Como quedó en evidencia hace algunas semanas durante su bochornosa comparecencia ante el Senado de Estados Unidos, Betsy DeVos, la flamante Secretaria de Educación de ese país, será como muchos en el gabinete del presidente Trump: una funcionaria inexperta –acaso la más inexperta de todos—que no brilla por su trayectoria o su inteligencia sino por su valor en oro. La comparecencia fue un ritual inconsecuente que el partido republicano le puso a modo. De la boca de los senadores republicanos no salían más que lisonjas por su labor filantrópica o, como sería más correcto decir, filantrocapitalista (a saber, dedicarse a las buenas obras sin renunciar a producir con ellas sustanciosos dividendos). Los demócratas, en cambio, le plantaron cara. Cada vez que tomaba la palabra un senador demócrata, la tonada, muy justa, era la misma: es usted una advenediza en temas de educación y además sus inversiones en empresas educativas con fines de lucro están en conflicto con el cargo que pretende asumir. Se trataron otros temas: su apoyo a organizaciones que defienden abiertamente la terapia de conversión como “remedio” al “problema” de la homosexualidad; sus aproximadamente 200 millones de dólares en donaciones a las arcas republicanas; sus propuestas (inexistentes) para mantener a raya a las universidades fraudulentas que se benefician de los subsidios federales como la Trump University; su opinión con respecto al problema de las armas en las escuelas, opinión, por cierto, que dejó perplejo a todo el Senado y permitió entrever la larga sombra de la National Rifle Association, entre otros.

Leer más

Leer completo

Desde finales de los años ochenta1 hemos presenciado la rápida expansión del sector privado en la educación superior. La educación superior privada ha experimentado un crecimiento de más del doble en lo que va del siglo XXI –concentrando actualmente al 33% de la matrícula de educación superior total del país–. De hecho, siete de cada 10 instituciones de educación superior en México pertenecen al sector privado. Pero uno de los fenómenos más importantes de los últimos 15 años de la oferta privada es el relacionado con la nueva tendencia de regionalización y dispersión territorial de la oferta educativa, caracterizada por rebasar los límites de las ciudades y expandirse hacia las zonas no metropolitanas de los estados.

Leer más

Leer completo

América Latina es la región del mundo con una mayor participación de matrícula privada dentro del total de la matrícula de educación terciaria. Según la cifra más reciente de la UNESCO, los 18 países latinoamericanos, exceptuando a Cuba, poseen una matrícula privada promedio de un 45% la cual, puesta al día para cada uno de ellos, podría estimarse ascendería a un 50% o más. Las cifras nacionales oscilan entre un 14% en el caso de Uruguay y un 84% para el caso a Chile. De hecho, puede decirse que en varios países de la región,  la expansión, masificación y, en ciertos casos, universalización de la educación terciaria fue producto de procesos de privatización de la provisión. En un sentido podría afirmarse que ha culminado una amplia fase de expansión privatizada de la cobertura que se inició en los años ochenta y que estuvo acompañada por numerosas transformaciones en cuanto al financiamiento y la provisión de la educación superior, así como la multiplicación de los diplomas (títulos y grados) y el crecimiento de la heterogeneidad de los productos y servicios provistos y la calidad de los mismos.

Leer más

Leer completo