Una década de la Sociedad de Estudiantes de El Colegio de México

Crédito de la imagen: Estelí Meza

Nuestros futuros maestros

El 26 de septiembre de 2014 es una fecha dolorosa en la historia de México, ya que desaparecieron 43 normalistas que estudiaban para ser maestros. Ha pasado más de una década y no hay claridad sobre lo que ocurrió en ese momento, ni sobre su paradero.. A los pocos días, profesores, trabajadores y estudiantes de El Colegio de México coincidimos en una asamblea —algo raro en la institución— dialogando sobre qué podríamos hacer al respecto. El 31 de octubre los estudiantes invitaron a padres y compañeros de Ayotzinapa para hablar con la comunidad de El Colegio y organizaron una velada por los desaparecidos, ante la cercanía del 2 de noviembre. En la explanada de la institución, se colocaron ofrendas, 43 sillas y libros para esperar a “nuestros futuros maestros”. Estas imágenes, tan repetidas en otras universidades y espacios públicos, no lo eran en esta institución, reconocida por sus logros asociados a “la excelencia académica”, pero menos visible por sus movimientos de “agencia estudiantil”. Me pregunto qué detonó esta tragedia de desaparición en la conciencia de diferentes estudiantes del Colmex.

En 2015 un grupo de estudiantes conformó la Sociedad de Estudiantes del Colmex (SECOLMEX) y continuaron con su activismo acompañando de diferentes formas la búsqueda de “los 43”. Convocaron a diálogos, marchas y extendieron invitaciones a estudiantes, profesores y personas cercanas a los 43 para escribir sobre la desaparición forzada de los normalistas y de cientos de miles de mexicanos. 

Reglamento de estudiantes: sin escuchar a la comunidad estudiantil

En 2016, establecimos vínculos entre la SECOLMEX y la Asociación de Académicos Daniel Cosío Villegas (AADCV), y se reconoció que era necesario tener más diálogos con la población estudiantil. Por ello, en mayo organizamos colectivamente una mesa redonda sobre “El papel de los estudiantes en el COLMEX”, en la cual cuatro estudiantes y cuatro profesores dialogamos públicamente sobre elementos del entorno que compartimos institucionalmente. La demanda principal fue que los alumnos fueran tomados en cuenta por la comunidad, tanto en cuerpos colegiados de decisión, como en la creación de un Reglamento para Estudiantes, pues se había excluido a los alumnos como coautores. Uno de los participantes usó irónicamente la expresión “síndrome de estocolmex”, para aludir a vínculos complejos que se establecían entre estudiantes presionados excesivamente con métodos algo rígidos y docentes practicantes de dichas formas de “estimular altos rendimientos”. Por ello, uno de los profesores del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA) alertó que, en la búsqueda de “excelencia académica”, podría infiltrarse la violencia psicológica si no se acotaban de manera clara los contenidos de ambas palabras al combinarse.

A esta mesa invitamos a la comunidad en general, pero hubo poca asistencia de docentes, a pesar de que la presidenta de la institución nos comentó que ojalá fueran quienes desempeñaran labores de coordinación académica en los diferentes centros, algo que no sucedió. Una de las profesoras, cuestionó que, si era un espacio tan rígido, como parecía el relato de de quienes fungieron como ponentes, ¿qué los motivaba a estudiar ahí? El estudiante más joven de la mesa comentó que las altas expectativas laborales que podría anticipar con un título de esta institución lo llevaban a adaptarse a las formas de trabajo del Colegio.

Paro activo: buscando ser tomados en cuenta

Cerca de iniciar el último bimestre de 2016, circuló un comunicado institucional informando que el reglamento de estudiantes entraría en vigor a principios de noviembre. Al sentirse excluidos, las y los estudiantes convocaron a mesas de diálogo con profesores y profesoras el 31 de octubre, convocatoria a la cual respondieron no más de diez profesores, a pesar de que se les envió a más de 100. Por ende, la comunidad estudiantil propuso un paro activo para el 6 de noviembre, con el lema #Un díasinestudiantes y acordaron que fuera activo, pues temían que por presiones disciplinarias hubiera represalias por no asistir a clases.

Por ello convocaron a organizar mesas redondas en la explanada de la institución con la participación de docentes y estudiantes. Esa reunión fue más concurrida por esos últimos, e incluso hubo profesores que les comentaban a estudiantes que “debían obedecer a quienes tienen más experiencia”, mientras que algunos estudiantes argumentaban que “si realmente eran tan brillantes los estudiantes del Colmex” (ante la presión de la excelencia académica a la que estaban expuestos), con más razón sentían que los debían tomar en cuenta. Con la compañía de uno de sus profesores, los estudiantes elaboraron una propuesta de cambios, adaptaciones y modificaciones al reglamento, que tenía que pasar por un consejo académico; vale la pena mencionar que en el mismo los estudiantes no participaban y no eran invitados a conversar. No fue extraño que la segunda versión de un reglamento (que pasó por el consejo académico y otras instancias, antes de llegar a la junta de gobierno) se difundiera hasta 2023, sin cambios sustanciales desde la lógica de lo que propuso la comunidad estudiantil.

