Comparto algunas reflexiones en el marco de la cuarentena provocada por el Covid-19. Son producto de mi investigación y de la experiencia escolar de mi hijo, quien actualmente cursa el primer año de secundaria en una escuela pública, en torno al trabajo escolar que ahora transcurre por medio de un blog, correo electrónico, página web, chat de Whatsapp o por televisión.
Estos días han hecho evidente otros sentidos de la escuela que no son tan notorios en la normalidad. Para empezar, como eje organizador de la vida social: cuándo inicia y termina la semana, el horario de trabajo de los padres en función del horario de los hijos, por mencionar sólo algunos ejemplos. También su enorme capacidad para resguardar y cuidar a quienes asisten a ella, y que hoy se encuentran a expensas de una complejidad de circunstancias. Y por supuesto, todas las buenas esperanzas depositadas en los procesos que promueve en torno del aprendizaje y el desarrollo de los más pequeños o jóvenes de nuestra sociedad.
Sin embargo, la pandemia y consecuente cuarentena tomó al mundo por sorpresa. Seguramente una gran mayoría de quienes habitamos hoy este planeta no esperábamos experimentar de súbito el confinamiento. Ello genera diversos efectos, uno tiene que ver con el trabajo escolar en casa. Si bien este trabajo tiene las mejores expectativas, puede incentivar procesos de desigualdad y de profunda inequidad o, incluso, acentuar las ya existentes. Explico con detalle.
La escuela —en tanto una invención social de fines del siglo XIX y principios del XX— se ha masificado abanderando los más altos ideales de democracia e igualdad. En México, construir escuelas, formar maestros, proporcionar libros de texto son acciones que responden a la preocupación por igualar las condiciones tan diversas de niñas y niños a fin de colocarlos con la mayor homogeneidad posible dispuestos al aprendizaje. Si bien la escuela no ha podido borrar esas diferencias abismales, las atenúa con bastante éxito en buena parte de los casos. También garantiza que la mayoría tenga los mismos libros, cuente con un lugar especializado para el trabajo escolar y existan profesionales acompañándolos en el proceso. Hoy con el confinamiento esa igualdad está rota. Así, si en casa hay luz, televisión, internet, un dispositivo (computadora personal o teléfono inteligente), impresora, tinta y hojas, es muy probable que los estudiantes puedan desarrollar las actividades a distancia; de lo contrario, me temo, su regreso será quizás no sólo con la vergüenza del trabajo no desarrollado, sino con la vergüenza (probablemente oculta) de no haber tenido recursos para garantizar el término de las tareas académicas.

Ilustración: Víctor Solís
Si bien el trabajo enviado por televisión o internet tiene en su base la preocupación por hacer presente la escuela en la vida de las niñas y niños, acabará acentuando brechas de inequidad. Puesto que en el empeño de garantizar el logro de “los aprendizajes esperados” —como lo ha señalado el secretario de la SEP aun en estos días— se toma a la escuela y a las familias sin haber anticipado lo suficiente para resolver con éxito las demandas escolares.
En los hechos, la implementación de las tareas (y su evaluación) sucede de manera heterogénea. De la entrevista a una docena de docentes de planteles públicos (preescolar, primaria y secundaria), encontré casos donde tomarán en cuenta la lista de asistencia a videollamadas, entrega de trabajos y participación en video sesiones, hasta la recopilación de trabajos para entregarse una vez reanudadas las actividades (este es el caso de mi hijo, por cierto). En otras más es preciso enviar evidencias diarias o semanales (fotografías por Whatsapp o correo electrónico). Una maestra de primaria pública explicó: “Cada día realizan actividades referentes a los contenidos del periodo de lo que antes era Bloque IV. Llevo un registro puntual de lo que me entregan y diariamente les hago una retroalimentación. Al final de semana les hago una tabla cuantitativa donde pongo el aprendizaje esperado y ocupo los niveles consolidado, en proceso y requiere práctica […]. Es un mero disfraz porque tengo 5 alumnos que no se han contactado, ¿quisiera saber qué les voy a poner”.
