Antes del 2000 se hablaba muy poco de Finlandia: ni siquiera durante el auge de los celulares Nokia estaban muchos al tanto del origen nórdico de sus aparatos móviles. El haber llevado un perfil bajo a nivel internacional era, de alguna manera, un reflejo de las dinámicas internas de un país en el que evitar presumir las victorias personales es la conducta deseable para vivir en armonía. Sin embargo llegó el milenio, y con él, los resultados de las primeras pruebas estandarizadas de PISA (Programa de Evaluación Internacional de Alumnos), que evalúan conocimientos de ciencias, matemáticas y lectura entre alumnos de secundaria, y el resto fue historia. Sin que Finlandia lo viniera venir, los ojos de los educadores se voltearon hacia ese país para entender qué era exactamente lo que se estaba haciendo para obtener tales resultados.


Ilustración: Gonzalo Tassier

 

Desde entonces, y con algunas caídas en los últimos resultados, Finlandia ha seguido figurando entre los primeros lugares de la prueba junto con países como Singapur, Corea, Japón, Estonia y Canadá. Lo notable es que las metodologías para alcanzar estos resultados han sido sumamente diferentes entre estos países, pues mientras que algunos comenzaron a priorizar las temáticas de la prueba en sus asignaturas y en clases extracurriculares, en Finlandia se siguieron implementando prácticas que respetan el tiempo libre y la autonomía de los alumnos.

El interés internacional por entender el por qué de las prácticas pedagógicas tan contrastantes con la de sus similares acabó por desatar una serie de mitos alrededor de la educación finlandesa. “Desaparecerán asignaturas convencionales en Finlandia”, y “Finlandia elimina escritura a mano” fueron algunos de los titulares que se hicieron virales, añadiendo misticismo a los rumores que ya circulaban sobre el país. Ante ambos puntos, el Ministerio de Educación de Finlandia emitió dos declaraciones corrigiendo los malentendidos: no se eliminarán las asignaturas convencionales, más bien se fomentaría la transversalidad entre ellas enfatizando las competencias de los aprendices, y tampoco se eliminará la escritura a mano, sino que se priorizará la escritura en molde sobre la cursiva, además de fomentar habilidades para escribir en aparatos electrónicos.

En lo que Finlandia sí se ha concentrado es en la colaboración, confianza, profesionalismo docente, mejora continua y equidad. Pasi Sahlberg  —especialista en educación finlandesa— señala que, en comparación con numerosos sistemas educativos, en Finlandia se busca la colaboración entre escuelas y maestros en lugar de competencia; se genera un sentido de responsabilidad entre maestros a través de la confianza depositada en ellos, en lugar de la rendición de cuentas a través de exámenes y evaluaciones; se destaca el profesionalismo de los docentes (valorados, preparados y bien remunerados) en lugar de la desacreditación de la profesión dictándoseles qué y cómo tienen que enseñar; se busca la mejora gradual, consensuada y continua del sistema en lugar de imponer frecuentes reformas educativas que no le dan seguimiento a una meta en común; y se sostiene el pilar básico de equidad y gratuidad en la educación, en lugar de la privatización, que es consecuencia de políticas públicas educativas fallidas.

A su vez, muchos investigadores afirman que siendo contextos tan diferentes, es inútil e indeseable intentar replicar el modelo de un país en otras latitudes. Y no sólo es eso: en cada país hay una serie de factores institucionales que facilitan o no el que la educación sea de la más alta calidad. Específicamente de Finlandia se pueden rescatar por lo menos cinco factores que demuestran cómo la educación es parte intrínseca de las políticas sociales, culturales y económicas del país.

En primer lugar, el gobierno gasta 30% del PIB en el seguro social de sus habitantes, haciendo que las preocupaciones financieras no obstaculicen el aprendizaje de los estudiantes. Las familias reciben un bono mensual por cada hijo hasta que éste cumpla 18 años, y los estudiantes de post-básica pueden concentrarse plenamente en sus estudios recibiendo una ayuda económica base para el alquiler y pequeños gastos. Segundo: el gran número de bibliotecas públicas funge como otra gran entidad educativa, pues a través de ellas se fomenta la lectura independientemente de las escuelas. El 70% de la población vive a menos de tres kilómetros de una biblioteca, y las visitas que hacen a ellas son de las más frecuentes en el mundo. En tercer lugar, la licencia de maternidad y paternidad pagada es un rasgo destacable, pues los padres tienen derecho a nueve meses de apoyo financiero parental, después del cual pueden recibir una menor cantidad de dinero quedándose en casa o trabajando medio tiempo hasta que el hijo cumpla tres años. Cada vez hay más evidencia de que los primeros años de vida son críticos para un desarrollo sano de las personas, y en Finlandia es común que uno de los padres dedique ese tiempo a pasarlo con los hijos. En cuarto lugar, el consenso político generado por la cooperación entre los diversos partidos y el sindicato de maestros asegura la continuidad de políticas educativas indistintamente del partido en el poder. La quinta razón es la preparación que reciben los maestros, quienes deben de estudiar tanto una licenciatura como una maestría en la carrera docente. La formación universitaria que reciben procura un balance entre la investigación, conocimientos pedagógicos, artes, ciencias, humanidades y prácticas docentes. Antes de graduarse, todo estudiante ha pasado por lo menos 16 semanas en total en prácticas escolares, y gozan de bastante autonomía a lo largo de su vida laboral para implementar el currículum nacional con cierta libertad.

