Globalización académica:
¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

Entre las muy comprensibles llamadas a descolonizar el currículo de las instituciones de educación superior, el dominio de la “occidentalización” del conocimiento ha sido atacado en algunas ocasiones. Por citar un ejemplo, en un artículo reciente en el blog University World News, Simon Marginson, profesor de educación superior de la Universidad de Oxford, se quejó de la “anglo-americanizada globalización” y de “su uniformidad de culturas, lenguajes, estigmatización y exclusión de todo lo “diferente”. “Todo el conocimiento originario (indígena) es excluido”, escribió Marginson. Además, “el fin está sostenido por la certeza profunda anglo-americana de que ‘nuestra’ cultura no sólo es la mejor, sino que es suficiente y no se requieren otros tipos de conocimientos”.

Ilustración: Belén García Monroy

Sin embargo, las concepciones occidentales sobre el conocimiento son la base que sostiene la idea de la universidad occidental. Por ello, cabe preguntarse —comprensiblemente— qué tan adoptada es esta idea en el mundo. El modelo “occidental” de universidad no fue establecido en el sur del planeta sino hasta el siglo XIX. La colonización fue sin duda su principal motor. Los esfuerzos misioneros dentro del cristianismo también jugaron un rol importante y ambas cosas —colonización y religión— estaban claramente asociadas.

Los colonizadores tuvieron diferentes formas de acercarse a la educación superior. Los británicos fueron más activos en permitir y establecer instituciones de educación superior; los franceses, menos, mientras que  los portugueses no tuvieron mucho interés en el tema. En cambio, los españoles transfirieron esta responsabilidad a la Iglesia Católica y particularmente a los Jesuitas, con el doble propósito de convertir al cristianismo a sus nuevas colonias y de conseguir un mejor manejo de las mismas. Éstos reconocieron la necesidad de contar con pequeñas clases de indígenas educados para la administración de sus nuevos territorios.

En India, la modesta expansión de la educación superior bajo la colonización se debió en gran medida a los esfuerzos misioneros y a las iniciativas para desarrollar universidades que ofrecieran acceso al servicio civil y al recién nacido sector comercial que respondía a las demandas de la emergente clase media en el país. Las autoridades británicas hicieron pocas inversiones en educación superior hasta cerca del año 1857, cuando intentaron ejercer un cierto control en el recién creado sector. 

Previsiblemente, las instituciones que emergieron en las diferentes colonias siguieron el modelo británico y usaron el inglés como lengua de instrucción. La historia en otros territorios fue similar. Es desde luego significativo que todas las universidades coloniales usaron la lengua de los colonizadores y, hasta la fecha, muchas de estas colonias preservan dichos idiomas.

Diferentes regiones en el mundo tienen una enorme riqueza intelectual, y existen tradiciones religiosas y educativas previas al periodo de colonización. Las más antiguas universidades en el mundo fueron establecidas en Asia del Sur —Universidad de la antigua Taxila (hoy la ciudad de Punjab en Pakistán) y Universidad de la antigua Nalanda (hoy la región de Bihar en la India)— antes que las primeras universidades europeas, establecidas en el siglo XII. También está el caso de la Universidad de Al-Qarawiyyin (hoy ubicada en la ciudad de Fez, en Marruecos) y la Universidad de Al-Azhar (ubicada en El Cairo, Egipto), cuyo establecimiento precede también a las primeras universidades europeas, y que siguen existiendo hasta el día de hoy. No obstante, mientras que las tradiciones intelectuales y religiosas continuaron en Asia del Sur y en el mundo árabe, las instituciones tradicionales académicas no pudieron competir exitosamente y fueron gradualmente eclipsadas por el modelo de instituciones de educación superior del mundo occidental.

Las universidades coloniales usaron también el lenguaje de sus colonizadores, dado que el principal propósito fue formar cuadros para el manejo de dichas colonias. De forma similar, el currículo fue enteramente importado desde las metrópolis de los colonizadores. Aunque es una simplificación resumir las actitudes coloniales hacia las culturas indígenas con las palabras del administrador y colonizador británico Thomas Babbington Macaular, estas sirven para ilustrar la visión que se tenía entonces: “Un sólo librero selecto de libros europeos de cualquier biblioteca equivaldría a toda la literatura originaria de India y Arabia”.

Una cosa que llama poderosamente la atención es que ya en la era poscolonial ningún país ha regresado a los modelos precoloniales de educación superior. Aún más: las naciones colonizadas no fueron las únicas que adoptaron el modelo occidental de educación superior. Por ejemplo, después de la restauración del llamado periodo Meiji en Japón —cuando el país comenzó su etapa de modernización y occidentalización—, el país buscó en 1868 un modelo de universidad que sirviera para modernizar a la sociedad; así que después de una cuidadosa búsqueda Japón decidió adoptar ideas de Alemania y Estados Unidos, ignorando de alguna manera siglos de otras tradiciones originarias. De igual forma, Tailandia exploró modernizar su educación superior y la sociedad, en parte para demorar posibles incursiones coloniales —recordemos que junto con Etiopía, Tailandia afirma que nunca fue colonizado— de manera que aún en Tailandia se optó por modelos occidentales educativos, culminando con el establecimiento de la Universidad de Chulalongkorn en 1917. En todo caso, el punto es que hasta los países no colonizados o parcialmente colonizados buscaron modernizar su educación superior en modelos occidentales y no en los tradicionales o indígenas.

