
En marzo de 2019, durante una conferencia de prensa, el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró el fin del modelo neoliberal en México. Según sus palabras, se cerraba una etapa caracterizada por el “pillaje, el entreguismo y las políticas antipopulares”. En el ámbito de la educación, el examen COMIPEMS fungió como un ejemplo obvio de una de estas “políticas antipopulares”; el examen servía para organizar el ingreso al bachillerato público en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) —UNAM (CCH y ENP), IPN (CECyT), Colegio de Bachilleres (COLBACH),Conalep, DGB (Dirección General del Bachillerato), DGETI y DGETAyCM eran las instituciones participantes— desapareció en 2025, fue reemplazado por un nuevo proceso de admisión llamado ECOEMS bajo el slogan: “¡Mi derecho mi lugar!”
A pesar de la retórica, este nuevo modelo mantiene y profundiza lógicas neoliberales en el acceso a la educación. En este texto expongo sólo una de ellas: la disminución de responsabilidades del Estado y su transferencia al individuo y a sus familias. Esta transferencia es ejemplificada por el uso exclusivo del examen de admisión en línea a los bachilleratos del Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Nacional Autónoma de México, las dos instituciones más demandadas y de mayor prestigio
El examen COMIPEMS fue objeto de críticas a lo largo de su historia de casi 30 años. Se le acusó, por ejemplo, de reforzar sesgos estructurales en el acceso a la educación media superior y de sostenerse en una noción estrictamente meritocrática del éxito académico. Un ejemplar perfecto del neoliberalismo en la política educativa; evaluaba sin reconocimiento de desigualdades históricas o diferencias entre individuos y seleccionaba sin incluir.
Aunque se mantuvo sin cambios durante el sexenio de López Obrador, su desaparición fue una de las promesas de campaña de su sucesora, la actual presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien afirmó en un discurso pronunciado ante estudiantes del IPN el 8 de abril del 2024, que, de resultar electa, iba a “echar para atrás” el examen de COMIPEMS, con la intención de reemplazarlo con un sistema en el que “todos los estudiantes deben entrar a la preparatoria que le quede más cerca de su casa”.
Cuando se dio a conocer el formato del nuevo proceso de admisión, el plan de asignar a los estudiantes a la preparatoria más cercana a su hogar apenas fue mencionado. Esta afirmación de que los estudiantes ingresarían a la preparatoria más cercana a su hogar se convirtió en uno de los aspectos más recordados de la propuesta y se inscribió en el imaginario popular, a pesar de que este criterio haya desaparecido de la documentación. El instructivo del proceso educativo menciona al respecto: “El criterio de asignación es dar prioridad a las preferencias de las y los aspirantes señaladas en sus opciones educativas registradas[…] Aspirantes Señaladas en sus opciones Educativas Registros. Esta Asignación se garantizará a las y los aspirantes siempre y cuando concluyan satisfactoriamente la educación secundaria a más tardar el 16 de julio de 2025. si la opción educativa del aspirante es de baja preferencia (tiene lugares suficientes para recibir a todas y todos sus aspirantes) serán asignados o asignadas de manera directa. Si es de alta preferencia (no cuenta con lugares suficientes para recibir a todas y todos sus aspirantes) se realizará un sorteo con cuota de género (garantizando al menos 50 % de los lugares a las aspirantes), cuando sea necesario. En caso de que la o el aspirante no quede asignado en alguna de las opciones de sus Listados de opciones educativas, se le ofrecerán opciones educativas cercanas o similares a la primera opción que aparece en su Comprobante de registro.” De esto se desprende que la cercanía no es el criterio utilizado para la asignación, sino la preferencia del estudiante. La única mención que se hace de la cercanía es con respecto al escenario en que un estudiante no obtenga asignación en ninguna de sus opciones elegidas, en cuyo caso se le asignaría una opción cercana o similar (sin mención alguna).