Por todo lo anterior, al intentar encontrar una receta para obtener educación de calidad a través del sistema escolar finlandés, uno se topará con pared si no toma en cuenta la serie de rasgos externos que lo permitieron. Un sistema educativo de calidad es tanto motor como resultado del conjunto de políticas sociales y económicas que prioriza la equidad y la dignidad de los ciudadanos ante todo. Sin embargo, no por tratarse de un contexto tan distinto deberíamos cerrarnos al intercambio de ideas y buenas prácticas. Algunas de las prácticas más destacables de Finlandia fueron adoptadas del exterior del país, como la cooperación entre maestros y el incremento de salones bidocentes en algunas escuelas. Si bien los modelos pedagógicos no deberían transplantarse ciegamente de un contexto a otro, existen una serie de prácticas del sistema educativo finlandés de los que en México podríamos aprender.

Uno de los principios de la educación finlandesa es valorar el tiempo libre. Contrario a los rumores, en Finlandia sí existen las tareas, pero no en cantidades desmesuradas. De la misma manera en la que un adulto se abrumaría si se le exigiera que trabajara fuera del horario laboral, ¿por qué tendrían los niños que hacer en las tardes (y por varias horas) los mismos ejercicios que hicieron en la escuela? En vez de encerrarse a hacer tareas, los niños tienen la posibilidad y energías de ir a talleres, bibliotecas, ayudar en casa, jugar y descansar las horas suficientes. La clave para ello está en la relevancia de lo enseñado durante la jornada escolar. Es una cuestión de profundización y de eficiencia: no se trata de que los alumnos aborden temas inagotables, sino que lo que se aborde durante clases sea con profundidad y sentido. La importancia del tiempo libre y del juego no sólo se refleja en las pocas tareas, sino en la frecuencia de los recreos. Además del tiempo destinado al almuerzo, las escuelas suelen tener varios recreos al día, de 10 o 15 minutos cada uno entre clase y clase. Son momentos importantes en los que los alumnos desarrollan su autonomía, imaginación y habilidades sociales.

Las artes y deportes están presentes desde el preescolar hasta el bachillerato, y se entienden como una parte intrínseca de la educación de calidad. Desde música hasta teatro, artes visuales y carpintería, todos los alumnos adquieren herramientas para su expresión artística. ¿Cómo desarrollar la creatividad de las personas si no se facilitan los espacios para fomentar el lado artístico y manual de cada uno? Una de las habilidades más necesarias de nuestros tiempos —y de las llamadas habilidades del siglo veintiuno— es la del pensamiento creativo, profundamente vinculada a la educación artística. Reducir las asignaturas artísticas y devaluar la importancia de estas materias elimina la oportunidad de que los niños desarrollen pensamiento divergente, autonomía e innovación.

Otro rasgo que comenzó a discutirse a raíz de la reforma educativa finlandesa del 2016 es la transversalidad de las asignaturas. Ya sea a partir de aprendizaje basado en proyectos —en el cual se aprende de diferentes asignaturas a raíz de un proyecto individual o colectivo— o en aprendizaje basado en fenómenos —en donde se estudia un fenómeno desde múltiples disciplinas— se propicia que el conocimiento sea entendido desde distintas perspectivas. Para ello, lo que se estudia en la clase de matemáticas puede estar relacionado con lo que se hace en la clase de historia y de pintura.

Por último, se sostiene que la escuela no debería de limitar el acceso al aprendizaje, y por ello las escuelas en Finlandia buscan complementarse entre sí. Cuando una escuela no tiene maestros de español pero tiene alumnos interesados en aprender el idioma, pueden contactar a escuelas que sí ofrezcan esta materia para que sus estudiantes participen en estas clases. Cuando la escuela que ofrece tal asignatura está demasiado lejos, se facilita la opción de que los alumnos tomen el curso en línea. Esta práctica requiere de cooperación, flexibilidad y apertura entre las escuelas, e invita a reflexionar cómo los centros educativos pueden beneficiarse unos de otros en lugar de competir entre sí.

Es verdad que los sistemas educativos deben de partir desde la realidad y las necesidades de su propio contexto, pero ver distintos modos de educar incita a cuestionarnos lo que hemos tomado por sentado a lo largo de nuestras vidas. Si observamos, contrastamos y nos detenemos a reflexionar sobre nuestro sistema educativo —es decir, lo que hace la educación comparada—, tal vez podremos avanzar preguntándonos lo más básico: para qué sirve la educación, y qué papel juega para que cada humano viva de manera digna, buena y con propósito. Puede que con ello nos demos cuenta de estamos llenos de prácticas educativas que contradicen estos objetivos y que es hora de cambiarlas.

 

Anna Paula Herrera Kivinen es mágister en educación intercultural por la Universidad de Oulu, Finlandia.