Algunos otros docentes señalan alternar actividades diseñadas por ellos y otras más de la televisión enviadas a la vocal del grupo por Whatsapp; unos más dan cuenta del diseño de guías difundidas por correo electrónico. Un rasgo común de todos los entrevistados es la indicación de sus autoridades de conjuntar insumos para evaluar el último trimestre. Ello omite la diversidad de circunstancias que puedan experimentar las familias y es profundamente contradictorio con el espíritu más genuino de la escuela pública en México, pues pasa por alto el contexto socioeconómico de los alumnos y la imperativa adaptación del trabajo a dichas características. En este sentido sería deseable hacer algunas preguntas antes de continuar con este tipo de estrategias hasta ahora desarrolladas por la autoridad federal y subsecuentes.
Por ejemplo: ¿Cómo sabemos que cada alumna y alumno del plantel posee luz, televisión, acceso a internet en casa o que cuenta con los recursos necesarios para salir a comprar lo necesario y trabajar desde su domicilio? ¿Cómo garantizamos que los estudiantes no tendrán que salir de casa para ir al “ciber” a ver el programa, para imprimir o buscar información? En todo caso, ¿asumiremos las consecuencias de exponerlos a salir de sus domicilios? ¿Cómo garantizamos que ningún padre o madre perdió el empleo o se quedó con medio salario y que cuenta con la solvencia económica para pagar la luz, el internet, las impresiones, las tintas, las hojas? ¿De qué manera podemos asegurar que la posible falta de dinero, de recursos materiales, la estrechez de los espacios no redunda en situaciones de violencia familiar en contra de nuestras alumnas y nuestros alumnos, que crecerán más como consecuencia de la significativa carga de actividades escolares? Actividades que, por cierto, requieren para su resolución del buen acompañamiento de los padres, un espacio, recursos económicos y tecnológicos para desarrollarlos a fin de ser bien evaluados. Por último, ¿cómo aseguramos que nuestros alumnos o alguien de su familia no enfermó y comprometió la vida “cotidiana” de la familia y del estudiante?
Si no es posible garantizar por lo menos la información sobre la salud de las y los niños y jóvenes que participan en el sistema educativo nacional, me temo que las actividades y su evaluación son incluso contra derecho. Acentuarán la inequidad y acabarán otorgando las mejores notas no a los estudiantes, sino a sus condiciones —como si regresáramos un siglo de desigualdades.
Tal vez sea momento de repensar el sentido de la escuela y sus aprendizajes en momentos tan críticos como los que estamos enfrentando. Tal vez el mejor aprendizaje que pueda dejar la institución y sus docentes sea el propio valor de la vida de todas y todos, el reconocimiento real a la diversidad y el respeto y la solidaridad por las circunstancias que atraviesan las familias.
Sería deseable pensar sobre lo que los estudiantes pueden aprender de esta por demás dramática experiencia. Una estrategia de métodos globalizados, por ejemplo, podría servir:
“Hojea tus libros de geografía, de ciencias (biología, química), de historia, de matemáticas, de este o de otros años, y reflexiona ¿qué temas de los que vienen ahí se relacionan con lo que está viviendo el mundo y nuestro país ahora? ¿Qué explicaciones te pueden ayudar a construir sobre las posibles causas de esta pandemia y las consecuencias para la humanidad en los años próximos? Por favor, concentra tu esfuerzo para escribir una o dos cuartillas”.
Tal vez es momento de enseñar la solidaridad, el cariño y la fraternidad por encima de la responsabilidad. Enfrentamos ahora una circunstancia de excepción, sería congruente que la escuela actuara también de forma excepcional y podríamos entonces agregar a la consigna:
“Si no puedes llevar a cabo esta tarea no te preocupes, lo de mayor prioridad es que te cuides, que tus seres queridos estén bien, y verte de regreso en el aula nos dará mucho gusto y eso es suficiente”.