Estudiantes de propedéutico

En 2016, se vivió una experiencia CEDUA del Colmex, debido a que siete estudiantes fueron dados de baja luego de un curso propedéutico para la maestría en demografía, al margen de que ya habían pasado el examen de admisión y de que el propedéutico tiene como propósito familiarizar en elementos básicos de matemáticas y estadística a quienes vienen de ciencias sociales, así como en sociología y en antropología, a quienes están formados en matemáticas y economía. Al enterarnos de esta situación inusual en los antecedentes del centro, varios profesores solicitamos una aclaración. Las respuestas de la junta que evaluó no fueron transparentes, y por lo mismo, solicitamos la opinión y posicionamiento de quien ocupaba la defensoría de derechos de la comunidad. Esta persona recibió solicitudes de cuatro de los estudiantes y de un profesor para emitir su opinión sobre el procedimiento y su diagnóstico fue que se estaban violentado los derechos de la dicha comunidad estudiantil. La respuesta oficial del Centro fue darles la opción de regresar dos años después (cuando entrara una nueva generación), por lo que seis de las personas dadas de baja, ejercieron su ‘agencia estudiantil’, exigiendo medidas más flexibles pues ellos no eran responsables de los posibles errores o confusiones de sus docentes. Al cambiar la coordinación de la maestría, no cambió la violencia psicológica con la que fueron tratados y tomaron diferentes medidas.

Vale la pena señalar que dos de los siete estudiantes en cuestión ingresaron a la maestría con casi cuatro meses de retraso, con la mayor carga académica que ello les implicó, pero a su vez con la cercanía de profesores que les compartieron cursos en tiempos especiales para cubrir los requisitos de la maestría. Dos optaron por regresar dos años después para iniciar su maestría en igualdad de condiciones con el resto de su generación, uno se fue a cursar la maestría a la UNAM y de dos más no tengo información. Era interesante e inquietante felicitarlos “por su agencia estudiantil” y que me preguntaran ¿y eso de qué trata? Es decir, demandaban respeto a sus derechos, pero no lo nombraban ejercicio de agencia estudiantil.

Criterios de evaluación y costos en la salud de personas evaluadas

En enero de 2017 la AADCV y la SECOLMEX organizaron una nueva mesa redonda de manera conjunta, alrededor del posible efecto en la salud que tienen los criterios de evaluación centrados en becas, estímulos económicos y otras prerrogativas. La investigadora invitada (de la UAM-X) para este tema tiene una larga experiencia, trabajando con personal académico, expuesto a criterios de evaluación que condicionan el nivel académico que se ostenta y —a la par— el monto de los ingresos que reciben. Como ella no trabaja con población estudiantil, invitamos a estudiantes de diferentes centros, con el fin de compartir percepciones y experiencias sobre el posible efecto de los criterios de evaluación, desde la excelencia académica, como lo es el hecho de ser dado de baja por reprobar una materia o bien, perder la beca, por tener un promedio menor a ocho (lo cual está en el reglamento).

Fue interesante la participación estudiantil; una persona habló desde su propia experiencia de salud y enfermedad, en donde más que acompañarlo para resolver un problema de piedras renales, le cuestionaban cómo iba a resolver sus compromisos escolares. Los otros tres estudiantes (de otros tantos centros) presentaron resultados de una encuesta que implementaron sobre el tema de la mesa entre población cursando diferentes programas en los centros de estudios del Colmex. Mostraron diferencias por sexo, edad y programa, si bien en el debate se cuestionó ‘el rigor de su encuesta’ más que la pertinencia de los temas que trataron. ¿Qué hizo desde entonces la comunidad estudiantil?

Apuntes para seguir reflexionando

Para empezar, la SECOLMEX ya no existe, aunque sí algunos colectivos que abogan por temas específicos aeliminar: el acoso sexual; la discriminación étnica o por género; defensa de Palestina, entre otros temas, si bien no hay uno que abogue por los derechos de estudiantes a ser reconocidos en órganos colegiados o en la prevención de la violencia psicológica asociada a cargas académicas aparentemente justificadas por la búsqueda de ‘la excelencia académica’. Considero que el poco tiempo del que disponen para organizarse, por las cargas académicas, los lleva a centrarse en estrategias para cumplir con las expectativas de la institución y a la vez, les dificulta crear un acervo del camino recorrido previamente, para ser alimentado por las generaciones siguientes.

Predominan los silencios de las autoridades ante demandas por violencia psicológica, los silencios del personal académico sobre estos problemas y el de las y los estudiantes que asumen que es la única forma de sobrevivir en una institución de “excelencia académica”, presidida por una exalumna de ésta. Resultan relevantes las estrategias de resistencia de la comunidad estudiantil, como lo fue una mesa sobre violencia psicológica en la institución (2019), un documento con propuestas para prevenirla (2019) e incluso protestas en la sección de dedicatorias y agradecimientos de sus tesis (2020 y 2024). Mi lectura de la agencia estudiantil no pretende hablar por ellas y ellos sino festejar su compañía en la vida académica y seguir documentando sus aportes al dignificar nuestros intercambios.

Juan Guillermo Figueroa Perea

Profesor-investigador en El Colegio de México desde 1994 y profesor de asignatura en la UNAM desde 1983.

[1] Le agradezco a Bianca Pérez, su acompañamiento para documentar estos ejercicios de agencia estudiantil.

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Publicado en: Reforma Educativa