El mes de agosto del año pasado —en este mismo blog— escribí acerca del nuevo modelo educativo que no pisaría las aulas. Aquel artículo, más que una predicción de lo incuestionable, explicaba una preocupación por la incapacidad que había tenido el gobierno en turno para establecer una reforma que realmente permeara los salones de clases. En aquel momento ya se vislumbraba que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador entraría para revocar los planteamientos de la “reforma peñista”, quizás el más importante: la Ley General del Servicio Profesional Docente; otras de sus propuestas para la transformación en materia educativa fueron: la creación de las 100 universidades públicas por parte del gobierno federal y las becas “Benito Juárez” para evitar la deserción escolar a nivel medio superior. Todas esas propuestas son hoy una realidad. Sin embargo, en este artículo indago únicamente los aspectos de la “reforma lópez-obradorista” que apuntan a sustituir al anterior “Nuevo Modelo Educativo” o que de manera explícita hablan de cambios a llevarse a cabo en las aulas. Para ello, exploro qué propuestas específicas ha planteado el gobierno en materia pedagógica o curricular para la educación básica, e indago en qué medida cumplen los criterios necesarios para promover cambio en el aula.

Ilustración: Raquel Moreno

La propuesta pedagógico/curricular del actual gobierno se llama “nueva escuela mexicana” (NEM). Para entender de qué trata la NEM, la información ha caído a cuenta gotas. El secretario de educación, Esteban Moctezuma, presentó a la NEM como un modelo que ofrecerá: “una educación humanista, integral y para la vida, que no solo enseñe asignaturas tradicionales, sino que considere el aprendizaje de una cultura de paz, activación física, deporte escolar, arte, música y, fundamentalmente, civismo e inclusión”. Los planteamientos más prácticos sobre la NEM fueron comentados por el subsecretario de educación Gilberto Guevara Niebla quién sugirió que: “la estrategia será aumentar las escuelas de tiempo completo; instrumentar un mecanismo para entregar de manera directa los recursos de la SEP a las escuelas; dotarlas con servicios de cocina, comedor y alimentación en las zonas más pobres; y asegurar que tengan infraestructura digna, con energía eléctrica, agua potable, baños limpios, y conexión a internet.”

En un artículo reciente Eduardo Andrade —actual Director General de Profesiones de la Secretaría de Educación Pública— escribió que la NEM será un modelo que se alineará a los cambios realizados al artículo 3ero constitucional y que por ello: tendrá una visión regionalizada, que tome en cuenta las realidades económicas, geográficas, sociales y culturales de las diferentes zonas del país. Añade que incluirá, y enfatiza, por primera vez la perspectiva de género en los planes y programas de estudio. En la NEM se tendrán contenidos para las ciencias y las humanidades con orientación a la: “la enseñanza de las matemáticas, la lecto-escritura, la literacidad, la historia, la geografía, el civismo, la filosofía, la tecnología, la innovación, las lenguas indígenas de nuestro país, las lenguas extranjeras, la educación física, el deporte, las artes, la música, la promoción de estilos de vida saludables, la educación sexual y reproductiva y el cuidado al medio ambiente, entre otras.” A pesar de la información antes mencionada, hasta el momento no se conocen detalles puntuales y de fondo acerca del planteamiento curricular y/o pedagógico que sustenta la NEM y con el que se acompañará a los maestros para promover el cambio en el aula. En mi opinión, los planteamientos hasta el momento parecen más una lista de buenos deseos que una política educativa clara y que cuente con estrategias puntuales a llevar a cabo para su ejecución.

Se espera que en estas semanas se estará compartiendo información con los supervisores escolares y se plantean dos días para impartición para los primeros cursos a docentes de primaria y secundaria con relación a la NEM durante el verano (del 12 al 14 de agosto de 2019). Con base en la información disponible, a continuación desarrollo puntos de acierto de lo que conocemos de la NEM, así como aspectos que debieran ser considerados para apoyar que el cambio llegue a las aulas.

Puntos de acierto:

1. Comenzar temprano. En México la política pública es más una política sexenal que una política de Estado. Por ello, uno de los mayores desatinos de la reforma peñista fue dejar para el último la instauración del nuevo modelo educativo, sabiendo que los cambios en educación llevan tiempo y que existía una alta probabilidad de cambio de partido en el poder. El gobierno actual, al arrancar desde los primeros meses con propuestas en materia educativa, abre la oportunidad de arranque oportuno, así como la posibilidad para un proceso de monitoreo de avances que luego sirvan para justificar (o no) la continuidad del modelo para futuros gobiernos.

2. Valorar el trabajo docente y por ello contar con apoyo de los maestros. La gran campaña educativa de esta administración se ha basado en puntualizar que los maestros fueron lastimados por el gobierno anterior. Así, la transformación se propone a partir de mirar al maestro no como “el” problema sino como la solución o “el instrumento” para el cambio. Con ello, se construyeron alianzas políticas con el sindicato de maestros que se espera podrán apuntalar el apoyo para la implementación de la propuesta educativa.

