Dicen que la política es “el arte de lo posible”. Bajo esta idea, se esperaría que el Programa sectorial de educación 2020-2024 (PSE) transitara con holgura y facilidad de lo meramente deseable a lo realizable. Más allá de las definiciones que observamos en la Constitución y en las leyes de planeación de la acción de gobierno, quisiéramos que el PSE fuera la carta de navegación de todo el sector educativo: desde la gestión del sistema educativo nacional (SEN) —es decir, la Secretaría de Educación Pública (SEP)— pasando por la gestión estatal, regional y de zona hasta la gestión escolar. El PSE debería representar el conjunto de rutas por las que el sector educativo habrá de transitar para lograr el más caro de sus propósitos: “garantizar el derecho de todos a una educación de excelencia con inclusión y equidad” (p.4).
En la parte sustantiva, se observa que se cuidó la consistencia del Programa tanto en su organización interna, como con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), la Ley General de Educación, la Ley General del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros y la Ley Reglamentaria del Artículo Tercero de la CPEUM para la Mejora Continua de la Educación. Se trata de un documento habitual de planeación como los que hemos visto en al menos los dos últimos sexenios gubernamentales, con la salvedad de los énfasis que se observan en relación al pensamiento de la autodenominada 4T, lo que por otro lado es lo esperado. Esto se manifiesta de manera más explícita en el apartado de “análisis de la situación actual” y en el epílogo dedicado a “una visión de largo plazo”.

Ilustración: Gonzalo Tassier
Es difícil estar, de entrada, en desacuerdo en la dimensión declarativa general del documento. Después de la narrativa sobre el análisis del estado actual se definen seis prioridades, a saber: “educación para todas y todos, sin dejar a nadie atrás; educación de excelencia para aprendizajes significativos; maestras y maestros como agentes de la transformación educativa; entornos educativos dignos y sana convivencia; deporte para todas y todos; y rectoría del Estado en la educación y consenso social”. De estas seis prioridades se definen seis objetivos prioritarios, 30 estrategias prioritarias y 265 acciones puntuales, así como seis metas para el bienestar y sus parámetros.
El argumento que atraviesa el análisis de la situación actual y del cual se derivan de manera lógica las prioridades, objetivos y metas es que las administraciones anteriores hicieron las cosas mal, muy mal, y por ello la educación y sus instituciones no cumplieron con sus fines. El argumento se convierte en la justificación de la definición de los aspectos de planeación antes dichos.
La narrativa de los objetivos y su justificación son razonables, aunque pueden parecer verdades de Perogrullo. En la estructura del Programa se derivan los objetivos estrategias prioritarias y acciones puntuales. En particular, esperaba que aquí fuera posible observar las acciones que esta administración llevará a cabo.
El objetivo número dos señala, por ejemplo, que debe garantizarse el derecho de la población en México a una educación de excelencia, pertinente y relevante en los diferentes tipos, niveles y modalidades del sistema educativo nacional. La estrategia 2.5: vincular los resultados de las evaluaciones de logro educativo con la toma de decisiones de las autoridades educativas para mejorar la calidad y pertinencia de la educación. Y la acción puntual 2.5.5 establece que se busca construir indicadores pertinentes y relevantes para valorar los impactos de las funciones sustantivas del SEN en sus entornos locales, regionales y nacionales. Mi sorpresa al leer esto y lo que sigue en este punto del documento: ¿acaso no se han desechado las evaluaciones de logro de aprendizaje y la construcción de indicadores que ya se venían haciendo? No hay duda que se necesita mejorar, o en su caso renovar, pero esa parte no se explicita en el documento.
El Programa sectorial de educación dice: “en las reformas educativas anteriores, no se consideró prioritaria la formación, capacitación y el desarrollo profesional de las maestras y maestros de educación básica y media superior para hacer frente a los retos derivados de las políticas vigentes, las prácticas educativas emergentes y de los cambios sociales”. Estoy en desacuerdo con este enunciado. En algunas administraciones la formación profesional (inicial y en servicio) de los docentes fue prioritaria; en otras no tanto, o al menos no fue un compromiso explícito. ¿A qué se debe que al menos en los últimos 28 años no haya sido posible realizar una transformación profunda de la formación inicial de docentes de educación básica? Lo que sí es una deuda importante es la formación pedagógica para los docentes de educación media superior; existen ideas y planteamientos, pero se necesita apertura para escucharlos.
El objetivo número tres señala: “revalorizar a las maestras y los maestros como agentes fundamentales del proceso educativo, con pleno respeto a sus derechos, a partir de su desarrollo profesional, mejora continua y vocación de servicio”. No puedo estar más a favor de este enunciado. Sin embargo, al revisar las estrategias prioritarias, crecen las preguntas. La estrategia 3.1.6 establece: “Alentar en la formación inicial un equilibrio entre el conocimiento teórico y práctico necesario a la labor docente”. ¿Qué significa una acción puntual de “alentar”? Podría continuar con otros objetivos, estrategias y acciones, pero el espacio disponible es limitado.
