Resistencias estudiantiles en El Colegio de México

Crédito de la imagen: Estelí meza

El valor de la excelencia académica

En diferentes instituciones de educación superior se ha generalizado la necesidad de formar a sus estudiantes desde el paradigma de la excelencia académica, si bien ésta tiene interpretaciones heterogéneas, que varían entre el rigor del pensamiento reflexivo, cercano a la práctica del pensamiento crítico, hasta su instrumentación, en función del prestigio obtenido, por premios recibidos, por la fama de sus egresadas y egresados y por las exigencias para seleccionar a sus estudiantes, e incluso para dar de baja en caso de incumplimiento de los estándares institucionalizados. No siempre son evidentes ni explícitos los criterios pedagógicos que acompañan dicha búsqueda de excelencia, ni tampoco los medios válidos, ética y pedagógicamente para alcanzarlos. Por ende, se genera con frecuencia la duda si por centrarse en la excelencia académica, con diferentes interpretaciones entre personajes involucrados o involucradas en alcanzarla (profesores, estudiantes y autoridades que evalúan sus intercambios), pudieran darse casos de violencia de diferentes índoles.

Una de las mismas es la psicológica, desde una práctica docente que puede rebasar límites de respeto a derechos de estudiantes —tanto en términos de descanso como de exigencia desproporcionada— lo que incluso puede llevar a humillaciones que minan la autoestima de quienes se están formando. Otra variante es la violencia simbólica que pueden ejercer los estudiantes sobre sí mismas o sí mismos, asumiendo que ese ritmo esperado es válido y que, en caso de no cumplirlo, es un defecto de quien se está formando. Esto puede llevarlos a autoexplotarse, a recurrir a sustancias para “soportar el ritmo”, al margen de la validez pedagógica del mismo e incluso, a asumir que no tienen derecho al descanso, en una sociedad acostumbrada cada vez más al productivismo neoliberal, al margen de los costos en salud para quienes pretenden cumplir los estándares de evaluación.

El Colegio de México es conocido y reconocido como un lugar de excelencia académica, si bien llama la atención que no tiene una larga tradición de organización estudiantil, que promueva una revisión crítica del criterio de dar de baja a una persona por una materia reprobada, a perder la beca por un promedio menor al establecido como de un estudiante regular, aunque no se haya reprobado y cuando no existen exámenes extraordinarios o la posibilidad de renunciar a calificaciones para repetir una materia, por problemáticas que en tantas universidades se reconocen para ello. Un ejemplo es que una materia se les haya complicado, otra que haya tenido problemas personales o familiares, de salud o de otra índole, e incluso factores amorosos o de salud emocional, que le impidieron en un semestre acreditar las materias que tenía previsto.

Requisitos de rendimiento de estudiantes

Desde hace tres décadas que soy académico en dicha institución, he preguntado e intentado matizar el requisito de la no reprobación para poder continuar estudiando y me he encontrado opiniones en términos de que flexibilizarlo generaría disminuir la excelencia académica del entorno, lo que me genera confusiones sobre lo que estamos entendiendo por dicho término.

He visto a estudiantes reprobados en la segunda parte de un doctorado o maestría, a pesar de avances en sus respectivos proyectos de investigación —e incluso a punto de concluir años de estudio— y que, por ello, pierden la opción de redondear su especialización académica en esta institución. Me pregunto si la rigidez con la que se evalúa para ingresar a la misma es equivalente o supera por mucho el cuidado con el que se acompaña a sus estudiantes, incluso a pesar de ser una institución con un bajo promedio de estudiantes por profesor o profesora, comparada con otras de educación superior. También me pregunto cuáles son las secuelas emocionales y sociales de estudiantes dados de baja, luego de las expectativas que se generaron individual y familiarmente por su ingreso a una institución, considerada y calificada como de prestigio.

