Escuela, personas trans y no binarias

La escuela es un espacio que construye solidaridad, pero que también produce y reproduce roles de género. En el espacio escolar —al igual que en otros ámbitos de la vida— nos educan de forma diferenciada si somos mujeres u hombres, lo que sin duda se refleja en la disposición de los espacios, el currículum y en las relaciones que existen entre la comunidad escolar. No podemos negar que es a partir de la división binaria que se enseñará cómo debemos comportarnos, vestirnos e incluso cómo debemos expresar nuestras emociones en las aulas. Además, existen ciertas expectativas académicas basadas en la supuesta diferencia neuronal entre machos y hembras. Esto contribuye a cimentar imaginarios que afirman que los hombres tienen mayor capacidad para aprender ciencias y las mujeres para desarrollar el lenguaje. Así, a lo largo de nuestra vida escolar, se nos va educando para cumplir con el rol del género que nos asignaron al nacer. Y aunque no podemos negar los avances que existen sobre equidad de género, tampoco podemos obviar que en las aulas persisten muchos estereotipos que nos ha heredado el sistema patriarcal.

Ilustración: Kathia Recio

Pero, ¿qué sucede cuando en el espacio escolar nos encontramos con una persona a quien no podemos definir desde el esquema binario? Es probable que la comunidad escolar le cuestione cosas tan cotidianas como el uso del baño, su nombre o la vestimenta que usa. Como respuesta a estas situaciones, en algunas escuelas existirá solidaridad y apoyo para dichos estudiantes. Pero también es posible que la respuesta sea estigma, discriminación y diversas formas de violencia que incluso pueden derivar en la negación al derecho a la educación.

Según el Diagnóstico nacional sobre la discriminación personas LGBTI9 en México,  realizado por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) y Fundación Arcoíris, el espacio educativo donde más discriminación enfrentaron las personas LGBTI fue la secundaria (37 %), seguida de la preparatoria (20 %); en tercera posición se colocó la primaria (14 %), y finalmente la educación superior (10 %). Estos datos pueden darnos algunas pistas para entender las dificultades que atraviesan las personas de la disidencia sexual en las aulas. Es probable, por ejemplo, que en espacios universitarios las formas de discriminación y violencia sean mucho más sutiles y que por esto se invisibilice. También habrá que reflexionar si la violencia sufrida en la secundaria y preparatoria es un factor que favorece la deserción escolar.

No se sabe con exactitud el número de estudiantes trans y personas no binarias que se encuentran cursando los distintos niveles educativos en nuestro país. Esto se debe, entre otras cosas, a que algunos estudiantes hacen la transición de género después de terminar sus estudios y algunos no hacen pública su identidad por temor a ser víctimas de violencia. Pese a la falta de cifras en nuestro país, es necesario hablar del derecho a la educación de este sector de la población. Por ello se debe realizar mayor investigación con el fin de fomentar acciones que promuevan condiciones favorables para que las personas trans y no binarias continúen con sus estudios en ambientes libres de violencia.

Los retos de incluir personas trans y no binarias en las aulas

Usar el nombre elegido por las personas; preguntarles con que pronombre debemos nombrarles; crear baños sin género; incentivar la creación de grupos de la disidencia sexual, y usar uniformes neutros son algunas de las estrategias que se han utilizado en diferentes países para visibilizar el respeto a las personas trans y no binarias. Sin duda son estrategias importantes que permiten que estos estudiantes puedan sentirse más cómodos en las aulas. Pero estamos atravesando un momento histórico en el que es necesario ir más allá y apostar por transformaciones mucho más profundas que permitan que las personas trans y no binarias se vean a sí mismas como ciudadanas y, por tanto, sujetas de derechos.

Para lograr este cometido es fundamental que la escuela reflexione cómo impacta el orden de género en la vida cotidiana de las y los estudiantes. Éste será el primer paso para comprender cómo hemos interiorizado los mandatos que dictan que debemos temer o excluir a las personas que no cumplen con los estereotipos de género. Para lograrlo es necesario incluir estrategias de sensibilización sobre temas de género y sexualidad en todos los niveles educativos. Por ello es importante incluir programas sólidos de educación integral en sexualidad, que sin duda juega un papel muy importante en la promoción del cambio social y el respeto a la diversidad.