Aunado a lo anterior, el texto dice explícitamente: “Las políticas educativas sólo resultan si se aplican de manera eficaz, organizada y consistente en las escuelas y en las aulas. En este contexto, la política educativa de la presente administración se centrará en garantizar el derecho a una educación de excelencia, inclusiva y equitativa”. Esta frase lleva a pensar que de este Programa se derivarán políticas y programas específicos para conseguir lo que se ha planteado en los objetivos, estrategias y acciones puntuales. Una pregunta pertinente es, entonces, ¿qué pasará con los programas que ya están en curso? ¿Se incorporarán, se complementan, se adaptarán?
Seguramente más de un funcionario que haya participado en la formulación de este PSE y que conozca el modus operandi del sistema educativo se habrá preguntado sobre el destino que tendrá este instrumento de planeación cuando caiga en los esquemas burocráticos. ¿Sobrevivirá? ¿Es fiel a su planteamiento inicial? ¿Qué es lo que sucede en este contexto?
Sin duda alguna es importante tener ideales y apostar por una educación distinta, pero a estas alturas de la existencia del sistema educativo muchos conocemos los molinos de viento contra los que hay que luchar para conseguir al menos un pequeño cambio. Decía Pablo Latapí, por allá en los inicios de los años noventa —y con ellos una de las reformas educativas más importantes de finales del siglo XX—, que “las reformas, los proyectos de cambio son como barquitos de papel que contienden con vendavales de los que no logran escapar y por ello suelen no llegar a buen puerto”. A pesar de esta mayúscula advertencia, el equipo en el que en su momento participé se aferró a conseguir algunos cambios. A la distancia, logramos unos, pero no otros. Modificar las estructuras del sistema educativo, las prácticas de gestión y las prácticas pedagógicas es complicado, muy difícil; con frecuencia (más de lo que uno quisiera), los equipos de trabajo tienden al desánimo. Si queremos cambiar al sistema educativo nacional para que realice sus más caros fines y objetivos será indispensable conocer su cultura: en la medida de su conocimiento estará la posibilidad de modificarla.
En este sentido, me pregunto a propósito del presente Programa sectorial, si las administraciones anteriores del gobierno federal han sido tan malas. ¿No se ha avanzado en nada? ¿Dónde queda la expansión y diversificación del SE? Entre otros avances más que es necesario identificar y reconocer; se acepten o no en la actualidad, tales antecedentes representan un punto de partida.
Sería importante proponer una evaluación del PSE 2020 de cara a su propio planteamiento: en reiteradas ocasiones en texto afirma que en estos años se pondrán las bases para el desarrollo posterior. ¿Qué significa colocar las bases hoy día? Menciono esto, sobre todo, porque éste es un planteamiento que viene de otros momentos de la historia reciente del sistema educativo.
No basta tener buenas intenciones, hay que llevarlas a la práctica. En este sentido el párrafo que atenta contra la realización del Programa sectorial de educación 2020 es el punto cuatro del documento que refiere al origen de los recursos para su instrumentación:
La totalidad de las acciones que se consideran en este PSE 2020-2024, incluyendo aquellas correspondientes a sus objetivos prioritarios, estrategias prioritarias y acciones puntuales, así como las labores de coordinación interinstitucional para la instrumentación u operación de dichas acciones y el seguimiento y reporte de las mismas, se realizarán con cargo al presupuesto autorizado de los ejecutores de gasto participantes en el presente instrumento, mientras éste tenga vigencia. (p.4)
En parte refiere, porque desde luego no es explícito, a quienes son los ejecutores de gasto participantes en el instrumento. Pero también surgen preguntas inquietantes, una de ellas: ¿por qué los estados de la República ni siquiera son mencionados en el PSE? Ellos tendrán que implementar la mayoría de las acciones puntuales mencionadas en el Programa. ¿A qué se aspira entonces, qué es lo que se busca? ¿Por qué esta omisión con un espíritu tan centralista?
El documento del PSE 2020 cuenta con 126 páginas. En sentido estricto el texto llega hasta la página 38; de las páginas 39 a la 116 se presenta una serie de cálculos de las metas para el bienestar y sus parámetros. Se plantea una visión de largo plazo cuyas implicaciones habrá que revisar con detenimiento. Para que el Programa sectorial de educación 2020 se convierta en una carta de navegación para el sistema educativo, de manera que todas las piezas necesarias para la transformación de largo plazo puedan moverse, se requiere un enfoque sistémico. Preocupa que tal enfoque es una carencia del Programa.
Margarita Zorrilla Fierro
Académica de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.
El texto es un breve pero importante acercamiento al PSE 2020, sin embargo considerando la experiencia y los cargos que ha tenido la Dra. Margarita María Zorrilla Fierro sería más interesante conocer sus propuestas para operar el programa que solo hacer notar la serie de dudas, criticas y cuestionamientos que hace al documento. Coincido con la doctora en que mejorar la educación y el Sistema Educativo Mexicano es sumamente complejo y es necesario conocer nuestra cultura educativa para avanzar hacia nuevos horizontes; no todo nuestro pasado es malo, pero vale la pena dar una oportunidad, como se hizo en las administraciones pasadas, a quienes ahora quieren poner a México y a su educación en una dirección, si no nueva diferente, apostando más por la dignidad, la preparación y el profesionalismo de las maestras y maestros en beneficio de la niñez y juventud mexicana.