3. Enfatizar la importancia de la formación y acompañamiento docente. Una vez que el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, asociado de manera equivocada con la evaluación docente, es eliminado, se ha propuesto la creación de un centro cuyo objetivo sea valorar la profesión docente. El centro puede ser bien aprovechado para servir de promotor y formador en el NEM, así como para lograr que los trabajadores de la educación conozcan, comprendan y tengan acompañamiento continuo en la puesta en marcha de la NEM.

Puntos a considerar:

1. Clarificar qué modelo pedagógico sustentan los cambios propuestos. Los maestros han sido formados como profesionales de la educación. Si queremos comprendan qué tipo de modelo de enseñanza habrá de utilizarse para la NEM, éste deberá ser explícito y específico. De lo contrario, los maestros continuarán trabajando de la forma en la que hacen, pues no habrá claridad en cómo es que habrá de enseñarse el contenido de los nuevos libros de texto (ello asumiendo que habrá libros de texto nuevos).

2. La instrumentación de la NEM requiere más que libros de texto nuevos. Aunado a los puntos mencionados como aciertos, se debe comenzar a trabajar para que los maestros, los asesores técnico pedagógicos, los directores, los supervisores, en resumen, todo el andamiaje del sistema educativo conozca los cambios a instrumentar para la NEM. Una de las grandes debilidades de la reforma peñista en términos curriculares fue que, a pesar de la gran campaña de difusión, poquísimos fueron los maestros que recibieron apoyo puntual para entender e instrumentar el modelo. Así, ya hemos visto, es muy difícil que el cambio llegue a las aulas. Por ello, es importante que el cambio de andamiaje institucional del nuevo gobierno apoye de manera efectiva a los maestros para poder implementar cambios curriculares y pedagógicos de la NEM. Es cuestionable, por ejemplo, que al momento se establezcan únicamente dos días para trabajar con los docentes durante el verano para la instrumentación del NEM. Esperemos que esos dos días se traten de un primer acercamiento, muy necesario, con los docentes, pero que más acercamientos y acompañamiento se tengan previstos para garantizar un cambio.

3. Se necesita claridad más que “belleza” en la propuesta educativa. Hemos observado que a los gobiernos les gusta poner adornos a sus propuestas educativas. Este gobierno ha incluido, por ejemplo, el termino literacidad que es en realidad un anglicismo para hablar de la enseñanza de la lectura y la escritura desde un enfoque sociocultural. Lograr literacidad requiere de un enfoque metodológico particular que, de ser explicitado, podría ayudar a que la comunidad escolar establezca estrategias para mejorar las competencias lectoras y de escritura de los estudiantes. Sin embargo, en el abstracto, utilizar términos sólo porque están de moda o suenan bien no ayuda a que las propuestas se conviertan en acciones de cambio. Como ejemplo podríamos preguntarnos en cuántas escuelas se comprendió qué significaba el “aprender a aprender” de la reforma de 2013.

4. Se necesita menos “ambición” y más certeza en la propuesta educativa. Al igual que en propuestas de gobiernos anteriores, la enseñanza de lenguas extranjeras, del deporte y el arte (no sólo la música) son estandarte para justificar que la NEM nos llevará a la mejora educativa. Sería necio argumentar que esas áreas de formación no son importantes; sin embargo, más valdría la pena apostarle a la capacitación de esos docentes que a la fecha son insuficientes mientras se trabaja en un modelo curricular que les dé el peso necesario tanto en la carga horaria como en la evaluación de los estudiantes.

5. Establecer una nueva cultura de género requiere más que incluir secciones nuevas en los libros de texto. Transformar/corregir los estigmas de género requiere de campañas profundas para modificar los roles asignados tanto a los hombres como a las mujeres en el sistema educativo. Se requiere trabajar en conjunto para corregir no sólo la forma en que los maestros llaman, tratan y enseñan a sus alumnos, sino la forma en que se trata, comunica y enseña dentro del sistema educativo y desde el gobierno a todos sus miembros.

Concluyo. No es nuevo que los gobiernos traten de comenzar de cero en materia educativa. Muchas han sido las “reformas que han sido abanderadas por cada gobierno en turno”. La propuesta de la NEM se ve (hasta lo poco que ha circulado al respecto) como un intento ideológico de establecer un nuevo punto de partida en educación. Más allá de la concepción ingenua de que la implementación de política pública se realiza como resultado de un gran proceso de planeación, de racionalidad y eficiencia, hay que aceptar que el quehacer de cambio involucra intervenir a un “animal vivo”. El sistema educativo está vivo: se mueve, reacciona, y se defiende. Por ello, si se habla de transformar, requerimos que de manera efectiva se construya un sistema educativo que funcione de manera diferente a la de “cascada”. Ojalá se logre involucrar de manera práctica a la comunidad escolar para que la NEM pueda ser un modelo apropiado por todos los actores.

 

Jimena Hernández Fernández
Profesora investigadora del Programa Interdisciplinario sobre Política y Práctica Educativa (PIPE) del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).