Ello también supone repensar la urgencia por regresar a clases el 1º de junio, pues el mes y medio de trabajo que se estima no será suficiente para “garantizar” los aprendizajes del tercer trimestre. Lo realmente prioritario es la integridad de cada alumna y alumno y ello supone minimizar los riesgos de contagio, ¿de qué le servirá a alguien un tercer trimestre escolar concluido si le va la vida de por medio? ¿Qué sentido tiene arriesgar a las maestras y maestros, cuyo valor nos lo ha hecho notar esta cuarentena?
Quizás es momento de que la escuela se detenga por un momento, deje el apremio por los aprendizajes del currículum y enseñe a partir de la complejidad de la vida que hoy nos toca vivir.
María Elena Gómez Tagle Mondragón
Estudiante del Doctorado en Ciencias en la Especialidad de Investigaciones Educativas en el Departamento de Investigaciones Educativas del CINVESTAV.
Excelente aporte. Confrontación con Jorge Larrosa
Por desgracia la Secretaría de educación no está tomando en cuenta lo difícil que es trabajar, cuando día a día nos enteramos de amigos y familiares que están perdiendo esta batalla. Cómo dar ánimo a nuestros estudiantes, cuando no lo tenemos; no es sólo una metodología, es una absoluta desigualdad y sin embargo aquí estamos, dando la cara a nuestra labor, anhelando un regreso que cada día se complica más.
Exelente artículo, sería bueno que esto lo leyera el Srio de educación Esteban Moctezuma Barragán y se reeplanteara que es más importante lograr los aprendizajes esperados o la salud de las familias mexicanas, al final muchos de los alumnos en su trayecto formativo pierden de uno a más años de formación académica, el cerrar el ciclo escolar es por hoy la decisión más sensata
Totalmente de acuerdo con el artículo; soy maestro desde hace 33 años y puedo decir que en ocasiones el aprendizaje de los contenidos debe dejar lugar para otro tipo de experiencias. El momento actual nos debe permitir a práctica de valores y el desarrollo de habilidades necesarias para retomar la buena convivencia humano. Creo que las autoridades escolares han mostrado sensibilidad ante el momento que vivimos; si bien han buscado diseñar los mecanismos para que todos los alumnos se apropien de los contenidos, también el secretario de educación ha expresado (en los vídeos dirigidos a los maestros ) la necesidad de comprender a nuestros alumnos y buscar la manera de evaluar otros tipos de aprendizajes
Felicidades por el artículo
Excelente reflexión. Desde mi experiencia, la pandemia desvela el desinterés de un gran sector del magisterio por lograr avanzar al parejo de las nuevas innovaciones pedagógicas existentes gracias a la tecnología, la apatía de las autoridades por escuchar a proyectos surgidos desde las aulas para expandir la escuela, derribando sus muros y llegar a casa de cada alumno en forma personalizada y apegándose a las posibilidades de cada uno, en su lugar dan acceso a nuevos negocios con las corporaciones internacionales. En mi caso, logré desde hace tiempo la construcción de la educación a distancia a través de Edublog, alcé la voz para hacer expandir mi propuesta, ahora me siento como un nuevo Noé, tenía mi barca lista y conseguí zarpar con mi grupo y sus familias. Continuamos con la construcción de nuestros aprendizajes.
Excelente aportacion , Totalmente de acuerdo ,mucha angustia y frustración de las familias que ni para comer tienen y los Maestros que tienen que disponer de sus aportaciones personales para conservar su trabajo y callarse tanta angustia de los padres.
Muy acertado; y concuerdo con profr. Lorenzo Ini que vivimos en una total desigualdad, pero aún así seguimos nosotros docentes buscando medios para hacer lo posible por cumplirle al sistema, aunque la vida se nos vaya en ello.
Sin embargo, no todas las escuelas caen dentro del paradigma oficial de «escuela pública» altamente «preocupada» por los «aprendizajes esperados». Algunos hemos interpretado el proceso escolar como un invento artificial, no de fin del siglo 19, sino que que data desde la época del Despotismo Ilustrado en Europa.
