Si bien el deseo de mejorar la igualdad de oportunidades educativas en México es obvio, los esfuerzos por ampliar el tamaño y el nivel de acceso al sistema público pueden resultar contraproducentes cuando no van acompañados de mejoras en el mercado laboral. En política pública, la educación ocupa un espacio primordial; es común escuchar que la educación es la llave para el futuro, para el progreso y para el desarrollo. Cada gobierno entrante presenta una propuesta para mejorar el sistema educativo. Durante las últimas tres décadas se ha apostado por expandir educación superior. En la misma línea, este sexenio se ha puesto en marcha el proyecto de crear 100 universidades nuevas con el propósito de aumentar el acceso de los jóvenes mexicanos a la educación superior. Esto lleva a la pregunta, ¿es este tipo de esfuerzos el que puede tener un mayor impacto sobre los salarios y el desarrollo en México? Veamos.

Ilustración: Estelí Meza

La educación superior en México se expandió aceleradamente durante los últimos 30 años, tanto en instituciones públicas como privadas. La matrícula bruta de educación terciaria aumentó del 15 % en 1990 al 37 % en 2016. Si bien una parte se debe a un auge demográfico, la razón principal fue un aumento en la oferta de servicios educativos.

Gráfica 1. Evolución de la matrícula neta en educación superior en México por tipo de institución, 1978-2016

Elaboración propia utilizando datos de la SEP

A pesar del incremento de la matrícula en educación superior, la demanda laboral no ha seguido el mismo paso. Los retornos económicos de recibir educación superior han sufrido una caída en los últimos años. En 2005, la diferencia en ingreso entre alguien con educación media superior y alguien con educación superior era de 61 %. En 2019 la diferencia bajó a 42 %. ¡Una caída relativa en los retornos a educación superior a 30 %! Esto significa que se está devaluando el título universitario.

Este hecho podría ser provocado, como argumentan Levy y López-Calva, por el aumento en la oferta de personas con educación superior que no ha empatado con un aumento similar en la demanda. Parece que la mayoría de las fuentes de trabajo que se ofrecen a los jóvenes no requieren de un nivel de preparación tan especializado como el que obtienen en educación superior. Esto habla de un mercado laboral que no ha evolucionado para captar el nuevo talento generado por la expansión de la educación superior. Si bien el mercado laboral requiere reformarse para absorber a los nuevos profesionales con mayores salarios, la evidencia arroja luz sobre las prioridades que debería seguir la política educativa del gobierno. Ante un escenario en el que no se contemplan —en el corto plazo— reformas al mercado laboral, cada peso invertido en la educación pública debería colocarse en las áreas donde tenga un mayor valor agregado y, por controversial que pueda sonar, no parece que la educación superior sea una de ellas, al menos en este momento.

Gráfica 2. Ingreso mensual real por nivel educativo, 2005-2019 (Pesos de junio 2019)

Elaboración propia utilizando datos de la ENOE. Se contempla a todos los trabajadores de tiempo completo de entre 15 y 65 años

No solamente han disminuido las ganancias para trabajadores con más escolarización, comprimiendo la distribución de ingresos y reduciendo los retornos a la educación, sino que los jóvenes también son los más afectados por el desempleo, especialmente aquellos con educación superior. Las personas entre 20 y 24 años presentan una tasa de desocupación de 6.17 % con educación básica, 7.20 % con educación media superior y 8.36 % con educación superior. Como referencia, la tasa de desocupación general fue de 3.16 %.

Gráfica 3. Tasa de desocupación por edad y nivel educativo, 2019

Elaboración propia utilizando datos de la ENOE del segundo trimestre del 2019

Al ampliar el acceso, el Estado envía la señal de que más personas deberían estudiar educación superior. Muchos jóvenes interpretan esto como que hay más oportunidades para ellos, que deben participar en esta ampliación. La creación de universidades frente a este escenario sigue una lógica política: expandir acceso a educación superior es una medida atractiva para los electores jóvenes, aunque no les brinde beneficios económicos. Invertir en otros niveles educativos es menos rentable políticamente debido a que aquellos jóvenes aún no votan. Es válido preguntarse qué otros proyectos podrían tener un impacto mayor en la educación en México. ¿Por qué no utilizar el presupuesto para las 100 universidades para ampliar las universidades públicas actuales? ¿O invertir en mejorar la calidad de los niveles anteriores (incluida la educación técnica)?

Por supuesto que recibir más años de educación no es un problema en sí, el problema es que la educación implica una inversión de tiempo y dinero. No solamente implica costos directos como inscripciones o colegiaturas, sino indirectos como el ingreso que se pierde por estar estudiando en vez de trabajando. Por ejemplo, cuando una persona invierte 4 años de su vida a recibir educación superior y se encuentra con ofertas laborales que únicamente requerían la media superior, entonces perdió 4 años de ingresos. En ese caso, la inversión educativa tendrá efectos negativos debido a que el acumulado del ingreso y experiencia laboral que esta persona recibirá a lo largo de su vida disminuye.

De la misma manera, la inversión requerida para la creación de estas 100 universidades significa un costo de oportunidad para el gobierno. Aumentar la calidad educativa en los niveles básicos y media superior son áreas con un potencial mayor para elevar la productividad, los salarios y la calidad de vida de los mexicanos en el mediano y largo plazo. De igual manera, hacer mayores inversiones en educación temprana resulta esencial para obtener mayores retornos en educación, salud y productividad. Urge mayor inversión en los primeros niveles. Asimismo, el Estado debería ayudar a sus ciudadanos a tomar las mejores decisiones posibles. Esto incluye ayudar a las y los jóvenes a invertir en educación y tomar las decisiones de una forma que les ayude a mejorar sus ingresos a lo largo de su vida.

En resumen: la matrícula de educación superior ha incrementado sustancialmente, pero esto no ha ido acompañado de un incremento proporcional en la demanda de trabajadores con este nivel de estudios, lo cual ha conducido a que se devalúen los títulos universitarios. Hay dos alternativas que beneficiarían a la juventud mexicana: 1) mejorar la demanda de trabajadores con educación superior, o 2) dejar de ampliar este nivel educativo e invertir más en los niveles de educación previos. De lo contrario, seguirán promoviendo que jóvenes asistan a educación superior para después conseguir trabajos que únicamente requerían educación media superior. Esto significa que jóvenes perderán años de ingresos y experiencia, en vez de ser beneficiados económicamente por sus estudios. Al final, los más jóvenes serán los más afectados por ampliar la educación superior mientras no haya opciones laborales para ellos.

 

Sebastián Guevara Cota
Politólogo por el ITAM y maestro en educación por la Universidad de Stanford.

Santiago de Regil Moreno
Economista por el ITAM.