La experiencia en China también es significativa. En un artículo reciente: “World Class Universities in China’s Past”, publicado en la revista International Higher Education, Yang Rui señala que una variedad de instituciones misioneras cristianas occidentales, al igual que el gobierno chino, usaron los modelos occidentales educativos a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, y que éstos modelos fueron decisivos en el desarrollo de la educación superior moderna en China, demostrando su éxito posteriormente. De manera particular, el poderoso modelo tradicional confucionista no fue empleado como guía principal en la modernización de China excepto, quizás, por los exámenes que se aplicaron para el acceso al servicio civil tradicional que posteriormente derivó en el actual Gaokao (el examen nacional de entrada a la educación superior que se aplica anualmente en ese país de Asia).

Cuando los países en desarrollo comenzaron a ser independientes, éstos mantuvieron y expandieron el modelo occidental de universidad, además de que lo asumieron como un instrumento esencial para el desarrollo nacional y de su capital humano. Así, no obstante que existe una gran diversidad de sistemas económicos —y de realidades políticas, etapas del desarrollo socioeconómico y tradiciones culturales y religiosas— prácticamente en todas las universidades en el siglo XXI se sigue ampliamente el modelo occidental de educación superior.

Desde luego que se puede hacer mucho para mejorar las actuales instituciones de educación superior para hacerlas más sostenibles y socialmente responsables. Un número creciente de ellas ha comenzado a reexaminar su pasado con ojos críticos, reconociendo su cercana asociación con momentos lamentables de la historia, como la esclavitud, el apartheid, o la discriminación a grupos originarios. Muchas de estas instituciones han comenzado a adecuar sus programas a experiencias de grupos tradicionalmente excluidos, oprimidos y marginalizados de la sociedad.

Al mismo tiempo, es indispensable salvaguardar los valores fundamentales del modelo occidental de universidad que se dedica a la búsqueda de la verdad basada en evidencia científica y libertad académica. Como lo describió memorablemente el célebre matemático y filósofo inglés Alfred North Whitehead, nacido en 1861, el papel de las universidades es fusionar la imaginación y la experiencia. En un mundo lleno de retos, esa tarea nunca ha sido más vital.

 

Philip G. Altbach
Profesor investigador y miembro distinguido del Centro para la Educación Internacional del Boston College de los Estados Unidos.

Jamil Salmi
Experto internacional en temas de desarrollo de la educación superior, profesor emérito en políticas de educación superior de la Universidad Diego Portales de Chile e investigador asociado del Centro para la Educación Internacional del Boston College de los Estados Unidos.

Este texto fue publicado originalmente  en el Times Higher Education el 2 de septiembre del 2021.


6 comentarios en “Globalización académica:
¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

  1. El autor sigue pecando de una visión eurocentrista del mundo, convencido de que los valores, métodos y conocimientos generados en Occidente y en el «norte global» son superiores a los del resto del mundo, y que todos deberíamos adoptar su visión dle mundo, con todo y sus errores. Por ejemplo, en ocasiones me pregunto si no estamos importando en forma acrítica el sistema de castas estadounidense y sus problemas, al adoptar las soluciones que ellos se han dado.

    1. El modelo no «eurocentrista» que a los necios encanta, al día de hoy no habría logrado descubrir nada relevante de la materia y la vida biológica.
      Seguirías en la edad media. O antes.

      1. «Edad Media» es un concepto eurocéntrico (y mal comprendido), surgido durante la ilustración. La medicina occidental lleva siglos nutriéndose de los conocimientos de los pueblos originarios. Por ejemplo, revisa la historia de la quinina. También hay que destacar que no sólo se hace a un lado a pueblos no occidentales. Existen algunos elementos químicos que fueron descubiertos en la Nueva España pero sus descubridores no han recibido el crédito correspondiente.

  2. Bastante superficial el artículo. No abunda en las razones por las cuales el modelo de educación superior occidental se globalizó, ni expresa una postura clara sobre hacia dónde va o debe ir dicho modelo

  3. Lei el presente escrito, fui sorprendida de forma significativa que el pueblo Judio no fue nombrado. El pueblo Judio y la Religion Judio fieles exponentes que durante mas de 2000 años siguen estudiando La Torah , el Talmud y La Cabalah como antaño , aun cuando los judios estaban dispersos por toda la tierra sin un Hogar Nacional, preservando el idioma Hebreo apesar de no ser el idioma cotideaneo, apesar de las prohibiciones y las persecuciones a los judios en general y aquien enseñara y estudiara La Torah y la cultura judia. Increible que este Tesoro no figure en esta publicacion, especialmente cuando se habla de la Iglesia Española y su educacion en las colonias, y ni se nombra a la nefasta Inquisicion!

  4. Ricardo Paredes Quintana
    Un buen curso de antropología, en torno a los ejes del relativismo cultural y del etnocentrismo, podría incluirse como asignatura transversal en cualquier carrera de educación superior.
    Desde 1871, la antropología general ha descrito e intentado explicar la diversidad humana desde la antropología cultural, la antropología física, la linguística y la arqueología.

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