Más allá del lucro mediático y político con que una asociación privada –frecuentemente hostil con los maestros mexicanos y la reforma educativa– pretendió distorsionar los hechos, el presunto debate sobre la prueba del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes, mejor conocida como PLANEA, partió de un supuesto falso: que esta evaluación a estudiantes había sido “cancelada” y no se realizaría en 2016. Pero ¿ésa fue la realidad? Veamos.

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En los últimos meses de 2015, autoridades y expertos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) examinaron, desde una perspectiva técnica, normativa, educativa y pedagógica, el listado de evaluaciones del Sistema Educativo Nacional (SEN), entre ellas PLANEA, que se llevarían a cabo en 2016, lo cual dio como resultado el calendario publicado el 15 de diciembre del año pasado en los sitios web de ambas instituciones.

Dicho calendario anual contempla 14 evaluaciones en total y, de éstas, las  señaladas como actividades ocho y nueve son las correspondientes a PLANEA. Como puede leerse textualmente  en el comunicado 40 del INEE, esta institución “y la SEP realizarán de manera conjunta las evaluaciones de PLANEA para alumnos de sexto de primaria y de tercero de secundaria, que serán aplicadas y calificadas por los docentes de esos grados escolares a 2.3 millones de alumnos de sexto de primaria en 98 771 escuelas y a 2 millones de alumnos de tercero de secundaria en 38 313 secundarias de todo el país. La primera se efectuará el 8 y 9 de junio y la segunda el 15 y 16 del mismo mes”. Mas aún: en el “esquema de aplicación” del calendario de evaluaciones 2015-2020 del INEE se presentan las tres distintas modalidades de evaluaciones de PLANEA que, durante ese lapso, deben llevarse a cabo, y la referida a 2016 dice concretamente que será una “evaluación de logro referida a los centros escolares”. En suma, afirmar que PLANEA se “cancelaba” este año fue, paladinamente, una falsedad: en 2016 habrá PLANEA en una de sus modalidades.

Despejado ese timo, vino después otro sobre aspectos pretendidamente técnicos que merece ser refutado colocando la cuestión en su contexto preciso. Cuando se reformó el INEE se consignaron, entre otras, dos funciones centrales: una es que, de acuerdo con sus facultades de diseñar y realizar evaluaciones de los atributos de los alumnos de la educación obligatoria, éstas serían “sistemáticas y periódicas” y, la otra, que pondría en operación una nueva generación de evaluaciones del aprendizaje considerando tanto las recomendaciones de especialistas externos que analizaron las fortalezas y limitaciones de las pruebas Excale y ENLACE (ver el estudio OCDE) como la evidencia pedagógica y las mejores prácticas internacionales.

De acuerdo a esa previsión,  en 2015 se llevó a cabo el primer ejercicio censal y muestral, con aplicadores externos por aula sobre una selección de alumnos de los diferentes grupos sujetos a evaluación –representativos de la escuela– y publicando resultados por cada plantel educativo. Para 2016, el propósito se centra en un diagnóstico más fino del uso pedagógico de los resultados a nivel alumno, grupo y escuela para que cada docente identifique áreas de mejora en su práctica educativa y el director valore diferencias en los resultados de cada grupo del mismo grado escolar. ¿Por qué es así y por qué ambas modalidades son perfectamente válidas y útiles para la mejora de la calidad educativa? Me explico.

El aprendizaje es un proceso muy complejo que se lleva a cabo en cada individuo a partir de la guía del maestro, pero requiere también de maduración biológica, algo demostrado con amplitud por la investigación neurocientífica y por el sentido común. Evaluar anualmente a todos los alumnos de todos los grados y sobre todo el currículum sería poco provechoso, además de extraordinariamente oneroso. Cada alumno requeriría unas 40 horas de evaluación controlada, para asegurar que ningún factor externo influya en la variación de sus resultados. Por estas razones, la Ley General de Educación distingue la evaluación de los alumnos frente a la evaluación del sistema educativo nacional. La de los alumnos determina su trayectoria académica; en cambio, la del sistema proporciona la información necesaria para rendición de cuentas y tomar decisiones de política pública.

