Dignidad y justicia para las comunidades escolares

Crédito de la imagen: Víctor Solís

¿Por qué hay infancias que deben estudiar en aulas sin agua potable ni drenaje? ¿Por qué tendrían que aprender en salones con techos que gotean, sin ventanas, sin pupitres suficientes para cada niño o niña? ¿Por qué, aún hoy, hay escuelas devastadas por desastres naturales que, más de un año después, siguen esperando ser reconstruidas, mientras su comunidad entera vive en riesgo?

Hay infancias que deben estudiar en aulas sin agua potable, sin drenaje; aprender en salones con techos que gotean, sin ventanas, sin pupitres suficientes para cada niño o niña, aún hoy, hay escuelas que tienen baños o que se encuentran devastadas por desastres naturales que hace más de un año siguen esperando ser reconstruidas, mientras su comunidad escolar vive en riesgo.

 Estos retos son los que motivaron a la acción en Perteneces Justicia e Igualdad A.C., una organización de la sociedad civil que —desde hace más de doce años— representa jurídicamente a personas injustamente privadas de su libertad en San Luis Potosí. Su labor no se limita a abrir rejas: defiende derechos económicos, sociales, culturales y ambientales para transformar la vida de comunidades vulnerables en todo México.

Hace cinco años el área de “litigio estratégico” de “Perteneces” decidió enfrentar una injusticia silenciosa: miles de niñas y niños acuden a aulas indignas que niegan su derecho más básico a recibir educación con la infraestructura que se requiere para lograr aprendizajes en contextos seguros y dignos. Así nació El camino hacia la justicia, un proyecto que utiliza herramientas legales para reconstruir escuelas y —sobre todo— para reconstruir la esperanza.

A la fecha, en “Perteneces” hemos logrado la rehabilitación de 15 escuelas en comunidades de San Luis Potosí, Jalisco, Oaxaca, Guerrero y Sinaloa y sabemos que, conseguir una sentencia que obligue a las autoridades educativas a reconstruir una escuela es sólo el primer paso. Ninguna orden judicial basta si quienes habitan esas aulas no se apropian de sus derechos y se sienten parte del cambio.

El verdadero reto es sembrar “semillas de dignidad” en cada pupitre y en cada cuaderno. No basta con abogados y demandas; se necesita la voz de quienes ocupan los salones: las infancias y sus familias, que en procesos dialógicos en los que se escuchan a todas las personas protagonistas de los litigios estratégicos para la reconstrucción de escuelas, se apropian de su voz, de sus necesidades, de sus propuestas de solución y así exigen justicia, se pasa de litigar a construir procesos sociales que transforman a la comunidad en defensora de su propio futuro.

Para “Perteneces”, esta tarea ha sido también una lección. Litigar por una escuela implica acercarse con empatía a la comunidad, escuchar, tender puentes de confianza y convertir el derecho en algo vivo, comprensible, cercano. En este camino aprendimos a trabajar codo a codo con madres, maestras, niños y niñas, reconociendo que la justicia se hace juntos.

Así surgió este proyecto único: “Guardianes de la dignidad. El nombre nació de un grupo de estudiantes de la escuela primaria rural “Ponciano Arriaga”, en la comunidad Presa de Dolores, en Santa María del Río, San Luis Potosí. Estos niños y niñas, junto a sus familias y la guía de “Perteneces”, se asumieron como protagonistas y defensores de su derecho a estudiar en condiciones dignas.

Para lograrlo, se diseñó un programa pedagógico liberador, centrado en la ética del cuidado y el juego. Talleres, juegos de mesa, loterías, dibujos, cuentos y ejercicios de expresión se convirtieron en herramientas para acercar los derechos humanos a niñas, niños y sus familias. El derecho se transformó en una historia contada por la comunidad escolar, en su lenguaje, con su voz.

Así, la defensa de una escuela pasó de los tribunales a las manos de quienes la habitan. Las niñas y niños de Presa de Dolores mandaron cartas y dibujos a la jueza de distrito explicando sus necesidades, sus deseos, sus sueños y lo hicieron con tanta determinación que lograron algo extraordinario: la jueza federal encargada del caso visitó su escuela, convivió con ellos, escuchó sus palabras y les informó en persona que había ordenado la reconstrucción inmediata de sus aulas.