Conozco referencias de universidades de alto rango en el nivel internacional, con altas tasas de suicidio entre estudiantes dados de baja, e incluso estudiantes de éstas que borran de su currículum su paso por dichas instituciones, ya que representan un valor negativo en sus búsquedas laborales. Por ello, me ha parecido relevante documentar los ejercicios de agencia estudiantil ante el entorno institucional al que están expuestas y expuestos a lo largo de su formación. Retomo en este caso algunos ejemplos de su forma de resistir e idealmente, de buscar un diálogo con las normatividades institucionales.

Propuesta de estrategias para “la prevención de la violencia institucional”

En 2019, la generación del doctorado en estudios de población (2018-2022) elaboró una propuesta de reflexión y de acción sobre el tema, a partir de un documento en el que detallaban elementos observados en su tránsito por la institución. Dentro de las problemáticas que destacaban y que, por ende, buscaban que se tomaran acciones para mejorar los intercambios docentes en la institución.

Primero, describen una “ambivalencia en la normatividad institucional, lo que permite un margen de discrecionalidad a quienes tienen más jerarquía” y lo delicado —desde mi punto de vista— es que concluyen que eso “incrementa la vulnerabilidad de los estudiantes”. Segundo, señalan que “no se define institucionalmente quién regula el apego a la ética por parte de los profesores” y plantean su percepción de que “la lógica de pensamiento académico de algunos profesores es más evaluativa que formativa, es decir, que buscan diferenciar entre buenos y malos estudiantes, (para) excluir, a final de cuentas, a los que no cuentan con las características necesarias”. Tercero, se centra en cuestionar los tiempos de trabajo escolar que se esperan de un/a estudiante de tiempo completo, para lo que hacen una equivalencia con las jornadas laborales aceptables. A partir de ello se preguntan si están siendo explotadas y explotados, al margen de recibir una beca para poder estudiar. Es decir, ¿hasta dónde es válido el ritmo de trabajo que se espera que cumplan y en qué proporción pueden planear sus actividades recreativas y su vida familiar, individual y grupalmente?

Encuesta sobre violencia psicológica y mesa redonda sobre ello ¿en el COLMEX también pasa?

Durante el primer semestre del 2019, en el COLMEX se levantó una encuesta sobre violencia psicológica y la contestaron cerca de 90 estudiantes. Al elaborarla, la intención de estudiantes de la generación 2016-2020 del doctorado en estudios de población fue dialogar sobre el tema y construir un insumo a ser presentado en una mesa redonda, aprobada por un comité de profesores, autoridades institucionales, trabajadores y estudiantes, a raíz de una campaña de otro grupo de estudiantes quienes alertaron sobre casos de acoso sexual en la institución. A dicha campaña le llamaron #AquíTambiénPasa. Desde ahí construyeron el nombre de la mesa:

¿Violencia psicológica: en el Colmex también pasa?

Para esta sesión invitaron como expositores a exalumnos y exalumnas y a estudiosas del tema. Sin embargo, esta no fue transmitida, a pesar de ser parte de un ciclo aprobado por académicas y académicos, por estudiantes y por trabajadores. No obstante, estudiantes del DEP 2018-2022 la grabaron y transmitieron en vivo, si bien no pudo presentarse un informe de la encuesta y pasaron cinco años antes de que se aceptara institucionalmente subir a un sitio el video de la sesión.

Una exalumna quien participó como ponente (sancionada moral y económicamente por ser crítica en su posgrado de en estudios de género), comentó ya como docente, que quizás dar de baja a alguien muchas veces es un recurso de intimidación, que disimula la incapacidad pedagógica de acompañar a estudiantes para que lleguen a buen puerto, hipótesis que podríamos seguir investigando.

