nacional de la enseñanza de la lectura y la escritura o de haber fracasado en el intento. En las escuelas, públicas y privadas, se sigue enseñando con base en “planas” y dictados. Quizá la propuesta de la profesora Carrasco es producto de nuestro fracaso personal y del sistema educativo en general, y lo que comenta acerca de sus alumnos que no desean un primer grado y de los directores que continúan asignando al profesor recién llegado a primero, es la pervivencia de un sistema arraigado en unas prácticas inamovibles que no hemos podido transformar.
    No puedo creer que una especialista, utilizando un supuesto lenguaje técnico actualizado, recomiende que la SEP impulse un “método” para la enseñanza de la lectura y la escritura. Bueno, solo hay que recordar que a algún malogrado secretario de educación –excelente intelectual por cierto– se le ocurrió que había que medir, con reloj en mano, la cantidad de palabras que lee un alumno.
    Estoy seguro que eso del método para la alfabetización inicial es una simple ocurrencia de una especialista que tuvo la oportunidad de este foro en Nexos (como yo la tengo en replicarle), y que por el momento, no va a suceder. No creo que deba plantearse un retroceso educativo y pedagógico de esa naturaleza, sin embargo, vale la pena repensar lo que deseamos, no sea que se nos vaya cumpliendo.

    Rey David Cruz Velasco. Profesor de primaria. Lic., en Pedagogía. Maestro en Planeación Educativa. Formador de docentes y directivos por más de treinta años en todos los niveles de educación básica (Preescolar, primaria, secundaria, especial e indígena) Actualmente colaborando en la formación de docentes y directivos en el Colegio de Bachilleres.

    1. Usted perdió completamente el punto del artículo. La autora no defiende un método en específico, sino que señala la necesidad de dotar a los profesores de herramientas para lograr que los alumnos de primero de primaria lean y escriban. Denuncia que desde los noventas no se prepara a los docentes para esta labor y por tanto rehuyen el reto o improvisan como mejor pueden, con consecuencias nefastas para la educación.

      1. Herramientas, recursos, multiplicación de oportunidades organizadas para hacer de la lectura y la escritura oportunidades de encuentro con la lengua escrita que alimenten las invenciones y los descubrimientos infantiles.

  3. Estimada Alma: yo soy docente de preescolar y nunca he utilizado un método de alfabetización con mis alumnos. Sin embargo, brindamos experiencias de lectura y escritura siguiendo muy de cerca las investigaciones de Emilia Ferreiro (quien muchas veces ha manifestado no estar de acuerdo con los métodos). Mis alumnos aprenden cosas muy importantes del sistema de escritura en preescolar y, sin que sea un objetivo del nivel, muchos de ellos leen y escriben alfabéticamente alrededor de los cinco años. El problema me parece tiene que ver con esta obstinación de seguir métodos y querer que todos los niños aprendan a leer y escribir en el mismo momento y de la misma manera. Lo que falta en las normales es un mayor acercamiento a las investigaciones de la Dra Ferreiro y otros académicos más para que los maestros en formación adquieran las herramientas necesarias para la enseñanza del sistema de escritura. No nos equivoquemos, no se trata de métodos mágicos, se trata de una buena formación.
    Saludos.

    1. Efectivamente María, las experiencias cotidianas de lectura y escritura son fundamentales. Escribe más sobre estas formas de trabajo con estudiantes de 5 años que acompañas en su formación como lectores y escritores. Más que una obstinación la existencia de un método la veo como otra posibilidad. Gracias por tu comentario.

  4. De mis estudiantes de licenciatura solo el 10% sabe leer bien, entiende un texto y se expresa adecuadamente.
    Si en este país tuviéramos que aprobar sólo a los aptos nos queríamos sin clientes para sostener las empresas cutres que llamamos universidades y cuya razón de existir es regalar títulos.

    1. La alfabetización académica es, bien lo dices Elba, otro reto fundamental en la educación media superior y superior.

  5. Soy maestra de primaria desde hace casi 36 años y me he preocupado siempre por mi formación profesional pues realmente me gusta y disfruto lo que hago. Hablar de métodos es plantear la enseñanza desde una lógica un tanto lineal y eso es lo peor que podemos hacer. Me inicie con el método global de análisis estructural en 1980, connla misma ansiedadbque muchosbprofesores, pero con la practica, pude darme cuenta de la razon que tiene la autora al señalar la importancia de hacer que el niño reflexione entorno a lo que lee y escribe, con esta propuesta los niños realmente interpretan lo que leen desde que saborean el placer de leer, es realmente funcional y apropiado (aunque un poquito mas tardado en visibilizarse en los niños, pero en cuanto empiezan a leer realmente interpretan, analizan y lo mas importante, expresan lo que leen. Creo que la razonnde no usar esta propuesta pedagógica, es precisamente ese pánico en que entran los docentes noveles cuando el tiempo los apremia y ven que sus alumnos no han aprendido a leer. Mi consejo es que mantengan la calma, usar esa propuesta para muchos vieja, pues data de los 80s, otorgará a los docentes tranquilidad después de la tercera parte del ciclo escolar.

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