Más significativo fue el anuncio de que ECOEMS eliminó el examen de admisión para la mayoría de las instituciones que lo integran, reemplazado por un proceso de asignación directa si hay cupo en la escuela solicitada y un sorteo con paridad de género en caso de que la demanda pasara al cupo. Esta decisión tiene un alcance potencialmente muy profundo. Vale la pena leer a César Morales Oyarvide sobre el uso de los sorteos como mecanismo democrático. Por otra parte, Irma Villalpando ha defendido la aplicación del examen como un componente esencial en la medición y evaluación del aprendizaje.
Pero este anuncio tiene un asterisco importante. Si bien se eliminó el examen en muchas instituciones, las dos más demandadas —UNAM e IPN— lo conservan. Y con un giro aún más excluyente: el examen ahora se aplica únicamente en línea y monitoreado por IA. No existen sedes físicas ni opciones presenciales (salvo el caso de aspirantes con discapacidades). Para poder rendirlo, se exige una computadora con cámara y micrófono, conexión estable a internet y un espacio adecuado.
Estos requisitos pueden parecer básicos. No es difícil imaginarse a un lector (o a un funcionario público) exclamar “¿quién no tiene una computadora e internet en el 2025?”. La realidad es otra. Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2024, sólo 46. 5 % de los hogares en la ZMVM (CDMX y Edomex) cuenta con una computadora (PC o laptop) y conexión a internet estable. Más de la mitad de los hogares no cumple con los requisitos técnicos básicos para aplicar el examen y tendrá que realizar un esfuerzo extraordinario para poder garantizar al aspirante la posibilidad de competir por un lugar en las dos instituciones más demandadas.
La respuesta institucional a esta situación es reveladora. La sección de “Preguntas Frecuentes» del sitio oficial contiene ejemplos como estos:
Pregunta 23 “¿Qué características debe tener el espacio para el examen?
No necesitas un espacio especial. Solo debes tener una computadora con conexión a Internet y un ambiente adecuado para poder concentrarte.
Pregunta 28 ¿Habrá módulos con equipos para el examen?
No se contará con módulos ni espacios equipados para presentar el examen. Por eso, es importante que con tiempo puedas organizar el lugar y los recursos que vas a necesitar, como una computadora con acceso a Internet.”
La redacción de estas respuestas dice mucho. Se responde que “sólo” se requiere una computadora y conexión a internet. Pero en el contexto de nuestro país estos son dos requisitos que excluyen a “sólo” siete de cada diez hogares (tener “un espacio tranquilo”, es decir, un cuarto propio, sería otro requisito al que pocos pueden acceder).
Podría ser que esto fuera únicamente resultado de un (enorme) error o descuido en el que nadie involucrado en el proceso de diseño de política educativa se haya detenido a revisar los datos que el propio Estado recopila y publica.
Pero otras preguntas y respuestas indican que esta exclusión no se trata de un descuido sino derivados congruentes de una lógica más profunda en la que se exige que el estudiante mismo sea quien garantice las condiciones de aplicación del examen:
Pregunta 25: ¿Qué opciones hay si no tengo internet en casa?
En ese caso, te recomendamos acercarte con un familiar, amigo o vecino de confianza que pueda ofrecerte un espacio tranquilo y con conexión para que puedas presentar tu examen con calma. Lo importante es que te sientas cómodo y puedas concentrarte durante ese momento.Pregunta 27 ¿Qué opciones hay si no tengo computadora?
En este caso, puedes acercarte a un familiar, amigo o vecino de confianza que pueda prestarte una por el tiempo que necesites para presentar tu examen. También puedes explorar con anticipación si en tu comunidad hay centros de acceso digital, bibliotecas o espacios públicos donde puedas usar una computadora en la fecha y hora asignados para tu examen. Lo más importante es que busques un lugar donde te sientas cómodo y tengas todo lo necesario para enfocarte en tu examen.
Aquí vemos el reconocimiento de que algunas personas no tienen acceso a esos requisitos mínimos y de que su carencia le imposibilitaría de poder rendir el examen. La responsabilidad de solventarlos, sin embargo, se le carga exclusivamente al aspirante y sus redes de apoyo. Esto refleja lo que David Harvey llama “la determinación neoliberal de transferir nuevamente al individuo de toda la responsabilidad por su bienestar”. Es el o la estudiante quien debe de buscar ayuda notablemente no del Estado, sino de “un familiar, amigo o vecino de confianza” que le preste su computadora, su internet o ambas. Este discurso es neoliberal hasta la médula, a pesar de los anuncios oficiales de su desaparición.
