En fecha reciente se dieron a conocer los resultados de la evaluación del desempeño docente que realiza la Secretaría de Educación Pública (SEP) a raíz de la reforma constitucional aprobada a inicios del sexenio. Como apunta Manuel Gil Antón, el resultado de la evaluación a los maestros prácticamente desarma el fundamento mismo de la reforma que señalaba que la deficiencia del desempeño de los maestros –bajo los parámetros del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE)– es el principal problema que afecta el desempeño de los estudiantes de educación básica y media superior.

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Los datos hablan por sí mismos: sólo un 14.1% de los maestros de educación básica tuvo resultados insuficientes, un 18.5% de los docentes de educación media superior tuvo esos resultados y un 25.4% de los directivos. Estos resultados salen meses después de aquellos del Plan Nacional para la Evaluación de los aprendizajes (Planea) para 2015. Como se recordará, en los resultados sobre los aprendizajes de los niños de sexto grado en lenguaje y comunicación un 82.7% de ellos estaban en los niveles más bajos de logro. Y lo mismo sucedió con un 79.4% de los niños de sexto grado en matemáticas. Por lo que podemos ver, continúa habiendo un abrumador problema de aprendizajes de nuestros niños, pero según la evaluación diseñada por la SEP y el INEE, la gran mayoría de los maestros mexicanos tiene habilidades docentes suficientes. Entonces ¿dónde está el problema de los aprendizajes?

El mismo Planea tiene datos –que fueron incluidos bajo la necesidad de ajustar las evaluaciones a las condiciones de los maestros– que nos dan una idea de dónde podría estar el problema. Según los mismos resultados para 2015, un 80% de las escuelas con población indígena tuvieron el nivel más bajo de desempeño en lenguaje y comunicación. En el caso de matemáticas ese porcentaje sube a un 83.3%. Proporciones similares se pueden observar en los casos de escuelas comunitarias, telesecundarias y escuelas de carácter técnico. De manera que en la mayoría de los casos, los niños que viven y estudian en localidades de alta y media marginación tienen los peores resultados en Planea. De hecho, si se solventara la ausencia de varios estados en ambas pruebas, Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Chiapas, se podría confirmar esta tendencia con mucho más solidez al ser entidades con altos niveles de marginación. Es momento de reconocer, con estos datos, que son los que ofrecen la SEP y el INEE, que hay fuertes indicios que lo que podría estar detrás del pésimo desempeño de nuestros niños es la desigualdad que afecta su rendimiento. Tomando en cuenta lo anterior, el gobierno debería apoyar los esfuerzos que se han hecho para investigar, con mayor profundidad, los efectos de la desigualdad en el aprendizaje, con el fin de diseñar una verdadera reforma educativa.

Entre los esfuerzos que menciono están los realizados por Emilio Blanco y Tabaré Fernández,1 quienes demostraron que hay una relación entre desigualdad y desempeño escolar en México y América Latina. En estas investigaciones se ha señalado una situación dramática: la escuela como institución tiene un rol muy débil en los aprendizajes de los niños. Pero antes de que las organizaciones conservadoras, como la Asociación Nacional de Padres de Familia, echen las campanas al vuelo, esto se debe a que mientras los niños no estén en la mejor condición para aprovechar lo que sucede en la escuela, el papel de maestros y directivos será casi testimonial. ¿Cuáles son esas condiciones? La capacidad cerebral de aprender y la energía calórica para aprender; en otras palabras, el desarrollo cognitivo que adquirimos al crecer y la alimentación.

James Heckman, premio Nobel de economía, coincidiendo con los psicólogos del desarrollo infantil, ha encontrado que los primeros meses y años de crecimiento de un niño son cruciales para desarrollar la capacidad de aprender.2 Si no hay una serie de estímulos para mejorar las habilidades cognitivas en años mozos, es muy probable que los niños pierdan la capacidad de aprender a cabalidad el resto de sus vidas. Igualmente, los niños desnutridos suelen tener peor rendimiento escolar y menores posibilidades de desarrollar habilidades cognitivas.3 En ese sentido, la desnutrición y la falta de estimulación temprana se dan a consecuencia de la marginación y la desigualdad, así como, la falta de escuelas preescolares y guarderías, el tiempo restringido que tienen los padres para estar con sus hijos y/o las carencias en el ingreso.

Esto nos lleva a preguntar, ¿en qué condiciones llegan los niños mexicanos a las escuelas? Nuestros niños están inmersos en una población que en su mayoría carece de acceso a seguridad social (70.1%), dónde hay márgenes importantes de la población sin vivienda de calidad (25.4%) sin alimentación (28%) y la mayor parte vive debajo de la línea de bienestar (63.8%). Las instituciones dedicadas a la evaluación de la educación deberían investigar cómo estos factores afectan a los aprendizajes de los niños. Pero no sólo eso, tendrían que estudiar factores importantes como la integración familiar, los ambientes comunitarios y la violencia, entre otros. Además, ¿en qué condiciones estudian los niños? Según el Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial de INEGI, un 48% de las escuelas carecen de acceso a drenaje, un 12.8% no tienen baños y un 11.2% carecen de energía eléctrica. Estos factores también deben importar a la hora de evaluar los aprendizajes. Si superamos el paradigma “maestro-centrista” sobre los problemas educativos podríamos estudiar cómo estos problemas tienen un rol sobre los aprendizajes de los niños en México.

No se me malinterprete. Debe haber evaluación, tanto de niños como de profesores y debe continuar el esfuerzo de la profesionalización docente. Sin embargo, esta evaluación tendría que utilizarse para diseñar programas e identificar problemas de formación de los profesores, como lo ha indicado la Auditoría Superior de la Federación y no para expulsar profesores del sistema. Además, es prudente pensar en que haya periodos más largos entre cada evaluación para que haya tiempo para la actualización docente. Estamos a tiempo para reformar la reforma y diseñar programas que ahora sí estén basados en evidencia.

Raúl Zepeda Gil es maestro en Ciencia Política por El Colegio de México.


1 Ver Blanco Bosco, E. (2011). Los límites de la escuela: Educación, desigualdad y aprendizajes en México. México: El Colegio de México y Fernández Aguerre, T. (2007). Distribución del conocimiento escolar: clases sociales, escuelas y sistema educativo en América Latina. México: El Colegio de México.

2 Heckman, J. (2013). Giving Kids a Fair Chance. Boston: The MIT Press.

3 Glewwe, P., Jacoby, H. y King, E. (1999) Early childhood nutrition and academic achievement: a longitudinal analysis, FCND Discussion Paper, (68).