La sentencia, además, se publicó en lenguaje claro y accesible (sentencia de lectura fácil) para toda la comunidad. Esta decisión —que podría parecer un detalle— tuvo un impacto enorme: cada familia pudo entender que esa resolución era suya, que no era un favor ni una dádiva, sino el cumplimiento de un derecho que les pertenece.

Esa visita y esa sentencia marcaron un antes y un después. Las infancias de Presa de Dolores no únicamente recuperaron su escuela; recuperaron la certeza de que su voz puede transformar su realidad. Y en ese proceso, sus madres también se levantaron: superaron miedos, rompieron silencios y se volvieron parte de un movimiento trascendente de apropiación de derechos.

El impacto de “Guardianes de la dignidad” es tan profundo que hoy sus protagonistas cuentan su historia con su propia voz. “Perteneces” publicó dos textos que son testimonio vivo de esta transformación. El primero recoge la mirada de las infancias de Presa de Dolores, ilustrado con sus dibujos y narrado desde sus palabras. Es su relato de cómo pasaron de aceptar el abandono a defender su dignidad y de cómo aprendieron a exigir que se respete su derecho a estudiar en espacios dignos.

El segundo texto refleja la mirada del equipo de “Perteneces”: un relato de aprendizaje colectivo, de litigio estratégico convertido en pedagogía. Allí se cuenta cómo madres superaron la manipulación de autoridades, cómo la jueza decidió dejar el escritorio para escuchar a quienes siempre fueron ignorados y cómo la comunidad y la ley se encontraron en un mismo lenguaje: la dignidad que toda la comunidad merece.

Estos relatos muestran que la justicia no es un trámite frío. Es una oportunidad de tejer redes, de construir confianza, de hacer comunidad. Es un recordatorio de que el derecho, cuando se libera de su lenguaje inaccesible, puede convertirse en herramienta para imaginar y construir futuros mejores.

La comunidad escolar de la primaria “Ponciano Arriaga” no pidió caridad ni favores. Exigió lo que la Constitución ya prometía: una educación digna. Su lucha, sustentada en un juicio de amparo, trascendió lo jurídico. Se volvió semilla de un movimiento que puede florecer en cualquier rincón del país.

Con esa experiencia, “Perteneces” se plantea un reto aún mayor: llevar este modelo a otras comunidades. El equipo de litigio estratégico sigue trabajando en litigios activos en varias escuelas del país, pero el verdadero desafío es replicar la experiencia de Presa de Dolores: empoderar a cada infancia, a cada madre, a cada comunidad para que se conviertan en guardianes de su dignidad.

Cada niña y cada niño que entra a un salón sin ventanas merece saber que tiene derecho a soñar con un aula luminosa, con baños con drenaje funcional y agua. Cada madre que espera bajo un techo que gotea merece saber que puede exigir que se repare. Cada comunidad merece saber que juntas y juntos pueden defender lo que es suyo, no basta con ganar sentencias: se necesita transformar corazones, construir confianza y demostrar que la educación digna no es un regalo: es un derecho.

Las infancias convertidas en “Guardianes de la dignidad” nos recuerdan que, aunque parezca pequeño, exigir una escuela digna es una forma de exigir un país mejor. Y que cada pupitre reparado, cada aula reconstruida, es también la reconstrucción de la esperanza.

¿Qué necesitamos para seguir? Personas, comunidades, organizaciones y autoridades dispuestas a creer que el derecho puede ser una herramienta para imaginar futuros más justos. Niñas y niños que se asuman como guardianes de su dignidad y adultos que acompañen su voz, no que la silencien. Juezas y jueces que salgan de sus escritorios para escuchar. Y la convicción, de todas y todos, de que no podemos conformarnos con menos, porque ninguna infancia debería resignarse a estudiar en aulas que se caen. Ninguna comunidad debería aceptar escuelas sin agua ni ventanas. Ningún derecho debería quedarse en el papel. Y ningún sueño debería ahogarse bajo un techo que gotea.

Celia García Valdivieso

Directora de “Perteneces, Justicia e Igualdad, A.C.”,

Sandra Cano Miranda

Coordinadora de vinculación y procuración de fondos de “Perteneces, Justicia e Igualdad, A.C.”

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Publicado en: Reforma Educativa