Para el examen COMIPEMS —y a pesar de sus múltiples fallas— la propia institución debía asegurarse de que las condiciones necesarias para la aplicación del examen estuvieran garantizadas: salones, pupitres, personal de apoyo, entre otros elementos. Cierto es que el examen no tomaba en cuenta las desigualdades históricas que influían en los resultados, pero la persona aspirante, al menos, no tenía que preocuparse por tener una computadora funcional y un servicio estable de internet.
Como siempre, la gente “resuelve”, siguiendo a Foucault, se vuelve obligada, bajo la gubernamentalidad neoliberal, a convertirse en «un empresario de sí mismo». Se trabaja extra, se pide prestado el dinero o el equipo, se vende o se empeña algún objeto de valor, se organizan tandas o bien se entra en deuda para adquirir lo necesario. Cualquiera de estas situaciones dista de ser ideal y constituye un filtro que excluye a varios, pero es más lamentable cuando es consecuencia directa de una decisión tomada por una administración que insiste tanto en que ha clausurado al neoliberalismo.
Más allá de estas consideraciones teóricas, el impacto en los aspirantes será real y posiblemente profundo, marcado por las mismas desigualdades históricas que el discurso oficial afirma atender. No es difícil imaginar que dos estudiantes igual de capaces intelectualmente tendrán una experiencia radicalmente distinta si uno de ellos o ellas no tuvieron que preocuparse por si podría siquiera acceder al examen y el otro u otra tuvo que —además de preocuparse por los contenidos del examen— preocuparse por el equipo, y el suministro de internet.
A pesar de esto, también desde la UNAM se ha minimizado el impacto del examen en línea. Ivonne Ramírez, directora general de Administración Escolar, aseguró en entrevista que este ejercicio no representa un reto significativo porque “los jóvenes de estas generaciones tienen más habilidades tecnológicas y entienden mejor el funcionamiento de la IA”.
Pero este argumento confunde competencia (asumida) con condiciones materiales (verificables). Las habilidades digitales no reemplazan los recursos, y suponer que todos “entienden la IA” resulta simplista. La exclusión no se da única o principalmente en el momento del examen —y aún en ese caso resulta ingenuo pensar que todos los adolescentes tienen competencias digitales avanzadas sin considerar su extracción socioeconómica— sino mucho antes, desde que se exigen recursos que la mayoría no posee.
Clara Brugada, actual jefa de Gobierno de la Ciudad de México, afirmó en la Conferencia donde se eliminó oficialmente al examen COMIPEMS que “sabemos que la mayoría de las veces el discurso falsamente meritocrático sólo busca justificar y legitimar los efectos de la desigualdad social.” Yo estoy plenamente de acuerdo, pero me pregunto ¿qué debemos de decir de una política que justifica y legitima los efectos de la desigualdad social mientras pronuncia un discurso de equidad, inclusión y justicia social?
Emilio Porras Vergara
Sociólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
La mentira, la corrupción y el cincismo como forma ideal para gobernar y como forma de gobierno; la desigualdad y la ignorancia como identidad ciudadana de este siglo, traen como resultados la queja perpetua de que alguien más o algo tuvo la culpa… Nadie se hace responsable….
Me parece que se insiste demasiado en el abandono del criterio de cercanía como algo negativo. Me parece todo lo contrario, sobre todo si se reemplaza por el de preferencia. Lo de la rifa es cuestionable, pero es un acierto dejar de considerar la cercanía. En cuanto a las condiciones de los exámenes para la UNAM y el IPN, sin duda me parecen excluyentes, definidas en función del ahorro y la comodidad de las instituciones, no del beneficio académico.
En cuanto a la conclusión del autor, creo que podría ser más preciso. Parte de la política de ingreso a la EMS (el ingreso a UNAM e IPN) reproduce la desigualdad social. Otra parte, creo que no, aunque tampoco estoy convencido de su idoneidad.