Debe buscarse que las políticas educativas se diseñen para cambiar patrones sociales y que apunten a la eliminación de prejuicios y costumbres discriminatorias basadas en estereotipos que puedan legitimar la violencia contra la diversidad. Es muy importante que los programas educativos incluyan la perspectiva de género y la reflexión sobre los derechos sexuales a través de estrategias que involucren a todos los actores del ámbito escolar.

Para reconocer la pluralidad de experiencias que existen dentro de las comunidades escolares, es necesario —además— visibilizar elementos como la clase social, pertenencia étnica, religión o grupo etario, ya que impactan en las formas en cómo se viven o no experiencias vinculadas a la violencia. Por ello es necesario comprender que no es lo mismo ser un estudiante trans de origen indígena, que ser una persona no binaria que ha vivido toda su experiencia educativa en zonas urbanas. Incluir una perspectiva interseccional ayudará a comprender que los programas deben de regionalizarse y adaptarse a las necesidades de diferentes poblaciones.

Es importante que las políticas educativas sumen las estrategias que ha creado la sociedad civil para el ejercicio de los derechos sexuales y la ciudadanía sexual. En este sentido, sería interesante rescatar aquellas prácticas exitosas que se han implementado y que han contribuido a la sensibilización y reflexión en temas de identidades no hegemónicas. Además, es muy importante recuperar la voz de personas no binarias y trans para incluir sus propuestas y asegurar que lo planteado responda realmente a las necesidades y expectativas que tienen sobre cuestiones educativas. Esto puede abrir la posibilidad de construir políticas públicas que enfaticen la necesidad de reivindicar el derecho a la educación de esta población, además de crear estrategias educativas que contribuyan en la integración y el respeto de la diversidad sexual en las aulas.

Por otro lado, como ciudadanía debemos comprender que el reconocimiento de los derechos humanos no puede estar sujeto a la aceptación social y la ausencia de reconocimiento social tampoco puede ser usada como argumento para justificar la violación de derechos humanos. Por ello hay que recalcar que el Estado tiene la obligación de diseñar e implementar proyectos que busquen cambios sociales con la finalidad de garantizar el respeto a las personas trans y no binarias.

Sin duda, en nuestro país la institución escolar se enfrenta a grandes retos para garantizar que las personas no binarias y trans puedan ejercer sus derechos humanos, incluidos el educativo. Pero no podemos dejar toda la responsabilidad a la escuela; es necesario que como sociedad repensemos cómo hemos incorporado los estereotipos de género en nuestra vida y en nuestros cuerpos. Dicha reflexión nos dará la posibilidad de comprender que existen otras formas de construirnos como personas. Por ello, debemos apostar a la transformación colectiva para crear un mundo libre de violencia, que respete todas las identidades.

 

Jessica Reyes Sánchez
Doctora en Ciencias en la Especialidad de Investigaciones Educativas por el DIE-Cinvestav.


4 comentarios en “Escuela, personas trans y no binarias

  1. Hasta donde tengo entendido, en la creación de los planes de estudio no se toma en cuenta el sexo de los niños, sino que se construye un modelo genérico por edad (aunque usualmente las niñas tienden a avanzar más rápidamente que los niños). Las ideas sobre si las mujeres son más aptas para ciertas áreas que los hombres y viceversa aún se están investigando. Por otro lado, se da el fenómeno de que las mujeres suelen tener mejores resultados académicos que los hombres en los niveles básicos, pero pasando la adolescencia los hombres las superan, ¿este fenómeno sería una ilusión provocada por una pregunta mal planteada o revela un problema real mal enfocado?

    1. En un sexo la deserción se asocia a bajas calificaciones, en el otro es pareja: las niñas no siguen estudiando porque son mujeres, «-…p’a qué».

  2. El comentario de Enrique lo encuentro atinado, por otra parte, no se puede ignorar el seno familiar como factor esencial en la formación de las personas, no se puede dejar todo en nanos de la escuela tal y como sucede en la sociedad mexicana.

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