Así, algunos hemos cumplido los estándares de la normatividad oficial; pero, dando prioridad al desarrollo humano de los alumnos; a quienes, les es imposible desligarse de su naturaleza lúdica infantil, que es en realidad un resorte propulsor de aprendizajes significativos y verdaderos.
Pensando en esto, y en la medida de las posibilidades, algunos hemos implementado las condiciones para que desde antes de la pandemia actual, los alumnos usaran las TICs como herramientas, no como fines. Es por ello, que me resulta injusto que a los alumnos, a los que se les ha preparado para comprender a Alvin Toffller, que dice «Lo único que no cambia, es el cambio»; ahora, se les quiera evitar la oportunidad de aprender de manera natural, con uso de las TICs en un medio ambiente hostil. Tenemos que revolucionar el sentido tradicional de la escuela y otear más allá de lo tradicional.
No nos alegra la situación actual, en ningún sentido; pero nos motiva a confiar en la creatividad y en su amplio acervo cultural de nuestros docentes y, sobre todo, en la increíble capacidad de resilencia de nuestros alumnos, quienes, juntos, y en compañía de sus familias venceremos esta adversidad y cualquier otra que se nos presente si tenemos al amor y a la pedagogía, como nuestras armas de destrucción de miedos, mitos y realidades adversas.
Que viva la Vida.
Es verdad que solo el secretario de la educación solo ve el interés por los contenidos escolares, la carga de trabajo en los alumnos es mucha y además está desfasado porque el video de 4to año lo ve también el de 2do año solo cambia las preguntas. No es la misma percepción dé edades comentario que de igual manera me lo hacen llegar madres y padres de familia aunado a la tarea de Educación Física que es mi materia piden que no les deje más trabajo por falta de tiempo y atención para con sus hijos y es una actividad por semana pero aún así es carga de trabajo para los padres de familia. A los alumnos les pido que aprendan a realizar bien una limpieza corporal, una limpieza de casa y sobretodo tener un respeto, una tolerancia y una empatía primero familiar y después entre vecinos.
Triste realidad, todos estamos en el mismo mar, pero con diferentes medios para remar, las comunidades rurales, siempre al final! Muy bonito reflexión
Interesante artículo. El tema de la desigualdad ha estado presente en toda la historia de la educación y más en un país como México. También el tema del rol docente. Son muchos maestros y maestras que tienen la preocupación de la empatía con sus alumnos y a la par cargan con el peso de los aprendizajes (que por cierto es también la sociedad quienes lo demandan). Supongo que esta contingencia sanitaria intensifica los temas
Excelente reflexión! Es aquí cuando el enfoque humanista y la educación socioemocional del que tanto habla en sus “propuestas vanguardistas”, el sistema educativo en México, tendría que ser aplicado en el contexto real.
Interesante análisis, documentada y con una visión humanista
Excelente artículo, felicitaciones. Pone el dedo en la llaga de una sociedad desigual y de un gobierno que improvisa soluciones educativas irreales y fuera de contexto. La vida es el bien más preciado, pero también la dignidad y la salud de las personas. Al final, la simulación educativa continuará prevaleciendo en un país sin proyecto de Estado, apostando a las falacias de la demagogia y a las ocurrencias pistorescas del presidente ¿Hasta cuándo se va a tomar en serio la educación en México?
Estupendo y real articulo porque nos lleva a ver una realidad vivida con los alumnos que atraviesan por una gran problemática en su diario vivir y qque aunque quisiera muchas veces no puede cumplir con sus propósitos escolares, aunque la filosofia humanista es fundamental en los programas, la realidad es otra.
María Elena Gómez Tagle Mondragón , pone el dedo en la llaga,. Totalmente concuerdo hay angustia y frustración con las familias que apenas comen, hay maestros que tienen poner de lo poco que ganan para seguir trabajando en un sistema educativo que los vé como las piezas de ajedrez (peones) y que ni siquiera toman en cuenta los esfuerzos que tienen que hacer los padres.