Si bien esta no transmisión, interrumpió abruptamente el diálogo institucional con la misma, mi contacto con estudiantes me facilitó el acceso a la base de datos de dicha encuesta. Me resultó impactante leer experiencias vividas de violencia psicológica en el entorno institucional, pero a su vez resultó muy estimulante leer lo que nuestras y nuestros estudiantes sugerían:

humanizar el ambiente académico, normalizando las emociones como parte de éste; que los profesores tomen cursos de pedagogía, ya que muchos son excelentes académicos, pero quizá no tan buenos maestros; que se cuente con atención psicológica de tiempo completo en el COLMEX; que no se abandone la vida personal, para lo cual sugieren cambiar la competencia por la colaboración; que no hacen falta amenazas constantes de que van a sacar a las y los estudiantes, para que estos rindan; que identifiquen “estrategias de enseñanza que incentiven a los propios estudiantes a aprender y no sólo a matarse por obtener una buena nota”. Adicionalmente, nos sugieren “capacitación, para que sus docentes aprendan(mos) recursos pedagógicos y cultura del buen trato.

¿Qué les contestamos a nuestras y nuestros estudiantes; se les puede pedir algo más?

Reflexiones incorporadas en la sección de agradecimientos y dedicatorias de algunas tesis

Como filósofo y profesor de metodología y epistemología, suelo dudar de todo y problematizar múltiples certezas, por lo que no sé si dar por cierto lo que parece que dicen nuestras y nuestros estudiantes; ¿no estarán fantaseando? Sin embargo, como docente de temas de ética, sospecho que hay un potencial dilema en sus voces: ¿estaremos violentando sus derechos, por omisión o por indiferencia? Recuerdo que en 2016 nuestras y nuestros estudiantes organizaron “un día sin estudiantes”, a raíz de un reglamento definido para ellas y ellos, “pero sin consultarlas y consultarlos”. Desde su ejercicio de agencia estudiantil generaron la consigna #l@sestudiantestambiénsomoscolmex… Si bien no me queda claro en qué sentido lo interpretaban, no me extrañó que en 2020 las estudiantes de la maestría en género comentarán en sus tesis que padecieron unapedagogía que humilla y deshumaniza” y, que, por ende, ellas asumían el compromiso de no replicar el maltrato al que habían estado expuestas.

Retomo las reflexiones de compañeras de estudios de género, ya que además de mi trabajo docente y de investigación desde hace tres décadas en el centro de estudios demográficos, comencé a colaborar en el COLMEX dentro de su programa de estudios de la mujer desde el inicio de la década de los noventa, el cual se renombró como Programa Interdisciplinario de Estudios de Género (PIEG). En ese espacio asesoré a diferentes estudiantes, a la par que coordiné algunos cursos semestrales y participé en múltiples cursos de verano, por lo que el entorno me es conocido. Son productos públicos las tesis, por lo que además de citar algunas, incluyo la referencia a la persona quien lo escribió.

Esta tesis no hubiera sido posible sin el trabajo y acompañamiento colectivo que se gestó entre las compañeras de generación. Quisiéramos dedicar, personal y colectivamente, este trabajo a nuestras amigas, con quienes compartimos el tiempo y el espacio de la maestría, pero que no se titulan con nosotras. Personalmente, estoy convencida de que la producción e intercambio de conocimiento debe luchar cada día con más fuerza por romper con aquellos modelos pedagógicos que reproducen relaciones de opresión y desigualdad. Lamentablemente, la institución que me abrió sus puertas para realizar esta tesis desde una perspectiva de género crítica ha mostrado que todavía no logra estar a la altura del contexto social de lucha feminista que atravesamos. Las estudiantes nos enfrentamos a diario con una pedagogía que humilla y deshumaniza, y la hemos denunciado cuanto hemos podido

(A. Rossi, PIEG, 2020).

Esta tesis no hubiera sido posible sin el trabajo y acompañamiento colectivo que se gestó entre las compañeras de generación. Quisiéramos dedicar, personal y colectivamente, este trabajo a nuestras amigas, con quienes compartimos el tiempo y el espacio de la Maestría, pero que no se titulan con nosotras. Como docente y feminista, este tiempo ha sido de profunda reflexión, por lo que estoy mucho más convencida de la necesidad de hacer de nuestra profesión docente, un espacio de autocrítica permanente, en el cual la excelencia académica pueda ir completamente de la mano con una formación liberadora y emancipadora

(A.M. Merino, PIEG, 2020).