Por un lado, la evaluación integral de los alumnos como individuos se lleva a cabo en la escuela: cada maestro en su salón de clases la realiza al inicio del ciclo escolar, durante el ciclo y al final. Los resultados de estas evaluaciones son necesarios para dirigir la práctica docente de ese maestro y para construir un expediente de evidencias que transmitirá al maestro del siguiente grado. Por otro lado, la evaluación del SEN la realizan periódicamente el INEE y la SEP bajo estrictos mecanismos muestrales, representativos y estadísticamente significativos, que permiten tomar decisiones focalizadas sobre los diversos estratos de la muestra. Para tal fin, también el currículum de cada nivel educativo debe segmentarse.

Para evaluar al SEN no es en lo absoluto necesario evaluar externamente todos los años a todos los alumnos y grados y sobre todo el currículum, entre otras razones porque, como dice un experto en estos temas, “no necesitas tomarte toda el agua de la alberca para saber si está salada”. El estudiante que participa en una evaluación muestral representa a todo el estrato del que forma parte y por eso el control en la aplicación de las pruebas es tan riguroso; cualquier variación en las condiciones de la aplicación afectaría indebidamente al resultado y conduciría a errores de política.

En las ocasiones en que PLANEA se hace censal sólo se aplica sobre una parte del currículum, generalmente matemáticas y comunicación y lenguaje; no sirve para conocer el logro individual de los estudiantes; su valor estriba en que permite a los tomadores de decisiones comparaciones adicionales sobre los resultados de las muestras. Por esto, tienen utilidad cada dos o tres años. De hecho, por ejemplo, con esa misma lógica las pruebas del Programa Internacional de Evaluación de los Alumnos (PISA) y del Estudio Internacional de la OCDE sobre Docencia y Aprendizaje (TALIS) se realizan cada tres y cuatro años respectivamente; varias de las mediciones de pobreza de CONEVAL se levantan cada tres años o los censos y conteos de población y vivienda del INEGI que se realizan cada cinco o 10 años. Es lo normal y así son las mejores prácticas internacionales.

Para el caso de PLANEA 2016, la SEP establecerá mecanismos alternos de control para el uso racional y eficiente de la información, dando prioridad  a la formación continua de los docentes y otras acciones de mejora de la calidad educativa orientada a partir de los resultados obtenidos en 2015. Se utilizarán los resultados de la muestra controlada aplicada por el INEE el año pasado para valorar sesgos y posibles efectos inflacionarios (válidos por tratarse de la misma prueba), y se aplicarán los mismos niveles de logro con los puntos de corte establecidos por el INEE en 2015. También se trabajará con programas de detección de posible copia y dictado para alertar a la comunidad educativa en el caso de resultados no confiables. Igualmente, la SEP imprimirá las pruebas y hojas de respuestas personalizadas por alumno, y la participación de los padres de familia, los Consejos de Participación Escolar y el intercambio de docentes, más la observación social seria que se incorpore, asegurará un control de la aplicación, en la cual colaborarán egresados de normales y de otras instituciones de educación superior como aplicadores, algo que ya ha sucedido en el pasado.

Una vez procesada la información, el INEE validará el ejercicio 2016 y los resultados finales en los términos establecidos por el propio órgano evaluador en su comunicado de diciembre de 2015, y posteriormente se harán públicos, en septiembre de 2016, los resultados de cada plantel educativo participante, con una valoración comparativa con 2015. PLANEA Básica, en otra de sus modalidades, se aplicará, en su siguiente edición, en 2017, y nuevamente se hará censal para las escuelas y muestral para alumnos ya que la combinación de alternar las modalidades cada año permite dar un adecuado diseño, formulación y ejecución de mejores políticas públicas en favor de la calidad de la educación.

En suma, más que un  verdadero debate sobre PLANEA, es decir, una discusión inteligente, razonada, informada, documentada con evidencia y datos duros e intelectual y éticamente honesta, lo que algunos protagonizaron estos días fue a la vez una maniobra y un ejercicio que recuerda con puntualidad la admonición de Voltaire: “cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable”. 

Otto Granados es subsecretario de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas de la SEP.