Esta dedicatoria es también una crítica a la “pedagogía” que El Colegio, y quienes lo conforman, ejerce sobre el estudiantado. Creemos que los estudios de posgrado deben ser espacios de reflexión y retroalimentación, en los que el conocimiento se construye, se dialoga y se comparte. Mi compromiso con ustedes es trabajar por no replicar en otros espacios las enseñanzas de maltrato que esta institución me ha dado.

(A. Cerón, PIEG 2020).

En 2024 una alumna egresada del mismo posgrado, ahora ya como centro de estudios de género, cita a las alumnas egresadas en 2020 así como a otra compañera de 2012, luego de lo cual destaca

[…] recopilo estos testimonios porque muchas veces me hicieron sentir alienada, en estas voces he reconocido que no estoy sola y que la violencia que recibí, tanto de profesoras como de compañeras, no se trató de mí, sino de condiciones estructurales en el programa” [añade] “normalizar la violencia nunca debe ser el camino para la vida y definitivamente no debería de ser el camino de la academia feminista”.

(P. Arce, CEG, 2024)

Apuntes para seguir reflexionando

En 2020 una exalumna del CEDUA se despidió en la graduación de su generación, alertando sobre “egoísmos, prepotencias e injusticias que a veces fluyen en las rutinas académicas, pero a su vez, subrayaba la poca autocrítica que percibía en dicha comunidad”.

Al despedirme de diferentes estudiantes, suelo decirles algo como: “ustedes se van, pero algunas personas seguiremos estimulando que como docentes tratemos de estar a la altura de ustedes, entrañables estudiantes y compañeros y compañeras de vida académica, a través de una escucha más activa, sin refugiarnos en títulos nobiliarios ni en jerarquías artificiales, así como, recuperando la sabiduría socrática, de reconocer los límites de nuestros saberes y la necesidad de aprender, como diría Paulo Freire, acompañado por ustedes”.

Lo que me he preguntado en diferentes momentos es cómo interpretar y qué hacer ante los silencios que he identificado en colegas docentes con quienes comparto mi trabajo cotidiano y en autoridades institucionales (también académicas y académicos) a quienes se han dirigido dichas y dichos estudiantes de manera directa y a veces con la compañía de algunas y algunos profesores.

¿Cómo acompañar los silencios de las y los mismos estudiantes, quienes por temor a represalias o por asumir que así se forman estudiantes de prestigio, buscan más bien adaptarse al ritmo de las demandas, incluso a costa de su propia salud, en términos integrales?, ¿cómo pasar de la adaptación y la resistencia, a la transgresión y transformación de un entorno, sin salir perdiendo? ¿Es posible construir y reconstruir el derecho a una vida académica libre de violencia? ¿Qué nos falta por aprender como docentes, al tratar de escuchar la voz de nuestras y nuestros estudiantes y de sus formas de resistencia?, ¿Nuestro silencio será una forma de violencia, por indiferencia?

Juan Guillermo Figueroa Perea

Profesor-investigador en el COLMEX desde 1994 y profesor de asignatura en la UNAM desde 1983.

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Publicado en: Reforma Educativa

Un comentario en “Resistencias estudiantiles en El Colegio de México

  1. Muchas gracias por compartir tus reflexiones y las voces de las y los estudiantes. Qué valiente! Mi hijo estuvo en el Colmex poquito menos de cuatro meses, pasó examen y propedéuticos. No estaba tan seguro de la carrera, pero lo que terminó por convencerlo de que «ahí no era» fue la presión y competencia que se avecinaban azuzada por profesores que les decían «si tienen vida, novia o amigos, olvídense de ello». Me comentó que no había vida estudiantil (aunque hizo buenos amigos en esos pocos meses; el organizó a su grupo para ir a un par de marchas) y que su formación sería muy enfocada en conocimientos curriculares, pero no en experiencias que te da la universidad. Decidió sabiamente ir a otra universidad a vivir la experiencia completa. Es un estudiante brillante y espero que la opción que tomó le haga muy feliz.

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